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<journal-title>Historia de la Educaci&#x00F3;n. Revista Interuniversitaria</journal-title>
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<subject>Monograf&#x00ED;a</subject>
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<article-title>Pobreza, asistencia social y educaci&#x00F3;n en los siglos modernos</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">Poverty, social welfare and education in the early modern centuries</trans-title>
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<surname>Santolaria Sierra</surname>
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<institution content-type="original">Departamento de Teor&#x00ED;a e Historia de la Educaci&#x00F3;n, Universidad de Barcelona, Espa&#x00F1;a</institution>
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<abstract>
<title>Resumen</title>
<p>El art&#x00ED;culo quiere ofrecer una s&#x00ED;ntesis de los tres periodos m&#x00E1;s significativos de las pol&#x00ED;ticas de asistencia social que se han dado en Espa&#x00F1;a en los siglos modernos. Para ello presenta los proyectos y modelos destacados de intervenci&#x00F3;n social que surgieron y las propuestas educativas que implicaban o que se derivaron o intensificaron a partir de los mismos.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>This article aims to provide a concise synthesis of the three most significant periods of social welfare policies in Spain during the early modern centuries. To that end, it presents the notable social intervention projects and models that emerged, as well as the educational proposals that were implied or derived from or intensified by them.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Asistencia social</kwd>
<kwd>educaci&#x00F3;n social</kwd>
<kwd>siglos modernos</kwd>
<kwd>Espa&#x00F1;a</kwd>
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<title>Keywords</title>
<kwd>Social welfare</kwd>
<kwd>social education</kwd>
<kwd>early modern centuries</kwd>
<kwd>Spain</kwd>
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<sec id="sec-1-32517">
<label>1.</label>
<title>Introducci&#x00F3;n</title>
<p>Una s&#x00ED;ntesis sensata y cabal de las respuestas sociales al problema de la pobreza en la Espa&#x00F1;a de los siglos modernos tendr&#x00ED;a que se&#x00F1;alar al menos tres periodos o momentos fundamentales en los que parecen producirse los cambios m&#x00E1;s significativos en los discursos te&#x00F3;ricos y en los contenidos concretos de las propuestas de soluci&#x00F3;n o mejora que se intentan dar (legislaci&#x00F3;n, pr&#x00E1;cticas asistenciales y modelos institucionales de intervenci&#x00F3;n social y educativa). La primera etapa se podr&#x00ED;a concretar entre los a&#x00F1;os 1520 y 1545 aproximadamente, coincidiendo con las d&#x00E9;cadas de la intensificaci&#x00F3;n de las reformas de la asistencia urbana que se estaban dando en numerosas ciudades de los pa&#x00ED;ses del occidente europeo. El segundo periodo se situar&#x00ED;a entre 1570 y 1608, en correspondencia temporal tambi&#x00E9;n con el amplio movimiento europeo que ha venido a llamarse del encierro o recogimiento de pobres (si bien, en Europa se iniciar&#x00ED;a en torno a 1560, una d&#x00E9;cada antes), y, finalmente, el tercero habr&#x00ED;a que retrasarlo hasta la lejana segunda mitad del siglo XVIII, con la g&#x00E9;nesis e intento de aplicaci&#x00F3;n de lo que podr&#x00ED;a llamarse el programa social de los ilustrados.</p>
<p>Estos tres periodos reformistas est&#x00E1;n correlacionados con momentos cr&#x00ED;ticos de crisis de subsistencias y estancamientos econ&#x00F3;micos, y surgen como reacci&#x00F3;n necesaria ante las l&#x00F3;gicas consecuencias sociales negativas (progresivo aumento de la pobreza y el paro, de la mendicidad y vagabundeo, e incrementos de la peligrosidad y desviaciones sociales) y el desbordamiento moment&#x00E1;neo que sufren los modelos e instituciones de asistencia social ya existentes (<xref ref-type="fig" rid="fig-1-32517">Figura 1</xref>).</p>
<fig id="fig-1-32517">
<label>Figura 1.</label>
<caption><title>Esquema de los principales periodos reformistas en pol&#x00ED;tica social</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-1-32517.jpg"/>
</fig>
<p>Antes de entrar en la exposici&#x00F3;n de los periodos reformistas, convendr&#x00ED;a advertir que estas respuestas sociales &#x00AB;de los siglos modernos&#x00BB;, que fueron novedosas en muchas de sus disposiciones concretas y especialmente en la voluntad met&#x00F3;dica con la que se pretend&#x00ED;a ejecutar la intervenci&#x00F3;n, en realidad estaban enraizadas en un rico patrimonio anterior de siglos de acci&#x00F3;n social y, en este sentido, las &#x201C;respuestas modernas&#x201D; fueron en muchos casos una actualizaci&#x00F3;n selectiva de providencias ya ensayadas en diferentes momentos hist&#x00F3;ricos. T&#x00E9;ngase en cuenta que ese importante acervo recibido no s&#x00F3;lo atesoraba la experiencia de ejemplos pr&#x00E1;cticos de intervenci&#x00F3;n y de modos de hacer concretos, sino tambi&#x00E9;n toda una historia intelectual y una doctrina social y jur&#x00ED;dica.</p>
<p>Un patrimonio te&#x00F3;rico conformado, por una parte, por el legado asistencial y jurisprudencial de la cultura cl&#x00E1;sica grecorromana del mundo antiguo, y por otra, por las muchas y significativas aportaciones del cristianismo (las evang&#x00E9;licas, por supuesto, pero tambi&#x00E9;n las tradiciones b&#x00ED;blicas del juda&#x00ED;smo veterotestamentario y la inmensa riqueza magisterial de la Patr&#x00ED;stica, tanto oriental como occidental). El largo decurso de los &#x00FA;ltimos siglos del mundo antiguo y de la prolongada edad media, con las numerosas crisis y desajustes sociales que conocieron ambos periodos, se convirtieron en un amplio campo para elaborar ensayos de acci&#x00F3;n e ir sistematizando un <italic>corpus</italic> cada vez m&#x00E1;s coherente de derecho y jurisprudencia, que a su vez inspiraba la reflexi&#x00F3;n te&#x00F3;rica y teol&#x00F3;gica en torno a las realidades humanas de la pobreza y sus consecuencias personales y sociales, constituyendo el cauce por el que discurri&#x00F3; y fue tomando forma esa f&#x00E9;rtil herencia doctrinal de la que se alimentaron las repuestas modernas ante las &#x00AB;novedades&#x00BB; que presentaba el rostro del pauperismo de los nuevos siglos.</p>
