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Francisco J. Sanz De La Higuera
IES “Torreblanca” (Sevilla)
España
Vol. 3 (2012), Estudios, Páginas 371-401
DOI: https://doi.org/10.14201/fdp.24727
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Resumen

En el Burgos de mediados del siglo XVIII, la posesión de «anteojos» estaba circunscrita a un reducido número de hogares. Únicamente en el 5.7 % de los inventarios post-mortem se mencionan dichos pertrechos oculares, porcentaje que se eleva hasta el 16.9 % en las viviendas de los clérigos y a un 10.3 % en las casas de los nobles rentistas. La posesión de «anteojos» era en el Antiguo Régimen un acontecimiento excepcional, un producto de lujo, y aún exótico, aunque sus módicos precios, la oferta existente en las tiendas de la ciudad y el dinero líquido atesorado en las casas de la ciudad, los hacía relativamente asequibles. Empero, y por contraste, el Catastro de Ensenada nos brinda el conocimiento de múltiples casos de ceguera y graves disfunciones oculares, patologías de las que estaban aquejados, en su inmensa mayoría, hogares de hilanderas, pobres de solemnidad, jornaleros, labradores y artesanos, es decir, las categorías socio-profesionales más analfabetas, paupérrimas y alojadas en la estrechez, para las cuales, en ningún caso, hemos encontrado, en sus inventarios post-mortem, ningún anteojo por modesto que fuera.

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