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<journal-title>Historia de la Educaci&#x00F3;n. Revista Interuniversitaria</journal-title>
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<publisher-name>Ediciones Universidad de Salamanca</publisher-name>
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<subject>Art&#x00ED;culos</subject>
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<article-title>Aulas y clases en las escuelas de gram&#x00E1;tica. Sobre el origen y el car&#x00E1;cter de una revoluci&#x00F3;n escolar</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">Schoolrooms and forms in grammar schools. On the origin and character of a school revolution</trans-title>
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<contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-6557-4932</contrib-id>
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<surname>Laspalas P&#x00E9;rez</surname>
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<email>jlaspalas@unav.es</email>
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<institution content-type="original">Departamento de Teor&#x00ED;a y M&#x00E9;todos de Investigaci&#x00F3;n Educativa y Psicol&#x00F3;gica, Universidad de Navarra, Espa&#x00F1;a</institution>
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<abstract>
<title>Resumen</title>
<p>El aula en la que un maestro o varios ense&#x00F1;an a un solo grupo de alumnos parece haber surgido durante el siglo XIX. Previamente, lo normal era que varias clases y los docentes compartieran un mismo espacio. En este art&#x00ED;culo mostramos que dicha pr&#x00E1;ctica debi&#x00F3; comenzar a finales de la Edad Media. Explicamos por qu&#x00E9; eso pod&#x00ED;a ser funcional en las escuelas de gram&#x00E1;tica durante la Edad Moderna. Analizamos tambi&#x00E9;n las estrategias ideadas para facilitar la docencia en un marco tan poco favorable, sobre todo si hab&#x00ED;a muchos alumnos. A continuaci&#x00F3;n, describimos c&#x00F3;mo eran algunas aulas multigrupo sobre las que nos ha llegado informaci&#x00F3;n. Por &#x00FA;ltimo, destacamos los principales problemas que generaba ese tipo de agrupamiento.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>The classroom in which one or several teachers instruct a single group of students seems to have emerged during the 19th century. Previously, the norm was to assign the same schoolroom to several classes and teachers. This article show that this practice must have originated at the end of the Middle Ages, why this was functional in grammar schools during the Early Modern Age, and what strategies were used to facilitate teaching in such an unfavorable setting, especially if there were many students. It also describes some multi-group classrooms about which information is available, and the main problems associated with this type of grouping.</p>
</trans-abstract>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Escuelas de gram&#x00E1;tica</kwd>
<kwd>aulas</kwd>
<kwd>clases</kwd>
<kwd>estrategias did&#x00E1;cticas</kwd>
<kwd>Edad Moderna</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Grammar schools</kwd>
<kwd>school-rooms</kwd>
<kwd>forms</kwd>
<kwd>teaching strategies</kwd>
<kwd>early modern period</kwd>
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<label>1.</label>
<title>Introducci&#x00F3;n</title>
<p>En los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s ricos, salvo en algunas zonas rurales con escasa y dispersa poblaci&#x00F3;n, los alumnos que ingresaron en cada curso son asignados hoy a un aula y tienen un solo profesor, o varios, sobre todo cuando se inicia la ense&#x00F1;anza secundaria. Podr&#x00ED;a pensarse que ese es el modo l&#x00F3;gico y natural de organizar una escuela, pero en realidad semejante opci&#x00F3;n comenz&#x00F3; a triunfar durante el siglo XIX en la secundaria, y solo se impuso como norma en la primaria durante el siglo XX, cuando se generaliz&#x00F3; la llamada escuela graduada (<xref ref-type="bibr" rid="ref-33-32458">Vi&#x00F1;ao, 1990</xref>).</p>
<p>El aula en la que el maestro est&#x00E1; frente a un solo y nutrido grupo de disc&#x00ED;pulos, que le siguen porque tienen suficiente madurez o cuentan con alg&#x00FA;n tipo de apoyo escrito o impreso, debi&#x00F3; de surgir en las universidades, como indican ciertos grabados de &#x00E9;poca (<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-32458">Bowen, 1979</xref>, 321; <xref ref-type="bibr" rid="ref-10-32458">De Passe, 1612</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-22-32458">Reicke, 1971</xref>, 31, 39 y 79; <xref ref-type="bibr" rid="ref-24-32458">Rouche, 1981</xref>, 499). Sin embargo, eso no resultaba en absoluto &#x00FA;til para el aprendizaje de las lenguas cl&#x00E1;sicas, por lo cual no se aplic&#x00F3; para su ense&#x00F1;anza.</p>
