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  • Luis López Jiménez
Luis López Jiménez
Vol. 1 (1985), Artículos
DOI: https://doi.org/10.14201/511
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Resumen

Cuando Zola concibió La Curée, no parece que pensara inicialmente en la antigüedad clásica. En 1869, tres años antes de la publicación, dijo al editor que trataría en su novela «de la vida estúpida y de crápula elegante de nuestros jóvenes ricos» y «de las turbias y desenfrenadas especulaciones del Segundo Imperio»1. La idea de lo clásico debió de presentársele luego, al introducir el incesto, que le traería inmediatamente a la mente la tragedia de Racine Fedra (1677), inspirada en la griega de Eurípides (s. V a. de J.C.) y en la latina del cordobés Séneca (s. I d. de J.C); se le iría imponiendo esa idea de introducir lo clásico en la novela, movido por la fuerza poética del tema y el prestigio literario y artístico de la antigüedad greco-latina. Obedecería, pues, en un principio a su propósito de reflejar un sector de la sociedad pudiente corrompida de París bajo Napolón III, y sólo más tarde forzó la comparación con el tema de Fedra, introdujo la fábula de Eco y Narciso y añadió otros elementos ambientales y literarios de la antigüedad clásica

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