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<journal-title>Historia de la Educaci&#x00F3;n. Revista Interuniversitaria</journal-title>
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<subject>Documentaci&#x00F3;n</subject>
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<article-title>Datos biogr&#x00E1;ficos de Francisco Giner de los R&#x00ED;os<sup><xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref></sup></article-title>
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<surname>Bartolom&#x00E9; Coss&#x00ED;o</surname>
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<title>1915</title>
<p>Naci&#x00F3; don Francisco Giner de los R&#x00ED;os en Ronda el d&#x00ED;a 10 de octubre de 1839. La ascendencia paterna de los Giner, aunque de origen levantino, radicaba en V&#x00E9;lez M&#x00E1;laga; la materna, de los R&#x00ED;os Rosas, andaluza, radicaba en Ronda. Hizo sus estudios de primera ense&#x00F1;anza en C&#x00E1;diz y de segunda ense&#x00F1;anza en Alicante. Muy joven empez&#x00F3; sus estudios universitarios en Barcelona, donde recibi&#x00F3; la primera iniciaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica en la c&#x00E1;tedra de Llor&#x00E9;ns, de quien fue un alumno predilecto y donde comenz&#x00F3; su amistad fraternal con Maranges. Termin&#x00F3; su carrera de Derecho en Granada, siendo alg&#x00FA;n tiempo interno en el Colegio de Santiago, donde era inspector Fern&#x00E1;ndez Jim&#x00E9;nez. En Granada, se inicia en la filosof&#x00ED;a alemana y en los estudios de literatura y est&#x00E9;tica, gracias a don Francisco Fern&#x00E1;ndez y Gonz&#x00E1;lez; all&#x00ED; aprende la pintura, que abandona pronto, y la m&#x00FA;sica, que no abandon&#x00F3; nunca, pues en las horas familiares ejecutaba de memoria al piano o al arm&#x00F3;nium fragmentos cl&#x00E1;sicos, siendo Mozart su favorito, y aun improvisaba sobre tales motivos con mucha intenci&#x00F3;n y gracia; all&#x00ED;, en 1862, publica sus primeros trabajos literarios y pol&#x00ED;ticos en la <italic>Revista Meridional;</italic> y a aquellos a&#x00F1;os estudiantiles se remonta la amistad con don Nicol&#x00E1;s Salmer&#x00F3;n.</p>
<p>En 1863 viene a Madrid, al lado de su t&#x00ED;o don Antonio de los R&#x00ED;os Rosas, sobre cuya vida pol&#x00ED;tica ejerce no poca influencia el contacto con la nueva ideolog&#x00ED;a de su joven sobrino. Ingresa entonces en el Ministerio de Estado, como agregado diplom&#x00E1;tico, trabajando en el archivo, principalmente en la ordenaci&#x00F3;n y copia de correspondencia y documentos relativos a Felipe II. Frecuenta el Ateneo, el C&#x00ED;rculo Filos&#x00F3;fico, la Universidad, centros donde se fraguaba entonces el fervor de las ideas y los entusiasmos que precedieron a la Revoluci&#x00F3;n, desarrollando en ellos r&#x00E1;pidamente su personalidad, sobre todo bajo la influencia de Sanz del R&#x00ED;o y sus disc&#x00ED;pulos m&#x00E1;s antiguos, entrando en conocimiento y amistad con los hombres de m&#x00E1;s valer de aquella generaci&#x00F3;n y conquistando prontamente el respeto y la profunda estimaci&#x00F3;n de cuantos le conoc&#x00ED;an. As&#x00ED; se explica que a principios de 1866, habiendo ganado por oposici&#x00F3;n la c&#x00E1;tedra de Filosof&#x00ED;a del Derecho y Derecho Internacional