<p>Como veremos, hay trabajos muy meritorios en los que se explica como funcionaban las aulas de latinidad durante la Edad Moderna, pero no nos consta que exista una visi&#x00F3;n de conjunto, en la que se superen las fronteras, tanto nacionales como religiosas. Por eso, nuestro primer objetivo es mostrar que la divisi&#x00F3;n en clases y las t&#x00E9;cnicas con ella asociadas se aplicaron entonces de forma similar en Europa occidental.</p>
<p>Tampoco parece que se hayan estudiado de manera sistem&#x00E1;tica los motivos por los que se decidi&#x00F3; que uno o varios profesores atendieran por turno a diversas secciones dentro de una misma aula, mientras las restantes trabajaban por su cuenta. Igualmente, no conocemos publicaciones en las que se expliqu&#x00E9; de modo org&#x00E1;nico por qu&#x00E9; algo en principio tan poco efectivo funcionaba hasta cierto punto, y cu&#x00E1;les eran los inconvenientes. Pretendemos, por tanto, reconstruir los engranajes de una maquinaria did&#x00E1;ctica muy distinta de usual hoy en d&#x00ED;a.</p>
<p>El sistema escolar no era en absoluto uniforme bajo el Antiguo r&#x00E9;gimen, porque no lo gestionaba el Estado, y adem&#x00E1;s la organizaci&#x00F3;n de las aulas era un asunto que sol&#x00ED;a depender m&#x00E1;s de los maestros que de las autoridades. De ah&#x00ED; que no resulte f&#x00E1;cil hallar documentos en los que se describa con detalle, y convenga recurrir a testimonios procedentes de diversos lugares y momentos, para colmar lagunas y confirmar regularidades. Los m&#x00E1;s interesantes suelen ser los que hemos procurado utilizar: obras did&#x00E1;cticas de destacados maestros, y reglamentos de algunas instituciones se&#x00F1;eras, que fueron modelo para otras muchas, o aprobados por las &#x00F3;rdenes religiosas, en particular, la Compa&#x00F1;&#x00ED;a de Jes&#x00FA;s. Sin duda existir&#x00E1;n m&#x00E1;s, pero hemos manejado numerosos testimonios muy relevantes.</p>
</sec>
<sec id="sec-2-32458">
<label>2.</label>
<title>Invenci&#x00F3;n y difusi&#x00F3;n de la divisi&#x00F3;n en clases</title>
<p>Es muy posible que nunca se averig&#x00FC;e cu&#x00E1;ndo empez&#x00F3; a aplicarse esta t&#x00E9;cnica, menos a&#x00FA;n qui&#x00E9;n la ide&#x00F3;. Es plausible que naciese y se extendiese a finales de la Edad Media, a medida que aumentaba el n&#x00FA;mero de estudiantes y las dificultades para ense&#x00F1;arles. No es descartable que tenga ra&#x00ED;ces en pr&#x00E1;cticas previas que no han dejado huellas. Durante el medievo, la did&#x00E1;ctica debi&#x00F3; de ser un arte gremial de los gram&#x00E1;ticos, que no ten&#x00ED;an ni el prestigio ni la influencia de los humanistas, cuyas obras son la principal fuente de que disponemos para conocer y reconstruir el m&#x00E9;todo que nos interesa.</p>
<p>Sorprende que, en las <italic>Regule grammaticales</italic> de Francesco da Buti (<xref ref-type="bibr" rid="ref-1-32458">Black, 1991</xref>, 145-146; <xref ref-type="bibr" rid="ref-2-32458">Black, 2001</xref>, pp. 100-101), redactadas entre 1355 y 1378, se divida el contenido de la ense&#x00F1;anza en <italic>latinum minus, latinum mediocre</italic> y <italic>latinum maiorum</italic>, lo que concuerda con lo usual en Espa&#x00F1;a durante la Edad Moderna: m&#x00ED;nimos, menores, medianos y mayores. Adem&#x00E1;s, se usa el t&#x00E9;rmino <italic>banca</italic> (&#x201C;banco&#x201D;), que coincide con el empleado en Inglaterra para referirse a las clases: <italic>form</italic>. Por otra parte, en 1416, Poggio Bracciolini redescubrir&#x00ED;a el texto de las <italic>Instituciones oratorias</italic>, en las que Quintiliano (I, 2, 23) alude un procedimiento similar. Eso pudo servir como inspiraci&#x00F3;n o dar carta de nobleza a algo que de hecho exist&#x00ED;a.</p>
<p>En cualquier caso, se ha constatado que ya hab&#x00ED;a clases, tal vez rudimentarias, en las concurridas aulas de los Hermanos de la Vida en Com&#x00FA;n, una orden religiosa surgida en los Pa&#x00ED;ses Bajos a finales del siglo XV. Seg&#x00FA;n algunos testimonios, lleg&#x00F3; a haber 2.200 alumnos en Zwolle, 1.200 en Deventer, y centenares en otros centros (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, p. 155-157). Seg&#x00FA;n Jan Sturm, quien estudi&#x00F3; a all&#x00ED; en torno a 1520, en Lieja se hab&#x00ED;a perfeccionado notablemente el sistema (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, p. 176).</p>
<p>Mucho mejor documentada est&#x00E1; la aplicaci&#x00F3;n de tal metodolog&#x00ED;a en la Universidad de Par&#x00ED;s. Nos consta que en 1517 se empleaba en el Colegio de Montaigu, y en 1530 en el de Navarra, y que pocos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde estaba muy extendida. Teniendo en cuenta la cercan&#x00ED;a y el &#x00E9;xito de las instituciones docentes de los Hermanos de la Vida en Com&#x00FA;n, debieron de tener influencia en esta revoluci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica. Adem&#x00E1;s, muchos de sus disc&#x00ED;pulos alcanzaron gran notoriedad, y por encima de todos Erasmo de Rotterdam, quien al principio elogi&#x00F3; a sus antiguos maestros, aunque luego los criticase con dureza (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, pp. 104-105 y158-159).</p>
