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Francisco José Sanz De La Higuera
I.E.S. «Torreblanca» (Sevilla)
España
Vol. 5 (2014), Estudios, Páginas 299-315
DOI: https://doi.org/10.14516/fdp.2014.005.001.011
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Resumen

La distribución y el consumo de chocolate invadieron, como una «fiebre» persistente, la cultura material y las prácticas alimenticias en el Setecientos. Las viviendas castellanas se dotaron, de manera creciente, de chocolateras y mancerinas, en las cuales verter el ansiado y nutritivo chocolate. El cacao llegaba, con más o menos prodigalidad, a las lonjas y tiendas de las ciudades y a las alacenas y despensas de las viviendas. Los clérigos no fueron ajenos a ese proceso e incluso protagonizaron una problemática colectiva, la del Cabildo catedralicio, con el objetivo manifiesto –preñado en muchas ocasiones de ansiedad y de tirantez con la empresa suministradora y con las autoridades municipales y estatales– de conseguir una logística sostenible de la materia prima, el cacao, para sus hogares.

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