de la Universidad de Madrid, su personalidad filos&#x00F3;fica, fuertemente krausista, fuera lo suficientemente conocida para que encontrase desde luego graves obst&#x00E1;culos oficiales, que tend&#x00ED;an a impedir el posesionamiento de su c&#x00E1;tedra. Poco antes de hacer sus oposiciones, en octubre de 1865, hab&#x00ED;a muerto su madre, cuyo amor y cuyo recuerdo fueron en la vida &#x00ED;ntima de don Francisco Giner, hasta la hora de su muerte, un sentimiento y un culto mantenidos con la profundidad y delicadeza de que era capaz su gran esp&#x00ED;ritu.</p>
<p>En el momento de posesionarse de su c&#x00E1;tedra en 1867 hubo de perderla por renuncia propia, por hacerse solidario de don Juli&#x00E1;n Sanz del R&#x00ED;o, que se hab&#x00ED;a negado a hacer la profesi&#x00F3;n de fe religiosa, pol&#x00ED;tica y aun din&#x00E1;stica que le era exigida por el ministro Orovio, como poco despu&#x00E9;s lo fue tambi&#x00E9;n a don Fernando de Castro y a don Nicol&#x00E1;s Salmer&#x00F3;n. Con este motivo la Universidad de Heidelberg dirigi&#x00F3; a Sanz del R&#x00ED;o un mensaje de simpat&#x00ED;a suscrito por sesenta y tres profesores y doctores, entre ellos algunos de nombre mundial, recibi&#x00E9;ndose otro mensaje an&#x00E1;logo del Congreso de Fil&#x00F3;sofos reunido en Praga por aquel entonces. La p&#x00E9;rdida de la c&#x00E1;tedra trajo grandes sacrificios privados a Giner, que al cargo de tres hermanos suyos viv&#x00ED;a entonces, como ha vivido siempre, sin otro apoyo que su trabajo.</p>
<p>En tales circunstancias, aunque jam&#x00E1;s se sinti&#x00F3; movido hacia la abogac&#x00ED;a, solicitado por un su deudo, a quien respetaba, decidiose a aceptar un negocio, el cual, leg&#x00ED;timo, seg&#x00FA;n parece, en opini&#x00F3;n de todos, negose a defender, cuando lleg&#x00F3; el caso, por estimarlo injusto. Le cost&#x00F3; la matr&#x00ED;cula esta &#x00FA;nica vez en su vida que, sin reincidencia, intent&#x00F3; hacer de abogado.</p>
<p>Por entonces, perdi&#x00F3; al amigo m&#x00E1;s entra&#x00F1;able de aquella &#x00E9;poca, Luis Hermida, de quien &#x00E9;l mismo escribi&#x00F3; que fue &#x00AB;arrebatado a los veintis&#x00E9;is a&#x00F1;os a la filosof&#x00ED;a espa&#x00F1;ola&#x00BB;, y cuyo recuerdo persever&#x00F3; lozano en su coraz&#x00F3;n toda la vida. En sustituci&#x00F3;n de Hermida, precisamente, nombr&#x00F3; Sanz del R&#x00ED;o su testamentario a Giner. Y por entonces tambi&#x00E9;n frecuentaba el trato amistoso con la familia de Innerarity, en cuyo hogar hizo Azc&#x00E1;rate el suyo propio, y donde ambos recibieron el primer influjo de la educaci&#x00F3;n inglesa. Moret fue otra de sus amistades desde aquel tiempo.</p>
<p>El Gobierno nacido de la revoluci&#x00F3;n triunfante repuso en 1868 a todos aquellos profesores en sus c&#x00E1;tedras. En el vivaz y entusiasta periodo pol&#x00ED;tico que va hasta la Restauraci&#x00F3;n no interviene don Francisco Giner de un modo p&#x00FA;blico y ruidoso, ni se afilia a ning&#x00FA;n partido; pero, conviviendo con casi todas las grandes figuras que se hallaban al frente de aquellos movimientos hist&#x00F3;ricos, y siendo de muchas de ellas respetado consejero, es el alma de todas las reformas que se llevan a la ense&#x00F1;anza universitaria y que luego han ido realiz&#x00E1;ndose