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  • Andrés Malamud
Andrés Malamud
Vol. 28 (2001): Perú, Artículos
DOI: https://doi.org/10.14201/alh.2761
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Resumen

RESUMEN: En la última transición argentina, ni el régimen autoritario saliente ni el Gobierno democrático inaugural fomentaron un método corporativo de toma de decisiones. A ello se suma el hecho de que las asociaciones de interés presentaron históricamente una configuración asimétrica, con el capital exhibiendo una disposición pluralista y el trabajo una unificada pero dependiente del Estado. La llegada al Gobierno de un partido sin base laborista —aun si pretendidamente socialdemocrático— generó una situación en la cual ningún actor confiaba en el otro, y mucho menos estaba dispuesto a acordar un procedimiento común de formulación de políticas. Mientras dos de los tres principales actores —el capital y el Estado— rechazaban de plano cualquier diseño corporativo, el tercero —el trabajo— mantuvo una posición defensiva, resistiéndose a pluralizar su dinámica interna. Ciertos acuerdos fueron realizados sólo después de que la magnitud de la crisis económica superó la capacidad del Gobierno para actuar por sí solo; sin embargo, aun entonces los pactos se concretaron entre sectores del sindicalismo y del empresariado directamente con el Estado, sin involucrar a las asociaciones pico. Si la consolidación fue fortalecida o debilitada por la ausencia de acuerdos globales —o por los intentos fallidos— está aún por verse, pero la democracia resultante fue substancialmente marcada por este hecho.ABSTRACT: In Argentina's last transition, neither the authoritarian regime nor the inaugurated democratic Government supported a corporative method of policy-making. In addition, interest associations have historically presented an unbalanced relationship, business featuring a pluralistic disposition and labor maintaining a unified but State-dependent pattern. The rise to power of the non-labor party in 1983 —even if socialdemocratic in claim— resulted in a situation in which no actor trusted each other, even less agreed on any common policy-making arrangement. While both business and the State rejected a corporatist design, labor kept a defensive position, refusing to pluralize its inner dynamics. Agreements had to be made only after the magnitude of the economic crisis overwhelmed the capacity of both Government and the social actors to act alone; however, even so the pacts were accomplished among sectors of unions and business and directly with the State, without involving peak associations. Democracy may have been reinforced or weakened by the absence of encompassing agreements, or because their failed attempts; be that as it may, its current shape is substantially due to such outcomes.

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