<p>Esto debi&#x00F3; favorecer la aplicaci&#x00F3;n a gran escala de esta invenci&#x00F3;n. Por ejemplo, en 1533, en el famoso Colegio de Guyena (Burdeos), en el que en 1548 se fund&#x00F3; a su imagen en Coimbra, y en el que Claude Baduel dirig&#x00ED;a en Nimes desde 1540. En 1538 lleg&#x00F3; al mundo luterano, gracias a Jean Sturm, promotor del c&#x00E9;lebre Colegio de Estrasburgo, que servir&#x00ED;a de modelo para muchos otros, e igualmente al calvinista a trav&#x00E9;s de la Academia de Lausana, otra instituci&#x00F3;n escolar se&#x00F1;era. Se introdujo tambi&#x00E9;n en el Colegio de Mesina, primero de los creados por la Compa&#x00F1;&#x00ED;a de Jes&#x00FA;s (1548), y el espectacular &#x00E9;xito de la orden, sellar&#x00ED;a su triunfo en los pa&#x00ED;ses cat&#x00F3;licos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, pp. 194, 210, 237-238, 250 y 288-291).</p>
<p>En Inglaterra, seg&#x00FA;n <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-32458">Erasmo (1922</xref>, vol. IV, pp. 517-518), John Colet, rector de la prestigiosa Saint Paul&#x2019;s School, ya aplicaba dicha estrategia antes de 1521. Los Estatutos del Estudio General de Valencia prev&#x00E9;n en 1499 un maestro para los principiantes, otro para los menores y un tercero para los mayores (<xref ref-type="bibr" rid="ref-14-32458">Gonz&#x00E1;lez y Gonz&#x00E1;lez, 2003</xref>, p. 467). En 1511 se empez&#x00F3; a construir un edifico en la Universidad de Alcal&#x00E1; con tres aulas destinadas a la ense&#x00F1;anza de esos mismos grupos de alumnos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-15-32458">Gonz&#x00E1;lez Navarro, 2012</xref>, pp. 44-45). En el proyecto de Estatutos (1529) para la de Salamanca consta la misma divisi&#x00F3;n, que podr&#x00ED;a existir desde tiempo atr&#x00E1;s (<xref ref-type="bibr" rid="ref-23-32458">Rodr&#x00ED;guez Cruz y Alejo Montes, 2004</xref>, p. 571). Convendr&#x00ED;a profundizar en la cuesti&#x00F3;n para averiguar si en nuestro pa&#x00ED;s y otros se usaban ya tales agrupamientos a principios del siglo XVI o incluso antes.</p>
</sec>
<sec id="sec-3-32458">
<label>3.</label>
<title>Un modelo organizativo adaptado al contexto</title>
<p>Diversos estudios muestran que a partir de la segunda mitad del siglo XVI (<xref ref-type="bibr" rid="ref-17-32458">Julia y Chartier, 1989</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-18-32458">Julia, Revel y Chartier, 1986</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-19-32458">Kagan, 1981</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-29-32458">Simone, 1999</xref>: 316-319), tuvo lugar una &#x201C;revoluci&#x00F3;n educativa&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-31-32458">Stone, 1964</xref>). Se ha podido constatar gracias al notable incremento de las matr&#x00ED;culas universitarias, que reflejar&#x00ED;a la previa proliferaci&#x00F3;n de otro tipo de escuelas.</p>
<p>Este asunto nos interesa aqu&#x00ED; porque gener&#x00F3; con toda probabilidad masificaci&#x00F3;n en algunas instituciones docentes, en especial aquellas situadas en las zonas m&#x00E1;s pr&#x00F3;speras, donde la demanda de instrucci&#x00F3;n ser&#x00ED;a mucho mayor. No parece fruto del azar que las escuelas de los Hermanos de la Vida en Com&#x00FA;n surgiesen en una de ellas. Cabe plantearse qu&#x00E9; suceder&#x00ED;a en las grandes urbes comerciales tardomedievales y renacentistas, pero da la impresi&#x00F3;n de que no hay muchas fuentes. No obstante, convendr&#x00ED;a intentar verificar la hip&#x00F3;tesis de la relaci&#x00F3;n entre el aumento de la matr&#x00ED;cula y la divisi&#x00F3;n en clases, algo que excede el prop&#x00F3;sito y la extensi&#x00F3;n de este trabajo. Basten como ejemplo las abultadas cifras que recoge <xref ref-type="bibr" rid="ref-8-32458">Dainville (1955</xref>, pp. 82; <xref ref-type="bibr" rid="ref-9-32458">1957</xref>, pp. 467-469) sobre los colegios que la Compa&#x00F1;&#x00ED;a ten&#x00ED;a en Francia, o las correspondientes al de Pamplona (<xref ref-type="bibr" rid="ref-32-32458">Vergara Ciordia, 2003</xref>, pp. 109-111).</p>