paulatinamente, colaborando &#x00ED;ntimamente con los ministros don Jos&#x00E9; Fernando Gonz&#x00E1;lez y don Eduardo Chao, con el director don Juan U&#x00F1;a y don Augusto Gonz&#x00E1;lez de Linares, y defendi&#x00E9;ndolos denodadamente en el claustro con don Fernando de Castro. Y aunque, desde luego, sus ideas filos&#x00F3;ficas y sociales le situaban del lado de los que rompieron la vieja forma de la monarqu&#x00ED;a, radical como nadie, pero antirrevolucionario por principios, no simpatizaba con ninguna de las soluciones extremas que entonces buscaron el triunfo. A esta actitud corresponde, sin duda, el &#x00FA;nico acto pol&#x00ED;tico que en su vida hizo cerca de las muchedumbres, defendiendo la candidatura de Salmer&#x00F3;n en el mitin de San Isidro.</p>
<p>Su actividad profesional no se limitaba entonces a su c&#x00E1;tedra, sino que daba todos los domingos, en la universidad, cursos libres de Doctrina de la Ciencia, Sistema de la Filosof&#x00ED;a, etc., en los cuales recogi&#x00F3; algunos de los disc&#x00ED;pulos m&#x00E1;s fervientes, que le han acompa&#x00F1;ado despu&#x00E9;s en su obra. Fue adem&#x00E1;s el iniciador y mantenedor del <italic>Bolet&#x00ED;n Revista de la Universidad de Madrid,</italic> durante todo el tiempo que vivi&#x00F3; esta publicaci&#x00F3;n, desinteresada y noble empresa que no ha vuelto desde entonces a acometerse. En esa &#x00E9;poca, sus colaboradores m&#x00E1;s &#x00ED;ntimos fueron Maranges, que hab&#x00ED;a obtenido la c&#x00E1;tedra de Derecho Romano, y que una muerte prematura le dej&#x00F3; profesar solamente algo m&#x00E1;s de un curso, para desdicha de la cultura patria, y Azc&#x00E1;rate, a quien hab&#x00ED;a conocido por Maranges. Y fueron ya disc&#x00ED;pulos suyos de esa primera hora, y con &#x00E9;l convivieron, Jacinto Mess&#x00ED;a, el marqu&#x00E9;s de la Merced, Garc&#x00ED;a Labiano, Eduardo Soler, Alfredo Calder&#x00F3;n y Costa, para el derecho, as&#x00ED; como Laureano Calder&#x00F3;n y Augusto G. de Linares para la ciencia; este &#x00FA;ltimo, el de m&#x00E1;s intimidad personal entre todos, y a quien Giner consideraba como el esp&#x00ED;ritu de mayor amplitud y penetraci&#x00F3;n para el cultivo de la filosof&#x00ED;a de la naturaleza en Espa&#x00F1;a.</p>
<p>Del influjo moral de Giner en las agitaciones sustanciales del pa&#x00ED;s puede juzgarse sabiendo que Maranges fue el redactor confidencial, encargado de ello por la Junta Revolucionaria, a [la] que perteneci&#x00F3;, del t&#x00ED;tulo primero, sobre los derechos individuales, de la Constituci&#x00F3;n de 1869; y teniendo en cuenta, igualmente, que en 1873 colabor&#x00F3; sin descanso, durante el Ministerio Salmer&#x00F3;n, en los proyectos de Gracia y Justicia, sobre todo en la Junta para la Reforma Penitenciaria, con Azc&#x00E1;rate y con do&#x00F1;a Concepci&#x00F3;n Arenal, a la que siempre consagr&#x00F3; una amistad y un culto fervorosos. Todav&#x00ED;a m&#x00E1;s tarde, de influjos de Giner en hombres de la derecha, por ejemplo, de conversaciones suyas con don V&#x00ED;ctor Arnau, subsecretario de Gracia y Justicia cuando la Restauraci&#x00F3;n, vino la f&#x00F3;rmula krausista, que C&#x00E1;novas, quiz&#x00E1;s sin saberlo, hizo prevalecer en la organizaci&#x00F3;n del Senado.</p>
