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Antonella Cagnolati
Università degli Studi di Foggia
Italia
Vol. 4 (2013), Monográfico, Páginas 117-129
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Resumen

En la Inglaterra del siglo XVII se generó un debate sobre la lactancia materna. Todas las fuentes se centraban en el carácter sagrado de la procreación y en el hecho de que los deberes de una madre no se limitaban a dar a luz al niño, sino que también se procuraba su bienestar, por lo que su crecimiento era saludable en lo físico y lo espiritual. En consecuencia, entre los imperativos que debía respetar una buena madre estaban la lactancia materna, la atención a la limpieza y la higiene del cuerpo del bebé, la preocupación vigilante para los tiempos difíciles del crecimiento, del destete y la enfermedad. Sin embargo, los hábitos diferían entre las familias ricas que habían optado por contratar a una niñera pues eran, sin distinción de ningún tipo o clase, comerciantes, abogados, médicos y aristócratas. La costumbre exigía que el bebé se alojara en la casa de la niñera, a menudo a varios kilómetros de distancia de la casa del niño. Para permitir que el bebé pasase los primeros meses de vida en un entorno considerado más saludable, con suficiente antelación a la fecha prevista para la entrega, el futuro padre contrataba a una mujer sana y bien alimentada. De hecho, a menudo las condiciones físicas de la niñera y el medio ambiente en el que vivía estaba lejos de ser idílico: el resultado fue una tasa de mortalidad infantil muy alta. Algunos empezaron a oponerse a este sistema con razones válidas.

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