<p>Este copioso c&#x00FA;mulo doctrinal en construcci&#x00F3;n, con sus s&#x00F3;lidos fundamentos y su arsenal plural de matices y categor&#x00ED;as concretas, enriquecido con los continuos y l&#x00F3;gicos &#x201C;aggiornamenti&#x201D; inevitables es evidente que no ha sido siempre adecuadamente valorado en algunas &#x201C;historias&#x201D; de la pobreza y la asistencia , que lo han reducido al papel de una pantalla de fondo sobre la que proyectar y destacar las bondades innovadoras de lo &#x201C;moderno&#x201D; (modelos de intervenci&#x00F3;n, desmitificaci&#x00F3;n de la pobreza, cambios de valor social y moral en la imagen del <italic>pauper</italic>, ineficacia de los modos asistenciales medievales).</p>
<p>Sobre la apolog&#x00ED;a y significados de la pobreza, si hubo algo sustantivo debi&#x00F3; tener una vigencia simb&#x00F3;lica muy ambigua, y desde luego en la realidad social del bajo medievo (siglos XII-XV), su desacreditaci&#x00F3;n es m&#x00E1;s que evidente. Son centurias en las que surgen en las ciudades nuevas respuestas asistenciales y de control social al problema de los numerosos mendigos y vagabundos, que aumentan al comp&#x00E1;s del incremento de la producci&#x00F3;n artesanal y el fuerte comercio emergente de la Baja Edad Media (siglos XII-XV) (<xref ref-type="bibr" rid="ref-43-32517">White, 1973</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-44-32517">Word, 2003</xref>). Y tambi&#x00E9;n en la propia Iglesia, el valor religioso y moral de la pobreza voluntaria hubo de ser examinado por las formas radicales que llegaron a adoptar algunos grupos de fieles, favoreciendo que la exaltaci&#x00F3;n de la pobreza fuera vista con recelo en los propios c&#x00ED;rculos eclesi&#x00E1;sticos por las posibles desviaciones her&#x00E9;ticas. Por lo dem&#x00E1;s, las distinciones entre pobreza voluntaria (virtud moral) e indigencia material, y las l&#x00F3;gicas clasificaciones con todas sus categor&#x00ED;as de pobres est&#x00E1;n recogidas ya en el <italic>Decretum Gratiani</italic> (ca 1150), que es una colecci&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica de textos legales a partir de escritos patr&#x00ED;sticos, decretos conciliares y documentos pontificios. Es decir, que el material conceptual del <italic>Decretum</italic> es de hasta ocho siglos antes, de las mismas postrimer&#x00ED;as del mundo antiguo<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref>. Por otra parte, hace ya tiempo que estudios espec&#x00ED;ficos han dejado claro que es un mito hist&#x00F3;rico (orquestado por los mismos reformadores modernos) el considerar que la asistencia medieval a los pobres era ineficaz y estaba mal organizada (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-32517">Dinges, 2004</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-32-32517">Rhenheimer, 2009</xref>).</p>
<p>En consecuencia, habr&#x00ED;a que reconsiderar que ya en el periodo medieval coexist&#x00ED;an diversas actitudes sociales ante la pobreza y que inclu&#x00ED;an pr&#x00E1;cticamente casi todas las supuestas &#x00AB;nuevas categor&#x00ED;as modernas&#x00BB; de clasificaci&#x00F3;n de pobres; y que la apolog&#x00ED;a de la pobreza hac&#x00ED;a referencia, en todo caso, al mundo espiritual, mientras que la indigencia material, cuyas secuelas sociales eran evidentes, era vista como una condici&#x00F3;n sin dignidad, fuente de exclusi&#x00F3;n social y moral. De todos modos, y m&#x00E1;s all&#x00E1; de esa coexistencia medieval de valores ambivalentes, parece evidente que en los siglos modernos se da un aumento cuantitativo y progresivo de manifestaciones y juicios negativos sobre la realidad social de la pobreza, pero que, no obstante, sigue conviviendo en armon&#x00ED;a en la mentalidad colectiva con las concepciones m&#x00E1;s providencialistas de la pobreza. Excelentes testimonios de esa ambig&#x00FC;edad de actitudes se pueden espigar, por ejemplo, en toda la literatura picaresca de nuestro pa&#x00ED;s (<xref ref-type="bibr" rid="ref-23-32517">Maravall, 1981</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="ref-24-32517">1986</xref>).</p>
</sec>
<sec id="sec-2-32517">
<label>2.</label>
<title>Primer periodo (1520-1545)</title>
<p>El periodo de 1520 a 1545 vivi&#x00F3; la aplicaci&#x00F3;n de las reformas de la asistencia urbana que se estaban dando en numerosas ciudades europeas. En el mundo hispano, el proceso se caracteriz&#x00F3; en sus comienzos por una serie de medidas aisladas de control de la mendicidad, decretadas como respuesta a la continua demanda que los procuradores de las ciudades ven&#x00ED;an solicitando en las cortes de Castilla sobre el tema<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>. En estas circunstancias, una nueva crisis agr&#x00ED;cola que afect&#x00F3; a gran parte de la mitad norte de la pen&#x00ED;nsula (1538-39) llev&#x00F3; al cardenal Tavera, regente de Castilla, a promulgar la ley de pobres de 1540, la conocida ley Tavera, que decretaba para Castilla una curiosa versi&#x00F3;n &#x00AB;sui generis&#x00BB; de los estatutos de las urbes europeas.</p>
<p>Se hab&#x00ED;a inspirado en las reformas de la asistencia realizadas en las ciudades alemanas y de los Pa&#x00ED;ses Bajos durante los a&#x00F1;os inmediatos. El edicto de Carlos V de 1531 para aquellos territorios supon&#x00ED;a la aprobaci&#x00F3;n real de esas iniciativas y se convert&#x00ED;a en un marco legislativo favorecedor de la expansi&#x00F3;n de las nuevas pol&#x00ED;ticas de la mendicidad<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>. La ley Tavera era en cierto modo un ejemplo m&#x00E1;s, si bien con matices peculiares y, aunque pudiera parecer en su redacci&#x00F3;n menos restrictiva y m&#x00E1;s abierta que el edicto imperial, la realidad es que se aplic&#x00F3; de un modo semejante al europeo en algunas de las m&#x00E1;s importantes ciudades castellanas (Toledo, Madrid, Zamora, Salamanca y Valladolid) (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-32517">Martz, 1983</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-10-32517">Flynn, 1989</xref>).</p>