<p>En 1875, al advenimiento de la Restauraci&#x00F3;n, sufre la vida de don Francisco Giner una crisis profunda, correspondiente a la que sufri&#x00F3; la naci&#x00F3;n toda. Aquel mismo a&#x00F1;o el ministro Orovio &#x2014;nombre tristemente unido a la persecuci&#x00F3;n de nuestros hombres m&#x00E1;s ilustres&#x2014; volvi&#x00F3; a cometer un segundo atentado contra la libertad de la c&#x00E1;tedra. Giner y sus disc&#x00ED;pulos y amigos, Linares, Calder&#x00F3;n, Azc&#x00E1;rate, Salmer&#x00F3;n y Montalvo, protestaron del decreto ministerial y fueron procesados, encarcelados, desterrados y, en fin, separados de sus c&#x00E1;tedras; renuncian a ellas Castelar, Montero R&#x00ED;os, Figuerola, Moret, Val, Mess&#x00ED;a; protestan, y son suspensos de empleo y sueldo Muro, Varela de la Iglesia, Eduardo Soler, Hermenegildo Giner&#x2026; Hay detalles interesantes en lo que a Giner respecta. Una vez enviada su protesta, fiie llamado para rogarle, en nombre de C&#x00E1;novas, que la retirase, pues &#x00E9;ste aseguraba que el decreto ministerial, con el que no estaba conforme, no llegar&#x00ED;a a cumplirse. Giner contest&#x00F3;, con toda altura y firmeza, que el se&#x00F1;or C&#x00E1;novas ten&#x00ED;a la <italic>Gaceta</italic> para deshacer la iniquidad que desde ella se hab&#x00ED;a hecho, y que no pod&#x00ED;a pretender de &#x00E9;l una indignidad. Y aquella misma noche, habi&#x00E9;ndose retirado a casa enfermo con fiebre, fue arrancado del lecho a las cuatro de la ma&#x00F1;ana para ser trasladado preso, entre guardias civiles, al castillo de Santa Catalina de C&#x00E1;diz. Fue a verle all&#x00ED; el c&#x00F3;nsul de Inglaterra, ofreci&#x00E9;ndole su apoyo y el de la opini&#x00F3;n inglesa, apoyo que rechaz&#x00F3; Giner, diciendo que el Gobierno espa&#x00F1;ol sabr&#x00ED;a lo que hac&#x00ED;a, y que, sin duda, hab&#x00ED;a obrado y resolver&#x00ED;a justamente. Sin embargo, <italic>The Times</italic> dio al asunto toda la importancia que ten&#x00ED;a. Despu&#x00E9;s de alg&#x00FA;n tiempo en que tuvo por c&#x00E1;rcel la ciudad de C&#x00E1;diz, donde cre&#x00F3; sus firmes amistades con los Macpherson, los Arcimis y Alejandro San Mart&#x00ED;n, y donde se le hicieron proposiciones para la creaci&#x00F3;n en Gibraltar de una universidad libre espa&#x00F1;ola, fue, al fin, destituido de nuevo de su c&#x00E1;tedra, as&#x00ED; como los dem&#x00E1;s compa&#x00F1;eros de protesta.</p>
<p>Reunidos en Madrid estos ilustres profesores sin c&#x00E1;tedra, realizose la idea, que desde el primer instante de la persecuci&#x00F3;n hab&#x00ED;a surgido en don Francisco, de fundar una instituci&#x00F3;n libre de ense&#x00F1;anza, sin m&#x00E1;s intenci&#x00F3;n que la de seguir profesando libremente su misi&#x00F3;n, ya que la universidad les arrojaba de su seno, y mantener la cohesi&#x00F3;n entre s&#x00ED;. Esta idea inicial vaga ha ido concret&#x00E1;ndose en una obra perfectamente definida y en la que se ha acumulado lentamente la energ&#x00ED;a espiritual m&#x00E1;s elevada y consistente que ha habido en estos &#x00FA;ltimos cuarenta a&#x00F1;os; pero esta obra sigue teniendo el nombre provisional e impreciso de los primeros momentos: <italic>Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza.</italic> El iniciador de ella y su alma siempre fue don Francisco Giner.</p>
