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Zaida Espinosa Zárate
Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)
España
Vol. 28 Núm. 2 (2016), Artículos, Páginas 53-73
DOI: https://doi.org/10.14201/teoredu2825373
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Resumen

En tanto que la transmisión tiene lugar, indudablemente, de manera pre-educativa (entendiendo en este caso por educación, la educación formal), examinamos las virtualidades educativas que presentan los contextos informales: su inmediatez con respecto al mundo de la vida, por una parte, y, por otra, su carácter multiplicador de los resultados educativos.Se reflexiona acerca del valor de la experiencia y, en consecuencia, del contexto informal como fuente de aprendizajes, observando que el ser humano no es simplemente un ser de experiencias (pues se puede decir, siguiendo a Aristóteles, que también los animales las tienen), sino capaz de aprovechar o desaprovechar, aprender o no hacerlo de ellas. Es decir, pedagógicamente hablando, la pura acumulación de experiencias, el mero paso del tiempo tiene un potencial educativo limitado, por lo que hay que desarrollar estrategias que permitan convertirla en recursos valiosos de aprendizaje.Por último, constatamos que la base que constituye la condición de posibilidad de la traducibilidad o afinidad entre los contextos formales e informales –cuya convergencia refuerza enormemente los aprendizajes–, es el hecho de que ambos comparten un mismo tejido moral, que es intrínseco a las acciones humanas.

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