    <p>Por otra parte, se debe tener presente que, si bien por entonces el capitalismo estaba despegando, la pobreza era generalizada y escaseaban los recursos con los que financiar la ense&#x00F1;anza. Lo m&#x00E1;s caro era sin duda pagar dignamente a los docentes, algo inhabitual, as&#x00ED; que muchos acabar&#x00ED;an teniendo muchos alumnos de muy diverso nivel. Además, darles clase en la misma aula permit&#x00ED;a abaratar la ense&#x00F1;anza. El sistema pod&#x00ED;a funcionar siempre y cuando el maestro lograra prestarles suficiente atenci&#x00F3;n. Eso viene a decir <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>, p. 46), en su minucioso tratado, publicado en 1615, cuando la sofisticaci&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica hab&#x00ED;a progresado mucho, al afirmar que por lo general &#x201C;supone casi el mismo trabajo ense&#x00F1;ar a dos que a veinte&#x201D;, por lo que aconseja dividir la escuela en &#x201C;tan pocas clases como sea posible, cada una con tantos escolares como puedan ponerse juntos, aunque haya diez y seis o veinte, o incluso cuarenta en una clase, pues eso no es lo peor&#x201D;. Cuantas menos sean, a&#x00F1;ade &#x201C;m&#x00E1;s tiempo puede dedicarse a cada clase y ser&#x00E1; mayor el esfuerzo del maestro para hacer las preguntas que san necesarias sobre cada tema&#x201D;.</p>
<p>Otro obst&#x00E1;culo que era necesario superar era la irregularidad en la asistencia, no solo porque pod&#x00ED;a ser intermitente, sino tambi&#x00E9;n porque ciertos padres no respetaban la fecha de comienzo del curso o enviaban a sus hijos sucesivamente a diversos centros escolares (<xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley, 2015</xref>, p. 241; <xref ref-type="bibr" rid="ref-8-32458">Dainville, 1955</xref>, pp. 474 y ss.; <xref ref-type="bibr" rid="ref-13-32458">Frijhoff y Julia, 1975</xref>, pp. 50 y ss.; <xref ref-type="bibr" rid="ref-27-32458">Seaborne, 1971</xref>, pp. 57 y 82-83; <xref ref-type="bibr" rid="ref-32-32458">Vergara, 2003</xref>, 115-120). Por eso, hab&#x00ED;a ex&#x00E1;menes de ingreso para determinar la clase a la que deb&#x00ED;an incorporarse los alumnos, que no depend&#x00ED;a de la edad sino del nivel de competencia. De hecho, era posible descender al curso inferior cuando disminu&#x00ED;a.</p>
    <p>Destaquemos, por &#x00FA;ltimo, los efectos de la invenci&#x00F3;n de la imprenta, gracias a la cual fue posible a medio plazo contar con libros relativamente asequibles como soporte para la ense&#x00F1;anza. Numerosos pasajes del tratado de <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>) muestran que eran una herramienta de trabajo esencial para los alumnos. Las explicaciones versaban en gran medida sobre ellos, los alumnos deb&#x00ED;an memorizar ciertas p&#x00E1;ginas y se usaban para tomar las lecciones. Serv&#x00ED;an tambi&#x00E9;n de gu&#x00ED;a en el trabajo personal que se deb&#x00ED;a realizar cuando el profesor no explicaba a un determinado grupo. No es extra&#x00F1;o, por tanto, que en ciertos testimonios gr&#x00E1;ficos de la &#x00E9;poca aparezcan todos los estudiantes sentados en bancos o alrededor del profesor con sus respectivos ejemplares (<xref ref-type="bibr" rid="ref-20-32458">Nowell, 1572</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-20-32458">Reicke,1971</xref>, p. 53-56).</p>
</sec>
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<label>4.</label>
<title>Un complejo y flexible sistema did&#x00E1;ctico</title>
<p>Aunque la costumbre de formar las clases en funci&#x00F3;n del rendimiento se extendiera, el modo de agrupar a los alumnos era muy variable. En 1512 hab&#x00ED;a doce en el Colegio de Montaigu, lo mismo que en el de Santa B&#x00E1;rbara en 1537, ambos pertenecientes a la Universidad de Par&#x00ED;s, pero en otros eran menos. En torno a 1520, los Hermanos de la Vida en Com&#x00FA;n ten&#x00ED;an siete en Lieja, id&#x00E9;ntico n&#x00FA;mero al existente en la Academia de Lausana en 1547. Ese mismo a&#x00F1;o eran cuatro en el Colegio de Nimes, a pesar de que Bauduel hab&#x00ED;a previsto crear ocho (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, pp. 104-105, 176-177, 237-238 y 249). Sin embargo, Sturm decidi&#x00F3; establecer diez en el Gimnasio de Estrasburgo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-32458">Schang y Livet, 1988</xref>, pp. 73-74).</p>
    <p>En Inglaterra, Colet ya divid&#x00ED;a su aula hacia 1521 en cuatro secciones y contaba con un auxiliar y una sala aparte para quienes aprend&#x00ED;an leer y escribir (<xref ref-type="bibr" rid="ref-12-32458">Erasmo, 1922</xref>, vol. IV, pp. 517-518). En Eton y Winchester eran siete durante el siglo XVI, al igual que en Shrewsbury, otra c&#x00E9;lebre <italic>grammar school</italic>, en 1563, aunque antes hubo cinco y luego pasaron a ser nueve, como en Saint Paul. Ahora bien, en Tiverton y Chigwell, donde la concurrencia ser&#x00ED;a menor, hab&#x00ED;a tres, mientras que en Wolwerhapton eran siete en 1609 (<xref ref-type="bibr" rid="ref-27-32458">Seaborne, 1971</xref>, p. 55-56). Por su parte, en 1660, <xref ref-type="bibr" rid="ref-16-32458">Charles Hoole (1913</xref>, pp. XVII-XXIV) propone que sean seis.</p>
