Contenido principal del artículo

Íñigo Marzábal Albaina
Universidad del País Vasco
España
Vol. 4 Núm. 3 (2008), Originales, Páginas 122-130
Aceptado: may 23, 2017
Cómo citar

Resumen

A partir de la afirmación del escritor y ensayista Milan Kundera de que la única función moral que cabe exigir a las narraciones es la de descubrir aspectos de la existencia humana hasta entonces desconocidos, me propongo analizar tres narraciones cinematográficas: El hombre elefante, Amar la vida y Las invasiones bárbaras. Todas ellas parten de una misma premisa dramática: sus respectivos protagonistas están aquejados de una enfermedad incurable. En esos relatos, ante lo irremediable y según su específica biografía, los personajes tratarán de negociar de la mejor manera posible su retirada, su última representación en el escenario de la vida. Las tres películas, en fin, culminan con la muerte. Pero tras esta similar urdimbre narrativa, lo que cada una de ellas plantea es diferente, pues diferentes, únicos, excepcionales, son sus protagonistas y sus circunstancias. Ello no es óbice para que, de lo particular, no podamos remontarnos a lo general. Así, hablaremos de suicidio, muerte medicalizada y muerte autonomizada; de dignidad, autoestima y autonomía; de saber, conocimiento y aprendizaje. Pues aunque para Michel de Montaigne la felicidad humana estribaba en vivir dichosamente y no en morir dichosamente, no parece adecuado plantear su relación en términos de mutua exclusión. De tal manera que todas ellas pondrán en escena cuestiones relativas a la buena vida, la vida dichosa y la muerte dichosa, la buena muerte.

Descargas

La descarga de datos todavía no está disponible.

Detalles del artículo