<p>La ley, tras repasar la legislaci&#x00F3;n anterior existente sobre pobres y mendigos, conten&#x00ED;a una instrucci&#x00F3;n de trece art&#x00ED;culos que recog&#x00ED;a muchas de las peticiones que se hab&#x00ED;an escuchado en las cortes castellanas. En s&#x00ED;ntesis, se estipulaba un control m&#x00E1;s riguroso de la mendicidad (no se prohib&#x00ED;a), autorizando s&#x00F3;lo a los pobres verdaderos y en los pueblos de donde eran naturales (o estaban avecindados). Ten&#x00ED;an que pasar un examen de pobreza y de &#x201C;vida&#x201D; necesario para obtener una licencia para mendigar -de validez anual- dada por el sacerdote de su parroquia y aprobada por el &#x00AB;justicia&#x00BB; del lugar. El resto de la instrucci&#x00F3;n eran las condiciones y excepciones a tener en cuenta en su aplicaci&#x00F3;n. Inter&#x00E9;s especial ten&#x00ED;a el art&#x00ED;culo sexto, que prohib&#x00ED;a la mendicidad infantil, encargando a las autoridades de cada lugar el establecer medidas para el cuidado y educaci&#x00F3;n de estos menores y colocarlos en aprendizaje o servicio dom&#x00E9;stico. Esta medida estaba en perfecto acuerdo tambi&#x00E9;n con las ordenanzas que se estaban dando en el resto de Europa.</p>
<p>Pero la clave la ley era el art&#x00ED;culo duod&#x00E9;cimo, una coda final en contrapunto con el resto de los art&#x00ED;culos, que romp&#x00ED;a la uniformidad mel&#x00F3;dica de la ley al ofrecer aparentemente dos mensajes legales distintos. Frente a todo un articulado anterior que reglamentaba la licitud de la mendicidad con un estricto control y rigor, el art&#x00ED;culo 12 suger&#x00ED;a, por el contrario, que prohibir la mendicidad era un bien superior conveniente y necesario, y f&#x00E1;cilmente alcanzable con s&#x00F3;lo la recta administraci&#x00F3;n de los recursos y fondos de los hospitales e instituciones de asistencia existentes. Y dictaba que esto era lo que se deb&#x00ED;a hacer, y s&#x00F3;lo donde no fuera posible hacerlo, se aplicase todo lo otro que decretaba la ley, es decir, el permitir mendigar con licencias y severo control.</p>
<p>En s&#x00ED;ntesis, y como dijimos, era la traducci&#x00F3;n hispana de las ordenanzas reformistas que se extend&#x00ED;an por Europa, pero que en nuestra pen&#x00ED;nsula supon&#x00ED;an destapar el espinoso y largo contencioso de la necesaria reforma y unificaci&#x00F3;n hospitalaria, que tantas ampollas levantaba a nivel jur&#x00ED;dico-econ&#x00F3;mico y, adem&#x00E1;s, la &#x00AB;recta administraci&#x00F3;n&#x00BB; que se subrayaba, supon&#x00ED;a plantear la embarazosa cuesti&#x00F3;n de la centralizaci&#x00F3;n del control econ&#x00F3;mico y administrativo de las instancias asistenciales, creando &#x00AB;bolsas o cajas comunes&#x00BB; y la consiguiente prohibici&#x00F3;n total de la mendicidad, que tantos contradictores pod&#x00ED;a encontrar a causa de la cantidad de intereses diversos que hab&#x00ED;a en juego.</p>
<p>Es posible que Tavera, conocedor de las dificultades que pod&#x00ED;an surgir, no se atreviera a dar un edicto real como el que el mismo Carlos V hab&#x00ED;a dictado tan s&#x00F3;lo nueve a&#x00F1;os antes para Flandes sobre la misma cuesti&#x00F3;n. Fuera como fuese, la ley propugnaba las reformas, pero al dejar la aplicaci&#x00F3;n de las medidas en manos de las autoridades eclesi&#x00E1;sticas de cada di&#x00F3;cesis y en los concejos municipales, se dejaba tambi&#x00E9;n la puerta abierta para llevar adelante las reformas all&#x00ED; donde hubiera posibilidades y suficiente capacidad de iniciativa. En ese sentido, hay que reconocer que la redacci&#x00F3;n de la ley permit&#x00ED;a de modo h&#x00E1;bil dar pie a &#x00AB;nuevas&#x00BB; reformas, como realmente se dieron. De hecho, donde se aplic&#x00F3; la ley se hizo siempre en el sentido reformista que establec&#x00ED;a el art&#x00ED;culo duod&#x00E9;cimo. La promulgaci&#x00F3;n de la ley y el modo en que fue aplicada hab&#x00ED;a de provocar el sonado debate sobre los pobres de 1545 entre Domingo de Soto y Juan de Robles.</p>
<p>No obstante, todo parece indicar que, en realidad, acabaron siendo aplicaciones coyunturales, sin acabar de ser concebidas, en general, como una estructura municipal permanente de control de la mendicidad y de centralizaci&#x00F3;n municipal de los recursos e instituciones. De hecho, tras la muerte del cardenal Tavera, acaecida en agosto de 1545, verdadero propulsor y mecenas de las reformas asistenciales en Castilla, todo parece frenarse. Es posible que las resistencias doctrinales y sociales que se hab&#x00ED;an levantado, unidas a las dificultades (econ&#x00F3;micas, institucionales, jur&#x00ED;dicas) con que tropezaban los concejos municipales para implantar estas iniciativas no f&#x00E1;ciles, y sobre todo para mantenerlas y continuarlas, y tambi&#x00E9;n ante la existencia en los grupos de gobierno de una l&#x00F3;gica expectaci&#x00F3;n de lo que sobre el tema de la mendicidad decretara el reci&#x00E9;n inaugurado Concilio de Trento (1545), es posible, dec&#x00ED;amos, que todo el proceso reformista fuera quedando en suspenso. En rigor, desde el mismo comienzo del reinado de Felipe II aparece una moderaci&#x00F3;n cautelar en la aplicaci&#x00F3;n de los art&#x00ED;culos m&#x00E1;s radicales de la pragm&#x00E1;tica promulgada en 1540 por Tavera.</p>
<p>El citado art&#x00ED;culo sexto de la ley prohib&#x00ED;a a los mendigos leg&#x00ED;timos llevar consigo a mendigar a sus hijos u otros ni&#x00F1;os mayores de cinco a&#x00F1;os, con el fin de que no se avezaran al vagabundeo y al oficio de la limosna, exhortando a los prelados y mandando a los &#x00AB;justicias&#x00BB; y a los concejos &#x00AB;<italic>que tengan mucho cuidado de dar buena orden como los dichos ni&#x00F1;os sirvan a algunas personas o aprendan oficios como dicho es y entretanto sean alimentados sin que anden a pedir limosna&#x00BB;</italic> (<italic>Nov&#x00ED;sima Recopilaci&#x00F3;n</italic>, T&#x00ED;t. XXXIX, L-VI), era la versi&#x00F3;n hispana de una disposici&#x00F3;n paralela que, con variaciones locales, estaba incluida en la mayor&#x00ED;a de las ordenanzas reformistas de ciudades europeas<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>, que ven&#x00ED;a asimismo recogida en el edicto de Carlos V y que era una medida no s&#x00F3;lo expuesta, sino animada, alentada y motivada con fuerza en el que fue el &#x00AB;manual&#x00BB; de cabecera del reformismo social de los humanistas, el <italic>De Subventione Pauperum</italic> [<italic>Del socorro de los pobres</italic>](1526) de Juan Luis Vives<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref>.</p>