<p>Por &#x00FA;ltimo, los jesuitas, cuya influencia resultar&#x00ED;a decisiva en los pa&#x00ED;ses cat&#x00F3;licos, al principio ten&#x00ED;an solo tres en el Colegio de Mesina, que pronto se convirtieron en las cinco del Colegio Romano, modelo para los dem&#x00E1;s, que consagrar&#x00ED;a luego la <italic>Ratio Studiorum</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, pp. 289-291). Eso no imped&#x00ED;a que en algunos lugares de Italia se a&#x00F1;adiera una <italic>scuoletta</italic> para la alfabetizaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os (<xref ref-type="bibr" rid="ref-5-32458">Brizzi, 1976</xref>, pp. 209-211), a pesar de que el fundador lo hab&#x00ED;a prohibido en 1551 por la escasez de maestros (Grendler, 1989, p. 373). Sin embargo, seg&#x00FA;n el nuevo plan de estudios para el Colegio Imperial de Madrid (1625) eran seis (<xref ref-type="bibr" rid="ref-28-32458">Sim&#x00F3;n D&#x00ED;az, 1992</xref>, p. 153).</p>
    <p>Hemos facilitado tantos datos para mostrar la principal virtud de la divisi&#x00F3;n en clases, tal y como se practicaba en las escuelas de gram&#x00E1;tica: la flexibilidad. Su n&#x00FA;mero pod&#x00ED;a crecer o disminuir en funci&#x00F3;n del n&#x00FA;mero de alumnos y tambi&#x00E9;n en función de las materias que se explicaban en una determinada instituci&#x00F3;n. Remitimos al texto de <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>) que ya hemos citado. Un cierto eco de esta costumbre aparece tambi&#x00E9;n en una definici&#x00F3;n del <italic>Diccionario de Autoridades:</italic> &#x201C;<italic>Clase</italic>: En las Universidades y Estudios se llama el Aula u orden en que se dividen los Estudiantes, y en particular se usa de esta voz en los Estudios y Escuelas de Gram&#x00E1;tica, que regularmente son tres clases, de menores, medianos y mayores; aunque tambi&#x00E9;n suelen dividirse en m&#x00E1;s o menos&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-21-32458">Real Academia Espa&#x00F1;ola, 1729</xref>).</p>
<p>Por otra parte, no eran una soluci&#x00F3;n m&#x00E1;gica, sino que formaban parte de una compleja maquinaria did&#x00E1;ctica que se ir&#x00ED;a refinando con el tiempo. Si las clases triunfaron fue, seguramente, por ser una pieza relevante del llamado <italic>modus parisiensis</italic>, seg&#x00FA;n la denominaci&#x00F3;n jesu&#x00ED;tica. En la Facultad de Artes de la futura Sorbona hab&#x00ED;a cristalizado un revolucionario modo de ense&#x00F1;ar que estructur&#x00F3; y orient&#x00F3; la ense&#x00F1;anza secundaria europea durante tres siglos. Codina Mir lo describi&#x00F3; as&#x00ED;: &#x201C;En general, aparecen la exigencia de s&#x00F3;lidas bases gramaticales, la divisi&#x00F3;n y la gradaci&#x00F3;n de las clases en funci&#x00F3;n de la capacidad de los escolares, el orden y la progresi&#x00F3;n en los estudios, la asistencia regular de los alumnos a las aulas, los incesantes ejercicios escolares en cada curso, el n&#x00FA;mero y la denominaci&#x00F3;n de las clases, los horarios, los ex&#x00E1;menes y las promociones, el control sobre los estudiantes por pate de los maestros, las repeticiones del s&#x00E1;bado, la firme autoridad de los superiores, las estrictas normas disciplinarias, etc., etc.&#x201D; (1968, p. 147-148).</p>
<p>En realidad, el sistema reposaba sobre diversos pilares. El primero era mantener a los alumnos siempre ocupados, incluso cuando el maestro no pod&#x00ED;a darles clase, porque deb&#x00ED;a atender tambi&#x00E9;n a otros grupos. Habida cuenta la panoplia de ejercicios escolares que proponen usar <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>) o <xref ref-type="bibr" rid="ref-16-32458">Hoole (1913</xref>), hab&#x00ED;a mucho donde escoger, pero no ser&#x00ED;a nada f&#x00E1;cil secuenciarlos, ni repartirlos cada d&#x00ED;a y a lo largo del curso, procurando adem&#x00E1;s tomar las lecciones y corregir los trabajos. Algunos horarios que se han conservado (<xref ref-type="bibr" rid="ref-11-32458">Dom&#x00ED;nguez Garc&#x00ED;a, 2010</xref>, p. 305-306; <xref ref-type="bibr" rid="ref-28-32458">Sim&#x00F3;n D&#x00ED;az, 1992</xref>, p. 227) no son sino un p&#x00E1;lido reflejo de lo que deb&#x00ED;a ser el d&#x00ED;a a d&#x00ED;a en un aula de gram&#x00E1;tica. La estricta gradaci&#x00F3;n de las actividades formativas en funci&#x00F3;n de la dificultad, la exigencia de dominarlas a la perfecci&#x00F3;n gracias a la repetici&#x00F3;n antes de promocionar, y la constante evaluaci&#x00F3;n, eran imprescindibles para hacer funcionar tan complejo mecanismo. Evidentemente, en la <italic>Ratio Studiorum</italic> de los jesuitas se siguen estas pautas, y tambi&#x00E9;n las observa Sturm (<xref ref-type="bibr" rid="ref-30-32458">Spitz, 1995</xref>), quien los elogia (pp. 260-61), en diversas propuestas pedag&#x00F3;gicas (pp. 64-65, 87-88), lo mismo que otros a los que no citaremos.</p>
