La utilización del leucogranito turmalinífero de Martinamor en los monumentos de Salamanca y Alba de Tormes

M. LÓPEZ PLAZA, M. GONZÁLEZ SÁNCHEZ, Adolfo Carlos ÍÑIGO ÍÑIGO

Resumen


El leucogranito turmalinífero o “piedra de Martinamor” se ha utilizado en muchos monumentos de Salamanca y Alba de Tormes con posterioridad a la época medieval. De acuerdo con la documentación histórica, las canteras se localizan en las cercanías de Martinamor, localidad distante unos 20 km al S de Salamanca. El granito aflorante define un cuerpo laminar de escasa potencia y débilmente buzante al N, como consecuencia del efecto deformativo de la antiforma de Martinamor de fase 3 hercínica. Aparte de su situación cercana a Salamanca, la exitosa utilización del granito de Martinamor es justificable por sus cualidades de dureza y consistencia, que, a su vez, se relacionan con los siguientes aspectos: 1) petrográficos, tratándose de leucogranitos de feldespato alcalino, con alto contenido en cuarzo y escasez de minerales máficos y cálcicos, con textura de tendencia panalotriomorfa y fuerte entrelazado cuarzofeldespático; 2) geoquímicos, con altos contenidos en sílice; y 3) físicomecánicos, con valores bajos de porosidad (0,75-0,86%) y de los coeficientes de absorción capilar y de imbibición. La utilización en los monumentos de Salamanca se ha producido de manera continuada, aunque desigual, a lo largo de más de 400 años (1515-1932), distinguiéndose tres períodos: 1) inicial, con Juan de Álava como probable introductor e impulsor de la piedra; 2) álgido, relacionado con la reconstrucción de la Catedral Nueva a raíz del terremoto de Lisboa (1755), así como con la construcción de importantes edificios neoclásicos; y 3) período de utilización funcional, destinándose la piedra al basamento de los nuevos edificios de finales del XIX y comienzos del XX. La dureza de la piedra se refleja también en su utilización para el enlosado, escalinatas y como material de restauración durante el período funcional. Los bloques de reposición se reconocen con arreglo a diversos criterios, tales como restos de cuñas abandonadas, heterogeneidad en los tipos de bloques, desajustes en las hiladas y documentación fotográfica antigua. También se constata un interesante papel estético, probablemente derivado de su textura homogénea y equigranular de visu, sin enclaves máficos, y carácter leucocrático. Estos aspectos confieren una percepción de piedra discreta, limpia y sin mácula, que son cualidades acordes con determinadas exigencias de monumentos renacentistas y neoclásicos, así como para las restauraciones antiguas de los monumentos platerescos.

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