<p>Uno de los posibles caminos por los que esa &#x00AB;buena orden&#x00BB; probablemente se materializ&#x00F3; en nuestra pen&#x00ED;nsula pudo ser el del amplio movimiento de educaci&#x00F3;n popular de los colegios de doctrinos. No obstante, el origen de estos centros no parece estar en la propia ley de pobres de 1540, sino en la previa existencia en la Espa&#x00F1;a de la primera mitad siglo XVI de un importante movimiento catequ&#x00E9;tico y de educaci&#x00F3;n popular impulsado por Juan de &#x00C1;vila con sus disc&#x00ED;pulos. Ser&#x00ED;an precisamente dos de estos &#x00FA;ltimos (Juan de Lequeitio y Gregorio de Pesquera), laicos ellos, los que apoy&#x00E1;ndose en la coyuntura favorecedora que ofrec&#x00ED;a la nueva ley, tomar&#x00ED;an la iniciativa de extender los colegios de doctrinos<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>.</p>
<p>Juan de &#x00C1;vila fundar&#x00ED;a entre 1535 y 1548, aproximadamente, una verdadera cadena de colegios menores o escuelas de la doctrina. Hay noticia de los de &#x00C9;cija, Baeza, &#x00DA;beda, Beas, Huelma, Cazorla, And&#x00FA;jar, Priego, Granada, Palma y Alcal&#x00E1; de Guadaira. Adem&#x00E1;s de los de Jerez de la Frontera, C&#x00E1;diz y Sevilla, que ser&#x00ED;an obra directa de Juan de Lequeitio. Resulta dif&#x00ED;cil, por la ausencia de datos, precisar en qu&#x00E9; medida o cu&#x00E1;ntas de estas escuelas fueron realmente colegios de doctrinos, es decir, internados o recogimientos de ni&#x00F1;os abandonados y hu&#x00E9;rfanos y no s&#x00F3;lo escuelas de primeras letras y de doctrina. Parece evidente que, en la pr&#x00E1;ctica, algunas fueron de &#x00AB;doctrinos&#x00BB; casi en sentido estricto (Jerez, C&#x00E1;diz, Sevilla), que alguna realizaba la doble funci&#x00F3;n de escuelas populares de doctrina y primeras letras y de recogimiento de doctrinos, y que ciertamente todas estaban abiertas a todos los ni&#x00F1;os, m&#x00E1;s all&#x00E1; de su <italic>circunstancia</italic> social, y eran gratuitas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-27-32517">Mu&#x00F1;oz, 1635 [1964</xref>: 244]).</p>
<p>&#x00C1;vila se hab&#x00ED;a de convertir en los a&#x00F1;os siguientes en el m&#x00E1;ximo difusor de los colegios de ni&#x00F1;os de la doctrina al proponerlos a los padres conciliares de Trento, como un ejemplo de respuesta cristiana y social al problema de la infancia abandonada. En los dos <italic>memoriales</italic> que redact&#x00F3; para el concilio tridentino, en los que analiza los problemas de la Iglesia y la sociedad de su &#x00E9;poca, recoge la cuesti&#x00F3;n concreta de la infancia m&#x00E1;s desabrigada socialmente y plantea posibles soluciones<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>. Entre estos remedios, destacan por su primac&#x00ED;a los que hacen referencia a la instrucci&#x00F3;n del pueblo (y del clero) en doctrina y letras, exponiendo un plan de formaci&#x00F3;n con niveles y modalidades seg&#x00FA;n la tipolog&#x00ED;a de los alumnos y oyentes. Y entre los medios propuestos incluye los colegios de ni&#x00F1;os de la doctrina. <italic>&#x00AB;Muy gran falta hay en Espa&#x00F1;a de doctrina y educaci&#x00F3;n para los ni&#x00F1;os... Para remedio de esto se han comenzado en Espa&#x00F1;a algunos colegios de ni&#x00F1;os g&#x00FC;erfanos y perdidos, donde se les ense&#x00F1;a la doctrina cristiana...&#x00BB;</italic> (n. 25), escribe en el primer memorial a Trento, en 1551, y unos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, en 1561, en el segundo memorial, al exponer la importancia de la ense&#x00F1;anza de la doctrina cristiana y de la creaci&#x00F3;n de escuelas de primeras letras en los pueblos, volver&#x00ED;a a exponer de nuevo el tema de los doctrinos<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>, proponiendo, a causa de los buenos resultados experimentados en Espa&#x00F1;a, su expansi&#x00F3;n por toda la cristiandad<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref>.</p>
<p>Si Juan de &#x00C1;vila est&#x00E1;, pues, en el origen, son dos laicos, dirigidos suyos, como dijimos, los que expandir&#x00E1;n el modelo. El proceso se inicia con el de Valladolid en noviembre de 1542, acompa&#x00F1;ando la aplicaci&#x00F3;n de las ordenanzas reformistas promulgadas por la ley Tavera (1540), le seguir&#x00E1; el de Madrid en 1543, y va a continuar con todo un proceso de creaci&#x00F3;n de estos colegios por el resto de la pen&#x00ED;nsula en los a&#x00F1;os siguientes. Los promotores itinerantes son, en principio, Lequeitio y Pesquera (desde 1542), a los que vendr&#x00E1; a sumarse Pedro Dom&#x00E8;nech, un sacerdote a caballo entre Roma y Lisboa, muy pr&#x00F3;ximo -sin ser jesuita- a Ignacio de Loyola, y que a partir de 1549 iniciar&#x00E1; el establecimiento de nuevos centros en tierras portuguesas. Por lo dem&#x00E1;s, el propio Pesquera fundar&#x00E1; tambi&#x00E9;n en Nueva Espa&#x00F1;a un colegio de doctrinos, en la propia ciudad de M&#x00E9;xico, el de San Juan de Letr&#x00E1;n, a finales de 1546 o comienzos de 1547. El primer colegio para la infancia mestiza, ileg&#x00ED;tima, hu&#x00E9;rfana y abandonada que hubo en Am&#x00E9;rica. Fuente de inspiraci&#x00F3;n y posible semillero de otras fundaciones que siguieron por los virreinatos americanos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-13-32517">G&#x00F3;mez Canedo, 1982</xref>). En 1554, a s&#x00F3;lo doce a&#x00F1;os del inicio de las fundaciones, por una carta que el propio Gregorio de Pesquera escribe a Ignacio de Loyola, sabemos que ya se hab&#x00ED;an fundado &#x00AB;<italic>m&#x00E1;s de veynte casas de recogimiento de ni&#x00F1;os, en los dichos reynos</italic> [Castilla]<italic>, y otros fuera d&#x00E9;l, ans&#x00ED; en Portugal como en Arag&#x00F3;n, y en Catalunia, y en Yndias...</italic>&#x00BB;<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>. Y parece evidente, a la vista de los datos que van apareciendo, que no estuviera amplificando la realidad en absoluto. Por lo que, creemos que se puede hablar con propiedad de la existencia de una <italic>red</italic> de centros de <italic>educaci&#x00F3;n popular</italic> en expansi&#x00F3;n por toda nuestra geograf&#x00ED;a en el siglo XVI.</p>
<p>Un posible mapa de los colegios de ni&#x00F1;os y ni&#x00F1;as de la doctrina en la pen&#x00ED;nsula para los siglos XVI y XVII, con noticias documentadas, tanto en fuentes primarias como secundarias, si bien a veces parciales y sin dataci&#x00F3;n exacta siempre, ser&#x00ED;a el que ofrecemos provisionalmente en la <xref ref-type="fig" rid="fig-2-32517">Figura 2</xref>.</p>