<p>No deb&#x00ED;a ser nada f&#x00E1;cil conseguir que los escolares trabajaran por su cuenta sin que un docente estuviera encima de ellos, especialmente si eran muchos. Por tal motivo, todo estaba muy pautado y se contaba con la colaboraci&#x00F3;n de los alumnos m&#x00E1;s destacados. Era una pr&#x00E1;ctica habitual, utilizada ya por los Hermanos de la Vida en Com&#x00FA;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, p. 169-170), y tales auxiliares recib&#x00ED;an diversos nombres. Llaman la atenci&#x00F3;n la diversidad y la relevancia de los cometidos que les asigna <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>, p. 218) en m&#x00FA;ltiples pasajes. &#x201C;En cada clase &#x2013;afirma&#x2013; dos o cuatro estudiantes <italic>seniores</italic> sirvan de ayudantes para supervisar, orientar, preguntar y ajustar todo antes de que lo expongan, y tambi&#x00E9;n para supervisar los ejercicios&#x201D;. Tambi&#x00E9;n ten&#x00ED;an que vigilar a sus compa&#x00F1;eros y anotar sus faltas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley, 2015</xref>, p. 233). Realmente, sin su concurso, dif&#x00ED;cilmente pod&#x00ED;a funcionar una escuela si era grande, aun cuando el maestro fue muy competente.</p>
<p>Entre los principales cometidos de este &#x00FA;ltimo estaba sin duda ganarse a los alumnos y conseguir que disfrutasen con sus tareas, a fin de aliviar la disciplina. En su manual para quienes comenzaban a ense&#x00F1;ar a los m&#x00E1;s peque&#x00F1;os en los colegios, impreso en 1625, el jesuita Francesco <xref ref-type="bibr" rid="ref-25-32458">Sacchini (2017</xref>, p. 398 y ss.) propone que la ense&#x00F1;anza se convierta en un <italic>ludus</italic> (&#x201C;juego&#x201D;). <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>, p. 48) pretende crear &#x201C;una escuela de juego y disfrute&#x201D;, que parad&#x00F3;jicamente sea &#x201C;un <italic>ludus a non ludendo</italic>, un lugar libre de todo juego in&#x00FA;til y de vagancia&#x201D;. Para lograr tal objetivo, se propon&#x00ED;a adecuar en lo posible los ejercicios a la capacidad y los intereses de los alumnos. Un ejemplo perfecto son los <italic>Di&#x00E1;logos</italic> de <xref ref-type="bibr" rid="ref-34-32458">Juan Luis Vives (2005</xref>), y otras obras similares, que tuvieron gran &#x00E9;xito, escritas para que los ni&#x00F1;os aprendieran a hablar en lat&#x00ED;n sobre su vida cotidiana.</p>
<p>Otro modo de involucrar a los estudiantes en el estudio era hacerlos competir entre s&#x00ED;. Las clases quedaban divididas en dos o m&#x00E1;s bandos que pugnaban por ser los mejores. Cada alumno ten&#x00ED;a tambi&#x00E9;n asignado otro de parecido nivel al que deb&#x00ED;a intentar superar. Se trataba de estimular el pundonor y la emulaci&#x00F3;n para conseguir que todos se esforzaran y sintieran en menor medida el peso del trabajo, al perseguir y obtener distinciones y peque&#x00F1;os premios. Eso permit&#x00ED;a tambi&#x00E9;n evitar en buena medida recurrir al castigo, en particular el f&#x00ED;sico, como hab&#x00ED;an propuesto los mejores humanistas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32458">Codina Mir, 1968</xref>, pp. 133-136). <xref ref-type="bibr" rid="ref-25-32458">Sacchini (2017</xref>, pp. 400-405 y 439-445) da normas muy precisas sobre el particular, al igual que <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>, pp. 219 y 223-226), quien pretende que la escuela sea un lugar amable &#x201C;en el que exista una verdadera competici&#x00F3;n, intelectual, agradable y seria&#x201D;. Lo dicho pone en cuesti&#x00F3;n la visi&#x00F3;n caricaturesca que de ordinario se tiene sobre la pedagog&#x00ED;a anterior a Rousseau.</p>
</sec>
<sec id="sec-5-32458">
<label>5.</label>
<title>Los locales escolares y las aulas multigrupo</title>
<p>En la actualidad, pensamos que es necesario, o al menos muy conveniente, disponer de un aula para cada grupo que recibe las ense&#x00F1;anzas de uno o varios maestros. Por diversos motivos, no deb&#x00ED;a ser eso lo habitual durante la Edad Moderna, aunque las evidencias sobre el particular no abundan, porque los edificios escolares suelen desparecer o sufren remodelaciones que alteran por completo la distribuci&#x00F3;n de los espacios. Sin duda, quienes reformaron la ense&#x00F1;anza durante el siglo XVI cre&#x00ED;an esa era soluci&#x00F3;n ideal. Por ejemplo, Sturm (<xref ref-type="bibr" rid="ref-30-32458">Spitz, 1995</xref>, p. 63) afirma que &#x201C;las seis primeras clases deben tener cada una su maestro, pero en la segunda y la primera clase es m&#x00E1;s &#x00FA;til tener m&#x00E1;s, por la variedad y la dificultad de las materias&#x201D;, aunque no deja claro si cada una debe disponer de una sala.</p>
