Comunicar noticias. Mesa redonda
Resumen Comunicar noticias terribles al paciente o a sus deudos constituye una de las situaciones de mayor estrés en la práctica profesional de cualquier médico. ¿Cómo hacerlo bien? ó ¿Cómo hacerlo con un menor sufrimiento?, es un empeño punto menos que imposible. Inicialmente podría parecer que este mensaje es descorazonador, por el contrario, situarse con realismo ante el problema nos dará la posibilidad de generar recursos propios que nos ayuden en el trance comunicativo. Múltiples actividades médicas, casi rutinarias, en las que se contraen graves responsabilidades con nuestros actos, sólo pueden entenderse desde la imposibilidad de huir. El acto médico es la consecuencia de un gran acuerdo, uno de los acuerdos menos cuestionados y más longevos de la historia de la humanidad, a saber: cualquier persona puede enfermar, hay que combatir ese sufrimiento y son los médicos los preparados para ello. Cada día se renueva este acuerdo y la práctica médica se encuadra en él. Asumimos que somos nosotros de modo individual y concreto quienes decidimos un tratamiento, del que sabemos aproximadamente su porcentaje de éxito y de fracaso. Sin certidumbre. Aun así lo hacemos, no tenemos más remedio. Es esta necesidad en la que nos vemos atrapados sobre la que quería reflexionar brevemente. El asombro que me produce el concepto de necesidad tan presente en la historia humana, como factor imprescindible de afrontamiento colectivo, motor de cambios y de soluciones individuales y colectivas, por supuesto, no es exclusivo. Pondré un ilustre ejemplo de reflexión sobre el concepto de necesidad que personalmente me deslumbró en mi tránsito entre el Bachiller superior y la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Por aquel entonces, década de los años 70, Jaques Monod que había sido premio Nobel de medicina en 1965, publicó un libro titulado “El azar y la necesidad”. En él, además de caracterizar con unas ingeniosas y sorprendentes propiedades a la materia viva, venía a construir el edificio de la evolución de la materia viva sobre las situaciones de azar y las circunstancias de necesidad. Para el eminente científico, el azar y la necesidad eran las causas principales que explicaban la naturaleza que nos rodea incluyéndonos a nosotros mismos. Pondré otro ejemplo, más antiguo y aun más ilustre si cabe. A mediados del siglo XII, el filósofo Santo Tomás de Aquino escribió “Las cinco vías” para demostrar la existencia de Dios. En las tres primeras vías utilizó el concepto de necesidad para demostrar dicha existencia. En mi caso, sin una pretensión cosmogónica, sí quería resaltar que la necesidad es un elemento imprescindible para explicar y entender la práctica médica y señalar que la necesidad tiene una capacidad extraordinaria y probablemente única de generar recursos propios en el médico. Este aspecto positivo de la necesidad, tan determinante, no suele ser tenido en cuenta. Se dirá que mi único objeto de reflexión ha sido el médico sin detenerme en el paciente. Creo que el avisado auditorio sabrá agradecer que aligere mis consideraciones. También se dirá que me sitúo en las antípodas de las propuestas de ayuda para resolver con éxito problemas complejos sirviéndose de consejos simples puestos en orden. Sabrán disculparme si digo que tengo la impresión de estar ante catálogos de perogrulladas al leer algunas propuestas de autoayuda. Efectivamente, no creo que haya un modo fácil de comunicar noticias que entrañan una amenaza vital, real o fantaseada, para el paciente. Y a pesar de ello, los médicos las comunicamos con frecuencia. ¿Qué nos permite hacerlo? La respuesta es la necesidad. La necesidad nos obliga y nos capacita a la vez. Al leer este escrito, una enfermera joven e inteligente, comentó que ella sentía alivio si disponía de un camino establecido de actuación para acometer tareas particularmente estresantes. Por su parte, una médico joven e inteligente, le dio la razón, casualmente es mi esposa. Así que he creído conveniente recordadles el protocolo para comunicar malas noticias de Buckman. En el año 2002, un grupo de oncólogos representados por W.F.Baile y R.A. Buckman, sistematizaron un modo de comunicar noticias adversas en seis etapas que deben de ser seguidas ordenadamente: preparación de la entrevista, conocer el nivel de información del paciente, conocer el nivel de información que el paciente desea recibir. La cuarta etapa es informar al paciente, la quinta etapa es atender a la reacción del paciente ante la información recibida y la sexta etapa es la elaboración de un plan de tratamiento en colaboración con el propio paciente. Posteriormente, se ha añadido una etapa de evaluación del procedimiento seguido. Otros protocolos no difieren sustancialmente del referido. Espero que, entre la reflexión sobre la necesidad y la propuesta positiva de un modo comunicativo ordenado, haya aportado a alguno de ustedes un granito de arena para facilitarle la difícil tarea médica de comunicar malas noticias.
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Moreno Rubio, C. C. (2018). Comunicar noticias. Mesa redonda. Revista ORL, 9(7), 1.16. https://doi.org/10.14201/orl.19363
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