<fig id="fig-2-32517">
<label>Figura 2.</label>
<caption><title>Expansi&#x00F3;n de Colegios de Doctrinos por la Pen&#x00ED;nsula Ib&#x00E9;rica. Mapa provisional. En azul se indican las fundaciones escolares de Juan de &#x00C1;vila</title></caption>
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</fig>
</sec>
<sec id="sec-3-32517">
<label>3.</label>
<title>Segundo periodo (1570-1608)</title>
<p>El segundo periodo reformista habr&#x00ED;a que situarlo entre 1570 y 1608, y coincide con las primeras etapas de lo que se ha venido a llamar la pol&#x00ED;tica del &#x00AB;encierro de pobres&#x00BB; en Europa, donde se inicia casi una d&#x00E9;cada antes. Fue, en cierto modo, una evoluci&#x00F3;n l&#x00F3;gica de las anteriores medidas urbanas de control y prohibici&#x00F3;n de la mendicidad, que, en realidad, conten&#x00ED;an ya en sus estatutos el embri&#x00F3;n del modelo de &#x00AB;recogimiento o reclusi&#x00F3;n&#x00BB;.</p>
<p>Las iniciativas de reforma en este periodo surgieron en un contexto doctrinal y legislativo poco favorable a las innovaciones asistenciales, ya que, aunque el Concilio de Trento (1545-1563) no estableci&#x00F3; una clara postura oficial de la Iglesia ante el problema de la mendicidad ni emiti&#x00F3; un juicio sobre las nuevas pol&#x00ED;ticas urbanas de pobres, ya que el tema no fue tratado en modo alguno en las sesiones conciliares, a pesar de las expectativas despertadas, s&#x00ED; que fue abordada la cuesti&#x00F3;n de la necesaria reforma de las instituciones hospitalarias y ben&#x00E9;ficas, que, en cierto modo, pod&#x00ED;a considerarse estrechamente relacionada. Sobre este punto, tratado en la &#x00FA;ltima sesi&#x00F3;n del concilio, el contenido podr&#x00ED;a resumirse en el establecimiento de un r&#x00E9;gimen de mayor control de la gesti&#x00F3;n para evitar abusos (inspecciones por parte de los obispos, rendimiento de cuentas de los administradores, renovaci&#x00F3;n temporal de los cargos&#x2026;) y la admisi&#x00F3;n de la posibilidad de reconversiones y unificaciones hospitalarias en funci&#x00F3;n de las necesidades y circunstancias. De todos modos, no se hac&#x00ED;a concesi&#x00F3;n alguna a las autoridades seculares (fuesen municipales o estatales). Los reformadores, cuando fuese necesario, ser&#x00ED;an &#x00FA;nicamente los prelados, verdaderos &#x00AB;padres de pobres&#x00BB; en sus di&#x00F3;cesis<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref>.</p>
<p>Los decretos conciliares se convirtieron en breve en leyes del reino (1564) y se iniciaron las convocatorias de concilios territoriales en las provincias eclesi&#x00E1;sticas para la aplicaci&#x00F3;n de los nuevos c&#x00E1;nones<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref>. En el caso de las &#x00AB;leyes de pobres&#x00BB; se daba una contradicci&#x00F3;n entre lo que dispon&#x00ED;a la reformista ley de 1540 y las nuevas orientaciones, por lo que en 1565 se promulgaba una nueva pragm&#x00E1;tica (<italic>&#x00AB;Nueva orden para el recogimiento de los pobres, y socorro de los verdaderos&#x00BB;</italic>), que era una reedici&#x00F3;n de la ley Tavera, totalmente id&#x00E9;ntica, pero sin el pol&#x00E9;mico art&#x00ED;culo duod&#x00E9;cimo. Lo que indica que el &#x00FA;nico objetivo de la nueva orden era adaptar la ley a la norma conciliar, suprimiendo la posibilidad legal de la inspecci&#x00F3;n, centralizaci&#x00F3;n y control &#x00AB;municipal&#x00BB; de las rentas hospitalarias y de las instituciones ben&#x00E9;ficas, que era el principal punto de contraposici&#x00F3;n de la vieja ley con los decretos tridentinos, que no negaban la posibilidad de reformas, pero intentaban evitar innovaciones radicales como las llevadas a cabo en los a&#x00F1;os veinte en Europa y en los cuarenta en Castilla.</p>
<p>Y, no obstante, a pesar del evidente freno que supon&#x00ED;a esta legislaci&#x00F3;n no favorable al intervencionismo secular y del desprestigio ideol&#x00F3;gico que pod&#x00ED;a suponer para los defensores del mismo, Trento habr&#x00ED;a provocado al mismo tiempo el despertar de la conciencia de una necesaria reforma de todos los estamentos de una sociedad cristiana, advertida cada vez como m&#x00E1;s urgente. Era el ideal de reforma del pueblo cristiano: &#x00AB;<italic>reforma en la cabeza y en los miembros</italic>&#x00BB;. Una conciencia de indispensable renovaci&#x00F3;n y purificaci&#x00F3;n de las costumbres que, al margen de las iniciativas no estatales que se dieron en muchos campos, encontrar&#x00ED;a un espacio en la propia estructura consultiva y gubernativa de Felipe II a trav&#x00E9;s de la llamada &#x00AB;Junta de Reformaci&#x00F3;n&#x00BB;, que ya desde los comienzos de su reinado ven&#x00ED;a gestionando las reformas eclesi&#x00E1;sticas, y que a partir de los a&#x00F1;os setenta se encargar&#x00ED;a tambi&#x00E9;n del estudio de los asuntos de reforma civil y social (<xref ref-type="bibr" rid="ref-1-32517">Alvar Ezquerra, 1997</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-11-32517">Garc&#x00ED;a-Or&#x00F3; &#x0026; Portela Silva, 1998</xref>), convirti&#x00E9;ndose en el &#x00F3;rgano receptor e impulsor de numerosos memoriales, estudios y proyectos en busca de la transformaci&#x00F3;n de numerosas realidades de vida hispana.</p>
<p>De todos modos, y m&#x00E1;s all&#x00E1; de la legislaci&#x00F3;n y de las sensibilidades m&#x00E1;s o menos colectivas, la pobreza cotidiana era una realidad constantemente presente y que iba en aumento. La situaci&#x00F3;n en la pen&#x00ED;nsula ib&#x00E9;rica hab&#x00ED;a seguido agrav&#x00E1;ndose a lo largo de la segunda mitad del siglo XVI, y de modo especial el periodo que nos ocupa vivi&#x00F3; una ola de repetidas crisis de subsistencias y epidemias, destacando la &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada del siglo por la intensidad de las dificultades. A lo que habr&#x00ED;a que a&#x00F1;adir el declive general de la vida econ&#x00F3;mica del pa&#x00ED;s, en la que el Estado ven&#x00ED;a jugando un papel demoledor con su serie continua de quiebras (1557, 1576, 1596 y 1607), su obligada reconversi&#x00F3;n recurrente de la deuda flotante en deuda consolidada, hipotecando la exigua hacienda p&#x00FA;blica, y a&#x00F1;adiendo el aumento de las cargas impositivas, que llegaron a duplicarse a lo largo del periodo. El resultado fue un significativo empobrecimiento general y la emergencia de las llamativas manifestaciones negativas de sus consecuencias sociales: paro, inmigraci&#x00F3;n interior, mendicidad y vagabundeo, abandono infantil, desviaciones sociales y criminalidad.</p>
