Legio Vernácula, ¿Iusta Legió?

José Manuel ROLDÁN HERVÁS

Resumen


Según los puntos de vista de la moderna investigación se está casi unánimemente de acuerdo en que, durante la tardía república y gran parte del Alto Imperio, se cumple el principio de que las legiones han de estar formadas necesariamente por ciudadanos romanos. Este principio es el resultado final de una larga evolución que comienza a partir del siglo IV a. de C. y que se gesta al compás de la preponderancia que toma la ciudad del Tiber en el Mediterráneo. Durante la misma, en el sencillo y esquemático ejército ciudadano del siglo V a. de C. se habían ido incluyendo paulatinamente elementos de distintas procedencias: primero, las ciudades latinas; luego, los pueblos itálicos; finalmente, los subditos de las provincias que la política de expansión imperialista, abierta en las guerras púnicas y continuada sin unas claras metas fijas a lo largo de los siglos II y I a. de C, había ido ganando a lo largo de las costas del Mediterráneo. Esta inclusión no se realizó en pie de igualdad. Frente a las formaciones de infantería pesada, las legiones, que constituyen el núcleo decisivo táctico, se alinean contingentes de caballería e infantería ligera, las alae, divididas en un impreciso número de cohortes, cuya misión en el combate se reduce a la secundaria tarea de abrir el fuego y apoyar el ataque de los elementos ciudadanos legionarios. En correspondencia con estos distintos papeles, las legiones están reservadas a los ciudadanos romanos; en los auxilia, en cambio, se incluyen el resto de los elementos ligados a Roma como aliados o subditos. Circunstancias políticas de una parte, y evolución de la técnica militar, de otra, ayudarán a perfilar este esquema hasta llegar a la forma eficaz con que lo encontramos a finales de la república. De un lado, una vez que las leges lulia y Vlautia-Papiria de 89 pusieron término a los graves disturbios que sacudieron a la península Itálica a finales de la década del 90, se abren al elemento itálico, a lo que les da derecho su nueva categoría de ciudadanos, dejando con ello de servir entre los efectivos auxiliares. Estos se nutrirán a partir de este momento sólo de los subditos provinciales peregrinos, encuadrados, tras la serie de experiencias bélicas del siglo I a. de C, en unidades de caballería e infantería ligera, designadas respectivamente con los nombres de alae, subdivididas en turmae, y cohortes.

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