<p>Para hacer la biograf&#x00ED;a de Giner habr&#x00ED;a que hacer la historia de la Instituci&#x00F3;n, y para hacer &#x00E9;sta esencialmente habr&#x00ED;a que hacer la historia de Espa&#x00F1;a desde la Revoluci&#x00F3;n. Hay que renunciar, pues, por hoy, a todo ello.</p>
<p>Fueron los fundadores un n&#x00FA;cleo de hombres venerables que se agruparon frente a la Restauraci&#x00F3;n: Giner, Figuerola, Salmer&#x00F3;n, Moret, Azc&#x00E1;rate, Linares, Montero R&#x00ED;os, los Calder&#x00F3;n, Mess&#x00ED;a, Hermenegildo Giner, Soler, Garc&#x00ED;a Labiano, Costa&#x2026; Profesaron, aparte de los fundadores, don Juan Valera, Pelayo Cuesta, Labra, don Juan U&#x00F1;a, Ruiz de Quevedo, don Bienvenido Oliver, don Eulogio Jim&#x00E9;nez, Gamazo, Atienza, don Federico Rubio, P&#x00E9;rez de la Sala, Echegaray, Saavedra, Prieto Caules, Simarro, Quiroga, Gabriel Rodr&#x00ED;guez, Fern&#x00E1;ndez Jim&#x00E9;nez y otros varios. Muchos de ellos fueron reabsorbidos pronto por la pol&#x00ED;tica de la Restauraci&#x00F3;n y dejaron de colaborar activamente en la obra. Fue al principio &#x00E9;sta una escuela de estudios superiores, una especie de universidad libre; pero muy pronto, ya desde 1878, fue molde&#x00E1;ndose la Instituci&#x00F3;n en el sentido que Giner la infundiera, estableciendo en ella (siempre como en su fundaci&#x00F3;n, sin subvenci&#x00F3;n alguna oficial, con el solo concurso de la iniciativa particular) fundamentalmente estudios de primera y segunda ense&#x00F1;anza y convirti&#x00E9;ndose en una obra esencialmente pedag&#x00F3;gica, &#x00AB;completamente ajena a todo esp&#x00ED;ritu e inter&#x00E9;s de comuni&#x00F3;n religiosa, escuela filos&#x00F3;fica o partido pol&#x00ED;tico; apartada de apasionamientos y discordias, de cuanto no sea, en suma, la elaboraci&#x00F3;n y la pr&#x00E1;ctica de sus ideales pedag&#x00F3;gicos&#x00BB;, como dicen sus estatutos.</p>
<p>Para Giner el problema de Espa&#x00F1;a fue convirti&#x00E9;ndose cada vez m&#x00E1;s en un problema de educaci&#x00F3;n. Abierto su complejo y profundo esp&#x00ED;ritu a la atenci&#x00F3;n de las artes pedag&#x00F3;gicas, puso en ellas todo el fervor de su alma religiosa (pues el sentido religioso de la vida es una de las caracter&#x00ED;sticas fundamentales del car&#x00E1;cter de don Francisco, sin la cual es dif&#x00ED;cil comprenderlo), para la que la Instituci&#x00F3;n era la obra destinada a ejecutar la f&#x00F3;rmula de su maestro Sanz del R&#x00ED;o: traer la ciencia al servicio de los hombres. Sus disc&#x00ED;pulos, sus compa&#x00F1;eros, le siguen en su actividad siempre flexible y creadora. El 78, Torres Campos trae de Par&#x00ED;s el sistema de excursiones escolares; Coss&#x00ED;o estudia en Italia y en Francia las doctrinas y las instituciones pedag&#x00F3;gicas y acude en 1880 al Congreso Internacional de Ense&#x00F1;anza de Bruselas, donde aprende los m&#x00E9;todos pedag&#x00F3;gicos de la Escuela Modelo; el 82, el ingl&#x00E9;s Capper, disc&#x00ED;pulo y maestro en la Instituci&#x00F3;n, introduce en ella los vigorosos juegos corporales de su pa&#x00ED;s, y Coss&#x00ED;o hace su primer viaje a Alemania; el 84, Giner y Coss&#x00ED;o afirman de nuevo en Londres los principios pedag&#x00F3;gicos ingleses que ponen en la formaci&#x00F3;n