<p>Y es precisamente en este periodo cuando ver&#x00E1;n la luz los proyectos de Miguel de Giginta (1576-79) y de Crist&#x00F3;bal P&#x00E9;rez de Herrera (1595-98), los dos planes institucionales m&#x00E1;s ambiciosos que se idearon para &#x00AB;remedio de pobres&#x00BB; en la Espa&#x00F1;a de los Austrias, a los que habr&#x00ED;a que sumar, ya en la primera d&#x00E9;cada del siglo XVII, la creaci&#x00F3;n, por parte de la Madre Magdalena de San Jer&#x00F3;nimo, de las Galeras para mujeres, una red de instituciones de encierro espec&#x00ED;ficas para intentar frenar el aumento de las desviaciones sociales femeninas. Con todos ellos, pero de modo especial con Giginta, se iniciaban en Espa&#x00F1;a las pol&#x00ED;ticas de &#x00AB;recogimiento&#x00BB; de pobres (<xref ref-type="fig" rid="fig-3-32517">Figura 3</xref>).</p>
<fig id="fig-3-32517">
<label>Figura 3.</label>
<caption><title>Esquema del segundo periodo reformista</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-3-32517.jpg"/>
</fig>
<p>El <italic>Tratado de remedio de pobres</italic> de Miguel de Giginta ver&#x00ED;a la luz en 1579, pero su <italic>Memorial</italic>, en el que planteaba de modo resumido su plan a las Cortes de Castilla, estaba datado en 1576<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref>. Es el promotor de las llamadas Casas de Misericordia, las primeras instituciones de recogimiento de pobres y mendigos en territorio hisp&#x00E1;nico, para las que propone un equilibrado e integrador plan educador, laboral y asistencial, conjugado con un dise&#x00F1;o arquitect&#x00F3;nico que preanuncia el panoptismo de Bentham. Pero lo importante es la profunda veta de humanismo cristiano que aflora por todo el <italic>Tratado</italic>, y en el que se fundamenta su reformismo institucional, desde el nivel de austeridad y sencillez de la &#x00AB;casa&#x00BB; al &#x00E1;mbito de administraci&#x00F3;n y gesti&#x00F3;n del personal. Un humanismo desde el que con una claridad apasionada y notable vigor argumentativo realiza una dura cr&#x00ED;tica a todas las estructuras de poder por su indiferencia ante el problema humano de la pobreza, y que, junto a la cr&#x00ED;tica, ofrece un sereno y equilibrado proyecto de intervenci&#x00F3;n que mereci&#x00F3; una amplia aceptaci&#x00F3;n entre los miembros de las Cortes y del Consejo Real, recibiendo la aprobaci&#x00F3;n del monarca. No obstante, s&#x00F3;lo se erigir&#x00ED;an tres casas en vida de Giginta (Toledo, Madrid y Barcelona), de las cuales s&#x00F3;lo la de la capital catalana pervivir&#x00ED;a a lo largo de los siglos modernos.</p>
<p>El programa educador de estas instituciones se compon&#x00ED;a de &#x00AB;instrucci&#x00F3;n&#x00BB; (doctrina cristiana, oficio y letras), &#x00AB;trabajo&#x00BB; y &#x00AB;recreaci&#x00F3;n&#x00BB;. La formaci&#x00F3;n religiosa inclu&#x00ED;a la ense&#x00F1;anza de la doctrina y el ejercicio diario y semanal de algunos actos piadosos (oraciones al comienzo y fin del d&#x00ED;a, bendici&#x00F3;n en las comidas, misa en los d&#x00ED;as festivos y algunas charlas de catequesis a continuaci&#x00F3;n. Tambi&#x00E9;n habr&#x00ED;a un lector de doctrina cristiana en los ratos de despu&#x00E9;s de la comida, a modo de repeticiones de la catequesis semanal. Se procurar&#x00ED;a que, a sus tiempos, se confesaran y comulgaran los que estuvieran preparados, bien en la casa o en la parroquia). La formaci&#x00F3;n &#x201C;profesional&#x201D; y de &#x201C;letras&#x201D; se resum&#x00ED;a a unos humildes talleres de oficios, con un oficial a su cargo, para los muchachos internos, de acuerdo con sus inclinaciones y voluntad, hasta que fueran colocados con amos. <italic>&#x201C;A los que fueran para letras&#x201D;</italic> se les dar&#x00ED;an dos horas de clase diarias a primera hora de la ma&#x00F1;ana, para aprender a leer, escribir y contar, <italic>&#x201C;y todo el restante tiempo trabajen, sin hacer fraude a la obra, con achaque de estudio&#x201D;</italic>. El maestro tendr&#x00ED;a que ser alg&#x00FA;n mendigo de la casa que supiera de letras y que tambi&#x00E9;n ser&#x00ED;a el lector de la doctrina, y si no fuera posible, que viniera un pobre vergonzante (alg&#x00FA;n pobre con letras del pueblo), que deber&#x00ED;a tener salario o limosna por su labor. Y a las muchachas y las j&#x00F3;venes se les ense&#x00F1;ar&#x00ED;a en general todas &#x201C;<italic>las cosas de aguja</italic>&#x201D; (tejer lienzo, cintas, pasamanos, hacer botones, mangas, medias calzas&#x2026;). Giginta ve&#x00ED;a en esta preparaci&#x00F3;n una ayuda no despreciable que mejorar&#x00ED;a sus expectativas tanto a la hora de colocarse con amas, como al contraer matrimonio.</p>
<p>El resto de los internos se ocupar&#x00E1;n en los trabajos de lana o seda o esparto, conforme al tiempo y al lugar. Todos, sin excepci&#x00F3;n, hombres y mujeres, deber&#x00ED;an trabajar con un horario moderado y seg&#x00FA;n sus fuerzas. Esta ser&#x00ED;a la segunda caracter&#x00ED;stica del proyecto educativo: el trabajo, visto como elemento formador y forjador del car&#x00E1;cter y como medio para sustentar las instituciones (e incluso como medio para proveer un salario y capacidad de ahorro en vistas a la egresi&#x00F3;n de los acogidos). Las casas de misericordia deber&#x00ED;an ser siempre una colonia de &#x201C;manufacturas&#x201D; y &#x201C;talleres&#x201D;. Al trabajo, a&#x00F1;ade Giginta la dimensi&#x00F3;n de la &#x00AB;recreaci&#x00F3;n&#x00BB;, como un b&#x00E1;lsamo que intenta suavizar el &#x00AB;recogimiento&#x00BB; y el &#x00AB;moderado trabajo&#x00BB; que, para algunos internos, acostumbrados a vivir sin sujeci&#x00F3;n ni v&#x00ED;nculos, puede resultar m&#x00E1;s dificultoso. Pero, visto tambi&#x00E9;n, tanto por Giginta como por sus cr&#x00ED;ticos coet&#x00E1;neos, como un medio excelente de instrucci&#x00F3;n no formal (por el conjunto de interesantes actividades propuestas para esos tiempos de ocio).</p>