<p>Sin embargo, cabe suponer que por lo general eso era m&#x00E1;s una aspiraci&#x00F3;n que una realidad, por diversos motivos. En primer lugar, porque construir un centro docente era muy caro, y lo m&#x00E1;s habitual ser&#x00ED;a aprovechar uno existente, sin adaptarlo en exceso. Tal cosa pod&#x00ED;a ser factible y necesaria en las ciudades, si hab&#x00ED;a muchos alumnos, pero resultar&#x00ED;a inviable, si no hab&#x00ED;a un mecenas, y dif&#x00ED;cil de justificar en la gran mayor&#x00ED;a de los casos. Por su parte, las congregaciones docentes levantaron en los pa&#x00ED;ses cat&#x00F3;licos imponentes edificios concebidos para la ense&#x00F1;anza, y se conservan sus planos, que convendr&#x00ED;a analizar para verificar qu&#x00E9; locales hab&#x00ED;a y a qu&#x00E9; se destinaban.</p>
<p>Otro grave escollo tendr&#x00ED;a que ser la dificultad para hallar maestros competentes y pagarles, sobre todo si no eran religiosos sin familias, que adem&#x00E1;s ten&#x00ED;an alg&#x00FA;n beneficio o hac&#x00ED;an voto de pobreza. Los menores costes de personal explican, sin duda, en parte el &#x00E9;xito de los jesuitas y otras &#x00F3;rdenes. Es posible saber el n&#x00FA;mero de integrantes de sus comunidades, pero bastantes de sus miembros se pod&#x00ED;an dedicar a actividades no relacionadas con la ense&#x00F1;anza, de modo que ser&#x00ED;a enga&#x00F1;oso vincular esa informaci&#x00F3;n con el n&#x00FA;mero de aulas previstas.</p>
<p>No obstante, disponemos de algunas evidencias. Por ejemplo, lo que escribi&#x00F3; <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-32458">Erasmo (1922</xref>, p. 517-518) sobre la escuela de &#x00E9;lite que regentaba Colet. Hab&#x00ED;a una sala para los que no sab&#x00ED;a leer y escribir. Los estudiantes de gram&#x00E1;tica, repartidos en tres grupos, separados por cortinas, ocupaban otra, sin &#x201C;rincones ni sitios ocultos&#x201D;, sin duda para controlarlos mejor. &#x201C;Cada ni&#x00F1;o tiene su lugar en grados &#x2013;o tal vez gradas&#x2013; que van ascendiendo, con espacios separados. En cada clase hay diez y seis, y el que destaca en su clase tiene una sillita algo m&#x00E1;s alta que la de los restantes&#x201D;. Por su parte, <xref ref-type="bibr" rid="ref-16-32458">Hoole (1913</xref>, pp. 223-224) describe un aula para 500 escolares con seis secciones divididas con mamparas corredizas que a&#x00ED;slan del ruido, con escritorios para todos los alumnos, estanter&#x00ED;as para dejar los libros y perchas para los sombreros. En un pasillo lateral estar&#x00ED;an las sillas de los seis maestros auxiliares. Es un puro modelo ideal, al igual que el conjunto del edificio en el que se hallar&#x00ED;a, donde habr&#x00ED;a, adem&#x00E1;s, una sala para la instrucci&#x00F3;n primaria y otra para ense&#x00F1;ar las lenguas modernas.</p>
<p>Tambi&#x00E9;n conocemos la disposici&#x00F3;n que fue habitual en las <italic>schoolrooms</italic> de las <italic>grammar schools</italic> brit&#x00E1;nicas durante la Edad Moderna: un local rectangular donde daban clase varios maestros con sus respectivos grupos de alumnos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-27-32458">Seaborne, 1971</xref>). Incluso existen bellas im&#x00E1;genes de las distinguidas <italic>public schools</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref-7-32458">Combe y Pyne, 1816</xref>), algo idealizadas si las comparamos con las aulas conservadas en Eton, Harrow y otros lugares (<xref ref-type="bibr" rid="ref-27-32458">Seaborne, 1971</xref>). El apego a las tradiciones caracter&#x00ED;stico de los brit&#x00E1;nicos no parece suficiente para explicar por qu&#x00E9; en centros tan prestigiosos no se pens&#x00F3; en adecuar m&#x00E1;s espacios, y nos lleva a preguntarnos qu&#x00E9; suceder&#x00ED;a en otras escuelas carentes de recursos, tanto en las islas como en el continente. Dif&#x00ED;cilmente las condiciones materiales ser&#x00ED;an mejores, y tal vez no hubiera inter&#x00E9;s en cambiarlas, porque los m&#x00E9;todos de ense&#x00F1;anza eran relativamente eficaces.</p>
</sec>
<sec id="sec-6-32458">
<label>6.</label>
<title>Las limitaciones impuestas por las circunstancias</title>
<p>El complejo entramado did&#x00E1;ctico que hemos analizado surgi&#x00F3; en un contexto muy determinado, y como hemos advertido, serv&#x00ED;a para compensar la escasez de recursos, que imped&#x00ED;a contratar suficientes maestros. El n&#x00FA;mero de disc&#x00ED;pulos pod&#x00ED;a ser muy elevado en las ciudades, y en el &#x00E1;mbito rural la subsistencia del docente depend&#x00ED;a a&#x00FA;n m&#x00E1;s de lo que pagaban, y ten&#x00ED;a que admitir a quien lo solicitara. Uno se pregunta, adem&#x00E1;s, c&#x00F3;mo era posible mantener el silencio y la atenci&#x00F3;n cuando en una misma aula conviv&#x00ED;an varios docentes y diversos grupos de estudiantes. Si se relajaba la disciplina, abundar&#x00ED;an los escolares distra&#x00ED;dos, perezosos o rebeldes, y por tal motivo eran necesario un estricto un r&#x00E9;gimen de sanciones. Las quejas por la brutalidad de los maestros estaban a la orden del d&#x00ED;a y exist&#x00ED;a un intenso debate sobre la cuesti&#x00F3;n. Sin duda, en las escuelas m&#x00E1;s pobres y peor organizadas, cuyos maestros sol&#x00ED;an estar mal preparados, el castigo, en todas sus formas, deb&#x00ED;a estar muy presente.</p>