moral del car&#x00E1;cter y en los juegos como fuerza &#x00E9;tica la base de la educaci&#x00F3;n, reciben inspiraciones en el ambiente de Eton y de Oxford, donde tuvieron la fortuna de vivir en Balliol College como hu&#x00E9;spedes de su famoso rector el gran Jowet, rector asimismo entonces de la universidad, y no s&#x00F3;lo el primer humanista sino el esp&#x00ED;ritu m&#x00E1;s educador de su tiempo en Inglaterra, y completan con esta visi&#x00F3;n directa de la vida inglesa el influjo que, a trav&#x00E9;s del matrimonio Ria&#x00F1;o (don Juan Facundo Ria&#x00F1;o y do&#x00F1;a Emilia Gayangos), hab&#x00ED;an recibido del refinamiento y poes&#x00ED;a de las costumbres inglesas; un nuevo viaje del 86, en que Giner, con Coss&#x00ED;o y otros disc&#x00ED;pulos visitan Francia, B&#x00E9;lgica, Holanda e Inglaterra, enriquece al contacto de nuevas cosas y grandes personalidades (Rusell Lowell, Robert Browning, John Bright, etc.) todas esas influencias, que otra &#x00FA;ltima salida de Giner en el 89 a Francia, las frecuentes de sus disc&#x00ED;pulos desde entonces, la amistad y la comunicaci&#x00F3;n constante con sus amigos P&#x00E9;caut, Marion, Buisson, James Guillaume, Compayr&#x00E9;, Br&#x00E9;al, Sluys, Capper, Harris, Lord Sheffield, Adolfo Coelho, Bernardino Machado, etc., contin&#x00FA;an constantemente robusteciendo.</p>
<p>Y para comprender toda la magnitud de la obra pedag&#x00F3;gica de Giner no hay m&#x00E1;s que recordar lo que Espa&#x00F1;a ha ganado, por lo menos en conciencia y comprensi&#x00F3;n de los problemas pedag&#x00F3;gicos, desde el Congreso Nacional de 1882 hasta hoy. En aquel congreso, en que la Instituci&#x00F3;n sali&#x00F3; por primera y &#x00FA;nica vez de su labor callada cient&#x00ED;fica y pedag&#x00F3;gica, encontramos el contraste m&#x00E1;s palpable y doloroso entre hombres como Giner y Costa y sus disc&#x00ED;pulos y el atraso que se ense&#x00F1;oreaba de la naci&#x00F3;n. En este congreso, despu&#x00E9;s de haber hablado Coss&#x00ED;o y Costa, rodeados de la hostilidad y la incomprensi&#x00F3;n generales, improvis&#x00F3; don Francisco Giner un discurso (su segundo y &#x00FA;ltimo acto p&#x00FA;blico) lleno de ciencia, de nobleza, de sinceridad y de indignaci&#x00F3;n, quedando en su alma desde aquel momento una melanc&#x00F3;lica desconfianza en la acci&#x00F3;n r&#x00E1;pida sobre las muchedumbres, que le afirm&#x00F3; definitivamente en que la &#x00FA;nica labor honrada y posible era la formaci&#x00F3;n lenta y cuidadosa de los hombres de ma&#x00F1;ana desde su primera ni&#x00F1;ez.</p>
<p>Vive desde entonces consagrado a su c&#x00E1;tedra de la universidad, en la que fue repuesto el a&#x00F1;o 1881, y a la ense&#x00F1;anza en la Instituci&#x00F3;n; al estudio de los problemas filos&#x00F3;ficos y pedag&#x00F3;gicos; a la comunicaci&#x00F3;n con todos los que se acercaban a &#x00E9;l en demanda de consejo y de ense&#x00F1;anza; al goce de la naturaleza y del arte, siendo la arquitectura el de sus preferencias; a la satisfacci&#x00F3;n de las necesidades de su esp&#x00ED;ritu, curioso de todo y eternamente joven; a la exaltaci&#x00F3;n de toda su vida a un ideal de perfecci&#x00F3;n moral ilimitada.</p>