<p>El testigo lo recoger&#x00E1; Crist&#x00F3;bal P&#x00E9;rez de Herrera, que en 1592 empieza a dar forma al mayor plan general de pol&#x00ED;tica de pobres que se va a conocer en la Espa&#x00F1;a de los siglos XVI y XVII. En 1595 somete la primera parte de su propuesta a las Cortes, donde es acogida favorablemente, elev&#x00E1;ndose un memorial al rey ponderando los beneficios de las medidas presentadas. Y tras una primera edici&#x00F3;n de su plan en ese a&#x00F1;o, publicar&#x00E1; una completa y m&#x00E1;s amplia versi&#x00F3;n en 1598 (<italic>Discursos del Amparo de los leg&#x00ED;timos pobres y reducci&#x00F3;n de los fingidos</italic>)<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref>. No es posible resumir aqu&#x00ED;, ni siquiera enumerar, las disposiciones del plan general del protom&#x00E9;dico P&#x00E9;rez de Herrera, pero habr&#x00ED;a que indicar que intenta ser una respuesta completa y diversificada a las distintas necesidades existentes y a los distintos colectivos de <italic>pauperes</italic>, considerados en su tipolog&#x00ED;a, sexo y edad. En muchos casos, con enorme sentido com&#x00FA;n y pr&#x00E1;ctico, la actitud de nuestro protom&#x00E9;dico es la simple reactualizaci&#x00F3;n y aprovechamiento de todas aquellas medidas legales que ya existen y funcionan, volvi&#x00E9;ndolas a poner en todo su vigor, recuperando y creando cuando fuera necesario figuras y oficiales municipales (padre de pobres, de mozos, de trabajadores, alguacil de vagabundos, protector de hu&#x00E9;rfanos, etc.) que renueven la eficacia de las funciones, y en otros casos aportando &#x00AB;novedades&#x00BB; sustantivas y sugerentes, fundamentalmente para los colectivos femenino e infantil. En el tema de la mendicidad propon&#x00ED;a su control (de acuerdo con la vigente pragm&#x00E1;tica de 1565) y la creaci&#x00F3;n de los &#x00AB;Albergues de pobres&#x00BB;, que ten&#x00ED;an en cuenta algunas de las caracter&#x00ED;sticas de las instituciones de Giginta, pero que supon&#x00ED;an un nuevo modelo institucional para los mendigos leg&#x00ED;timos, consistente en ser solamente un &#x00AB;refugio nocturno&#x00BB; que ofreciera descanso y seguridad, e intentara aportar elementos de formaci&#x00F3;n religiosa y moral. Por la ma&#x00F1;ana quedar&#x00ED;an libres para, con sus insignias y licencias visibles, poder mendigar y ganar su sustento, recogi&#x00E9;ndose de nuevo al anochecer en el albergue, que contar&#x00ED;a con departamentos separados por sexos. Todos los elementos materiales ser&#x00ED;an sencillos, evit&#x00E1;ndose as&#x00ED; el coste de la manutenci&#x00F3;n y descargando notablemente los problemas econ&#x00F3;micos de personal y de r&#x00E9;gimen interno que tanto hab&#x00ED;an obstaculizado el funcionamiento de otros proyectos. El plan se intent&#x00F3; poner en pr&#x00E1;ctica parcialmente en 1597 (Sevilla, Madrid y Valladolid), aunque s&#x00F3;lo se lleg&#x00F3; a abrir un albergue en Madrid. Al a&#x00F1;o siguiente, 1598, mor&#x00ED;a Felipe II, y con &#x00E9;l perd&#x00ED;a P&#x00E9;rez de Herrera su principal apoyo para llevar adelante su reforma. Pr&#x00E1;cticamente nada se consigui&#x00F3; a partir de esa fecha a nivel oficial, pero la amplia difusi&#x00F3;n del plan y su adaptaci&#x00F3;n a la realidad legislativa y usos existentes en las respuestas sociales, favorecieron que a lo largo del XVII algunas ciudades aplicaran parte de las medidas de su propuesta, de modo que todav&#x00ED;a en los catastros de mediados del siglo XVIII, se encuentran declaraciones de ciudades y villas de que poseen un sencillo &#x00AB;albergue u hospicio de pobres&#x00BB;, cuyas descripciones encajan en gran parte con el proyecto de nuestro autor.</p>
<p>En el tema concreto de la asistencia y reeducaci&#x00F3;n infantil, cuenta, en primer lugar, con hacer uso de la red ya existente de los Colegios de Doctrinos, pero reform&#x00E1;ndolos para que fueran m&#x00E1;s eficaces en su finalidad y colocaran m&#x00E1;s r&#x00E1;pidamente en oficios a sus acogidos, sin entretenerlos con estancias largas que reduc&#x00ED;an las plazas disponibles y que dificultaban el acceso. Para los dem&#x00E1;s ni&#x00F1;os y ni&#x00F1;as desamparados y desabrigados, cree que, para los m&#x00E1;s peque&#x00F1;os, lo ideal ser&#x00ED;a nombrar en los municipios a un <italic>Protector de Hu&#x00E9;rfanos</italic> con la funci&#x00F3;n de acomodar y distribuir a todos los que fueran menores de 7 a&#x00F1;os en las familias medias y notables del lugar y cercan&#x00ED;as, para que los criaran y los pusieran a su debido tiempo en oficios. Y cuando esto no fuere posible, como &#x00FA;ltima medida antes de que permaneciesen abandonados a s&#x00ED; mismos, los deber&#x00ED;a depositar en los hospitales y en la secci&#x00F3;n de mujeres de los Albergues de Pobres que existiesen en la zona, quedando al cargo de estas (cada una responsable de uno -de su aseo y cuidados- y que pudieren salir a mendigar con ellas), para colocarlos a partir de esa edad -siete a&#x00F1;os, para que no se acostumbraran a la mendicidad, en oficios o servicio. Y los que ya fueren mayores de 7 a&#x00F1;os deber&#x00ED;an ser puestos por los &#x00AB;justicias&#x00BB; de cada lugar con contratos de aprendizaje o dom&#x00E9;sticos.</p>
<p>Para los mayores (de 10 a 14 a&#x00F1;os) propone un abanico de posibilidades al servicio de los intereses de pa&#x00ED;s: a unos, los m&#x00E1;s robustos, los destinar&#x00ED;a a la Armada, para que se formaran como expertos marineros, lo cual ya se estaba haciendo en Galicia (<italic>Amparo</italic>, 105). Otros podr&#x00ED;an aplicarse a ocupaciones y empleos vinculados con el ej&#x00E9;rcito y el &#x00E1;mbito castrense, o aprender diversos oficios convenientes a la rep&#x00FA;blica, entre ellos, por ejemplo, el manejo de telares y de fabricaci&#x00F3;n de tapicer&#x00ED;as...<italic>&#x201C;para revivir las manufacturas textiles&#x201D;</italic> (<italic>Amparo</italic>, 106), algo que tambi&#x00E9;n se estaba ya probando desde 1595 con los telares de Pedro Guti&#x00E9;rrez, instalados frente al Seminario de Santa Isabel en Madrid, que recog&#x00ED;a ni&#x00F1;os y ni&#x00F1;as hu&#x00E9;rfanos de la villa. Esta experiencia concreta tuvo una corta duraci&#x00F3;n y no resurgir&#x00ED;a de nuevo hasta el siglo XVIII. La propuesta tiene un segundo nivel en el que se proyecta el escoger, de entre todos los ni&#x00F1;os ya colocados y destinados, los m&#x00E1;s h&#x00E1;biles y crear para ellos, en las principales ciudades, en las que haya universidades y sean lugares populosos y ricos, algunos seminarios especiales de matem&#x00E1;ticas y otras disciplinas &#x00FA;tiles al Estado. Materias y conocimientos que son b&#x00E1;sicos para el desempe&#x00F1;o de ocupaciones de ingenieros, arquitectos, niveladores, maquinistas, pilotos, artilleros, cirujanos, relojeros, cart&#x00F3;grafos, fabricar artificios de navegaci&#x00F3;n, etc&#x00E9;tera. Todo un conjunto de especializaciones urgentes de las que estaba necesitado, a juicio de Herrera, el reino y el ej&#x00E9;rcito.</p>