<p>Sin embargo, los te&#x00F3;ricos y los mejores docentes lo ve&#x00ED;an como una consecuencia inevitable de la falta de orden y autoridad, y trataban de limitarlo y regularlo. Es lo que intenta <xref ref-type="bibr" rid="ref-25-32458">Sacchini (2017</xref>, pp. 444-451), quien subraya que San Ignacio de Loyola prohibi&#x00F3; que los miembros de su orden golpearan a los alumnos, a pesar de la oposici&#x00F3;n general. Algo semejante cre&#x00ED;a <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32458">Brinsley (2015</xref>, pp. 228-230), quien dice que &#x201C;el castigo corporal exagerado [&#x2026;] provoca en los ni&#x00F1;os una profunda aversi&#x00F3;n hacia la escuela y hacia toda la ense&#x00F1;anza, y que se sentir&#x00ED;an muy felices si sus padres les pusieran a trabajar en cualquier oficio que les permitiese abandonar la escuela. Hay que a&#x00F1;adir que el castigo corporal hace tambi&#x00E9;n que crezca dentro de ellos un odio secreto hacia los maestros&#x201D; (p. 222). Por eso, escribe un extenso alegato para que controlen su ira (pp. 230-233), al igual que <xref ref-type="bibr" rid="ref-25-32458">Sacchini (2017</xref>, pp. 450-457) reclama moderaci&#x00F3;n en los reproches. Tanta insistencia y radicalidad avala la hip&#x00F3;tesis de que los azotes y los gritos eran algo habitual, pero muestra un aprecio por la infancia que vuelve a desmentir ciertos t&#x00F3;picos.</p>
<p>Otro problema era, seguramente, la deserci&#x00F3;n escolar. Los registros de matr&#x00ED;cula conservados muestran que muchos ni&#x00F1;os abandonaban la ense&#x00F1;anza sin superar la primera clase o pasaban fugazmente por las aulas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-32458">Dainville, 1955</xref>, pp. 116; <xref ref-type="bibr" rid="ref-13-32458">Frijhoff y Julia, 1975</xref>, pp. 56-60; <xref ref-type="bibr" rid="ref-32-32458">Vergara, 2003</xref>, 115-116). La elevada mortalidad y las penurias econ&#x00F3;micas de las clases medias, sobre todo si resid&#x00ED;an en campo y deb&#x00ED;an sufragar los gastos de alojamiento, explicar&#x00ED;an en parte este fen&#x00F3;meno. Sin embargo, parece dif&#x00ED;cil que los docentes pudieran estimular y ense&#x00F1;ar a muchos ni&#x00F1;os cuando el aula estaba repleta. Sin embargo, no podemos ignorar que en las mejores escuelas de gram&#x00E1;tica se formaron gran parte de los principales pol&#x00ED;ticos, intelectuales y escritores del momento.</p>
</sec>
<sec id="sec-7-32458">
<label>7.</label>
<title>Un modelo europeo de organizaci&#x00F3;n escolar</title>
<p>Ha llegado el momento de preguntarse si las hip&#x00F3;tesis planteadas son plausibles. Parece claro que las fuentes permiten afirmar que el funcionamiento de las aulas de gram&#x00E1;tica era muy similar. Hay una muy notable coincidencia entre lo que proponen los mejores maestros en Inglaterra y Alemania, y lo que prescrib&#x00ED;an los jesuitas en los pa&#x00ED;ses cat&#x00F3;licos. Creemos haber mostrado que se procur&#x00F3; tambi&#x00E9;n hacer de la necesidad virtud, ideando estrategias para paliar la falta de recursos, la masificaci&#x00F3;n y la indisciplina. Formaban un patrimonio com&#x00FA;n que seguramente se fue construyendo por experiencia y transmitiendo gracias a la observaci&#x00F3;n de lo que otros hac&#x00ED;an. La profunda afinidad ling&#x00FC;&#x00ED;stica y cultural de los humanistas, cuyas metas eran en buena medida compartidas, facilit&#x00F3; sin duda esa empresa colectiva.</p>
</sec>
</body>
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<title>Fuentes y Bibliograf&#x00ED;a</title>
<ref id="ref-1-32458"><mixed-citation publication-type="book"><person-group person-group-type="author"><string-name><surname>Black</surname>, <given-names>R.</given-names></string-name></person-group> (<year>1991</year>). <chapter-title>The curriculum of Italian elementary and grammar schools, 1350-1500</chapter-title>. <comment>En</comment> <person-group person-group-type="editor"><string-name><given-names>D. R.</given-names> <surname>Kelley</surname></string-name> y <string-name><given-names>R. H</given-names>: <surname>Popkin, R. H.</surname></string-name></person-group> (<role>Eds</role>). <source><italic>The Shapes of Knowledge from the Renaissance to the Enlightenment</italic></source> (<comment>p.</comment> <fpage>137</fpage>-<lpage>163</lpage>). <publisher-name>Springer</publisher-name>. <pub-id pub-id-type="doi">10.1007/978-94-011-3238-1_9</pub-id></mixed-citation></ref>
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