<p>Y vive de continuo en familia; porque nada hay m&#x00E1;s contrario a su car&#x00E1;cter que el aislamiento del c&#x00E9;libe, o el cuarto de una fonda, o el retiro de una celda. Necesit&#x00F3; siempre de un hogar con los dulces contrastes femeninos, con ternuras filiales, con las luchas de la juventud y las perpetuas risas bulliciosas de los ni&#x00F1;os, en medio de todo lo cual hac&#x00ED;a su diario trabajo. Y as&#x00ED;, frustrados los anhelos, que en edad propicia alimentara, de constituir este hogar por s&#x00ED; mismo, guard&#x00F3; toda la vida en su coraz&#x00F3;n culto sagrado a aquel imposible, y tuvo el arte de hacerse en otro hogar &#x2014;que fue m&#x00E1;s bien el suyo&#x2014; sitio de verdadero padre y de abuelo, alcanzando la dicha de vivir y morir como &#x00E9;l quer&#x00ED;a, rodeado de hijos y de nietos.</p>
<p>A su esp&#x00ED;ritu, en perpetua vibraci&#x00F3;n, acompa&#x00F1;aba un cuerpo peque&#x00F1;o, enjuto y tambi&#x00E9;n en movimiento perpetuo, coronado de una nobil&#x00ED;sima cabeza grande, con cara algo alargada, ojos casta&#x00F1;os, de una extra&#x00F1;a mezcla, seg&#x00FA;n los momentos, entre bondadosos y agresivos; barba en punta, espesa y dura, que fue blanca desde los cuarenta a&#x00F1;os, y hasta entonces negra, como el pelo, que perdi&#x00F3; muy joven. En conjunto, en color y en estructura, si se descuenta la energ&#x00ED;a de sus rasgos, recordaba a los santos de Ribera.</p>
<p>Su presencia y su palabra, cautivadoras; la conjunci&#x00F3;n de una elegancia natural, una exquisita pulcritud y una extrema modestia, casi pobreza, en su atav&#x00ED;o; su dominio de las buenas maneras; su af&#x00E1;n de sacrificio en lo m&#x00E1;ximo como en lo m&#x00ED;nimo; su delicadeza en las atenciones sociales; su cortes&#x00ED;a para con todo el mundo, y especialmente con las se&#x00F1;oras; su especial don de gentes, en suma, hac&#x00ED;an de &#x00E9;l, junto al fil&#x00F3;sofo y al educador, un tipo acabado de hombre de mundo y de perfecto <italic>gentleman.</italic></p>
<p>Madrid fue el centro de su acci&#x00F3;n desde que a &#x00E9;l vino. Las excursiones de naturaleza y arte por Espa&#x00F1;a, siempre con disc&#x00ED;pulos y amigos, su goce m&#x00E1;s puro. Consagraba el domingo religiosamente al campo, desde que conoci&#x00F3; a los Ria&#x00F1;o, a quienes dec&#x00ED;a deb&#x00E9;rselo, con quienes empez&#x00F3; a visitar, a pie, en 1876, los pueblos cercanos a Madrid, y especialmente El Pardo, y con quienes vivi&#x00F3; en Toledo, adonde volvi&#x00F3; siempre en innumerables ocasiones. Atraves&#x00F3; la Sierra por primera vez, andando (Villalba, Navacerrada, Los Cotos, Paular, Revent&#x00F3;n, La Granja, Segovia, Las Siete Revueltas, Villalba), en el verano de 1883, y a la Sierra como a Toledo torn&#x00F3; de continuo, sobre todo en invierno, primavera y oto&#x00F1;o, hasta su &#x00FA;ltimo instante.</p>
