En el infierno de predicadores. Los niños cautivos

Rosa María ARAGÜÉS ESTRAGUÉS

Resumen


En la ciudad de Zaragoza el día 6 de abril de 1939, desde la cárcel de Torrero, 512 mujeres y 53 niños fueron trasladados a la Prisión Habilitada de Predicadores. El hacinamiento, las malas condiciones del edificio, los castigos, las vejaciones, la mala alimentación y la violencia hicieron de Predicadores una de las cárceles más duras de la posguerra; un verdadero infierno. Condenadas en su mayoría por ser madres, esposas o hermanas de republicanos, se les negó incluso el derecho a llamarse políticas pues todas ellas fueron clasificadas como comunes. Desde 1939 hasta su cierre definitivo en 1955, un gran número de mujeres pasó por sus estancias; algunas de ellas con sus hijos, «amparadas» por el Real Decreto de 14 de noviembre de 1930, que establecía la permanencia en prisión de los niños menores de cuatro años con sus madres. Una Orden del Ministerio de Justicia de 30 de marzo de 1940 rebajaría la edad del niño a los tres años. Muchos de ellos no lograrían sobrevivir, otros más afortunados fueron puestos en libertad junto con sus madres o entregados a algún familiar. Pero hubo otros que acompañaron a sus madres en un largo periplo, de cárcel en cárcel, hasta que a los tres años fueron separados de éstas, ingresando en instituciones de beneficencia tuteladas por el Estado o dados en adopción sin previo consentimiento de sus progenitores o representantes legales1. Todos ellos, cautivos de los vencedores y etiquetados como hijos de rojos debieron pasar por un largo proceso de reeducación que los convirtiera en fieles y dóciles súbditos del Nuevo Estado.

Palabras clave


Guerra Civil; cárceles de mujeres; niños del franquismo; Prisión Habilitada de Predicadores; cárcel de Torrero

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