<p>Durante los veranos fue casi siempre al norte. Primero, hasta 1890, a la Monta&#x00F1;a de Santander, por la atracci&#x00F3;n que sobre &#x00E9;l ejerci&#x00F3; la casa y familia de su amigo Linares en Valle de Cabu&#x00E9;rniga, recorriendo a pie muchas veces la parte occidental de la provincia; ya remontando las cuencas del Besaya, el Saja, el Nansa hasta Pe&#x00F1;a Sagra, Tudanca, Polaciones, y el Deva hasta Picos de Europa, y por el lago Enol a Covadonga y Asturias; ya cort&#x00E1;ndolas suavemente por la costa desde Torrelavega hasta Gij&#x00F3;n. Su sitio de descanso preferido y muy amado fue San Vicente de la Barquera, rom&#x00E1;ntica conjunci&#x00F3;n, en armon&#x00ED;a con su car&#x00E1;cter, de historia, arte, ruinas, casas solariegas venidas a menos, ausencia tanto de ricos nuevos con sus pretensiones de <italic>parvenus</italic> como de cursiler&#x00ED;a burguesa; castillo desmoronado en colinas, reflej&#x00E1;ndose en la oscura tranquilidad de r&#x00ED;as como lagos; playa inmensa sin balnearios ni casetas, y espl&#x00E9;ndido panorama de mar y monta&#x00F1;as. All&#x00ED; fue popular y querido de todos; all&#x00ED; llev&#x00F3; a la Instituci&#x00F3;n desde sus primeras excursiones, y all&#x00ED; la Corporaci&#x00F3;n de Antiguos Alumnos ha hecho su casa para las colonias escolares.</p>
<p>Desde 1891, toda esta actividad de don Francisco deriv&#x00F3; hacia Galicia, siendo entonces su asilo una quinta campestre &#x2014;San Victorio&#x2014;, en la parroquia de San Fiz (Bergondo) y en las cercan&#x00ED;as de Betanzos, perteneciente a la familia del disc&#x00ED;pulo, cuyo hogar era tambi&#x00E9;n el suyo. Celebraba sobre todas las cosas el aislamiento y retiro de San Victorio, donde enseguida intim&#x00F3;, como siempre le ocurr&#x00ED;a, con el m&#x00E1;s pobre aldeano y con todos los &#x00E1;rboles de la huerta. All&#x00ED; escribi&#x00F3; sus estudios del &#x00FA;ltimo tiempo; all&#x00ED; le naci&#x00F3; el primer nieto, y de all&#x00ED; parti&#x00F3; siempre para sus largas caminatas por la Mari&#x00F1;a. Si alg&#x00FA;n verano dej&#x00F3; de acudir a los casta&#x00F1;os del soto gallego y a las playas de Gandario y la Lagoa, fue para refrescar su amor a la Monta&#x00F1;a santanderina, o para ensayar el fortalecimiento en la Sierra castellana, de que estaba &#x00FA;ltimamente m&#x00E1;s enamorado que nunca. Muri&#x00F3; so&#x00F1;ando con hacer vida erem&#x00ED;tica en la casilla de la Instituci&#x00F3;n en Navacerrada.</p>
<p>Los resultados de toda esta energ&#x00ED;a inagotable son tan hondos, tan m&#x00FA;ltiples, tan delicados que no es posible se&#x00F1;alarlos en su individualidad ni en su proceso, sino que hay que saberlos ver en tantos hombres como han dado los mejores frutos de su esp&#x00ED;ritu, merced al contacto con el esp&#x00ED;ritu de Giner; en tantas instituciones, p&#x00FA;blicas y privadas, que en la conciencia de todos est&#x00E1;n y que fueron creadas por gentes encendidas por el fuego de aquel coraz&#x00F3;n; en una influencia difusa en todas las actividades pedag&#x00F3;gicas, cient&#x00ED;ficas y sociales espa&#x00F1;olas, que seguramente se ha traducido en un levantamiento del nivel moral e intelectual de una parte de nuestra patria.</p>
</sec>
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<fn id="fn1"><label>1</label> <p>Estos &#x00AB;Datos biogr&#x00E1;ficos&#x00BB;, atribuidos a Manuel B. Coss&#x00ED;o, fueron publicados en el n&#x00FA;mero del <italic>Bolet&#x00ED;n de la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza</italic> dedicado a Francisco Giner de los R&#x00ED;os con motivo de su muerte (a&#x00F1;o <sc>xxxix</sc>, n&#x00FA;m. 659-660, Madrid, febrero-marzo de 1915, p&#x00E1;gs. 33-38).</p></fn>
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