<p>En su obra incluye tambi&#x00E9;n, como medida concreta de reeducaci&#x00F3;n femenina, ya que no exist&#x00ED;an correctivos adecuados para las desviaciones sociales de la mujer, la propuesta de la creaci&#x00F3;n de unas &#x00AB;Casas de Trabajo y Labor&#x00BB;, erigidas en las ciudades m&#x00E1;s pobladas, donde se deber&#x00ED;an recluir las mujeres vagabundas, ociosas, delincuentes y de vida airada en general, con penas de uno a diez a&#x00F1;os, o de por vida en alg&#x00FA;n caso. Estas instituciones hab&#x00ED;an de tener un r&#x00E9;gimen interno austero y de trabajo obligatorio, pero todo aplicado con un rigor moderado, ya que <italic>&#x201C;&#x2026;al fin ser&#x00E1;n tratadas en todo como mujeres, que son de m&#x00E1;s delicada naturaleza&#x201D;</italic>, considerando que con estas medidas ser&#x00ED;a m&#x00E1;s que suficiente para poner freno, enmendar la situaci&#x00F3;n y reintegrarlas a la vida social libre.</p>
<p>Esta medida concreta que hab&#x00ED;a quedado esbozada en el proyecto de P&#x00E9;rez de Herrera, se har&#x00ED;a realidad unos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde con la creaci&#x00F3;n en Madrid de la &#x00AB;Galera&#x00BB; en 1604, en un nuevo proyecto de recogimiento femenino delineado y propuesto por la madre Magdalena de San Jer&#x00F3;nimo<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref>, que advierte, coincidiendo con los &#x201C;tratadistas sociales&#x201D; de la &#x00E9;poca, que &#x00AB;<italic>de veinte a&#x00F1;os a esta parte, m&#x00E1;s o menos</italic>&#x00BB;, en concordancia perfecta con la acentuaci&#x00F3;n de la grave crisis que vive el pa&#x00ED;s, se ha producido un &#x00AB;<italic>gran da&#x00F1;o en las costumbres</italic>&#x00BB;, un grave deterioro social que, entre otras formas de desviaci&#x00F3;n, se manifiesta en un aumento enorme de &#x00AB;<italic>la disoluci&#x00F3;n, rotura y libertad de muchas mujeres</italic>&#x00BB;. Un remedio a tanta disoluci&#x00F3;n pod&#x00ED;a ser la Galera, ya que no hab&#x00ED;a &#x00AB;<italic>bastante castigo en Espa&#x00F1;a</italic>&#x00BB; para estas mujeres, por lo que se podr&#x00ED;a crear en cada ciudad una casa para recogerlas y reeducarlas.</p>
<p>Pero la propuesta completa de Magdalena de San Jer&#x00F3;nimo consist&#x00ED;a en la puesta en pr&#x00E1;ctica de dos tipos de medidas. Una, preventiva, que ser&#x00ED;a la fundaci&#x00F3;n de casas de hu&#x00E9;rfanas y abandonadas, y otra, correctora y reeducadora, ser&#x00ED;a la fundaci&#x00F3;n de Galeras. En primer lugar, se trataba de que en las ciudades en que fuera conveniente se crearan unas casas o colegios para ni&#x00F1;as hu&#x00E9;rfanas y abandonadas, donde ser&#x00ED;an educadas y preservadas, prepar&#x00E1;ndolas para colocarlas en servicio dom&#x00E9;stico a su tiempo, de modo que obtuvieran una peque&#x00F1;a dote y pudieran contraer matrimonio. Era esta medida preventiva &#x00AB;<italic>el remedio m&#x00E1;s principal</italic>&#x00BB; para intentar &#x00AB;<italic>atajar el da&#x00F1;o en sus principios</italic>&#x00BB;. Pues una gran mayor&#x00ED;a de las &#x00AB;mujeres perdidas&#x00BB; eran muy j&#x00F3;venes o se hab&#x00ED;an iniciado en su infancia y primera adolescencia (&#x00AB;<italic>muchachas de diez y seis y menos a&#x00F1;os, que no se sustentan de otra cosa sino de mal vivir</italic>&#x00BB; y &#x00AB;<italic>algunas se han topado de diez y a&#x00FA;n de menos a&#x00F1;os estragadas del todo</italic>&#x00BB;). Y, en segundo lugar, para cuando prevenir es ya tarde, era necesaria una medida correctora y reeducadora que se cumplir&#x00ED;a en las &#x00AB;Galeras&#x00BB;, cuya &#x201C;forma y traza&#x201D; bosquejar&#x00ED;a la madre Magdalena para que cumpliera con sus fines correctivos y rehabilitadores.</p>
<p>Las Galeras femeninas fueron progresivamente apareciendo en diferentes ciudades espa&#x00F1;olas a lo largo del XVII y del XVIII, y constituyeron los espacios correctores espec&#x00ED;ficos para mujeres. Se mantendr&#x00ED;an hasta justo la mitad del siglo XIX en que ser&#x00ED;an asumidas por la Direcci&#x00F3;n General de Presidios, pasando a llamarse &#x00AB;Casas de Correcci&#x00F3;n de mujeres&#x00BB;, aplic&#x00E1;ndoles las disposiciones generales de las ordenanzas y reglamentos de presidios.</p>
<p>Con anterioridad a las &#x00AB;Galeras&#x00BB;, surgi&#x00F3; tambi&#x00E9;n, desde el primer tercio del siglo XVI, una revitalizaci&#x00F3;n de toda una red de &#x00AB;casas&#x00BB; para refugio y asilo de mujeres que se encontraban en circunstancias morales y sociales dif&#x00ED;ciles. Fueron las llamadas casas de &#x00AB;arrepentidas&#x00BB;, de &#x00AB;recogidas&#x00BB;, de &#x00AB;penitencia&#x00BB;, reclusorios, refugios, casas de perseverancia o de probaci&#x00F3;n. Muchas eran ya de origen medieval, pero otras emergieron a lo largo de los siglos modernos. Los objetivos eran recoger, reeducar y reinsertar en la vida social. En general, todo este conjunto de iniciativas y experiencias de origen medieval, revivificadas a partir del siglo XVI, aunque su eficacia social pudiera ser limitada, tuvieron el enorme valor simb&#x00F3;lico de intentar dar respuesta a la asistencia social de la mujer y a la desviaci&#x00F3;n social femenina.</p>
</sec>
<sec id="sec-4-32517">
<label>4.</label>
<title>Tercer periodo (1750-1798)</title>
<p>El largo siglo XVII vendr&#x00ED;a a romper con las din&#x00E1;micas reformistas del segundo periodo. La grave depresi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica y la severa crisis demogr&#x00E1;fica, que s&#x00F3;lo empezar&#x00E1;n a remontarse en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas de la centuria, no facilitaron las innovaciones en materia de pobres. El mismo siglo XVIII, que se presenta en sus comienzos como una etapa expansiva marcada por la recuperaci&#x00F3;n del crecimiento demogr&#x00E1;fico y por el moderado progreso de la vida econ&#x00F3;mica, no aport&#x00F3; tampoco nuevas propuestas de soluci&#x00F3;n al problema. Sin embargo, la situaci&#x00F3;n va a ir cambiando progresivamente en la segunda mitad del siglo ilustrado, al comp&#x00E1;s del endurecimiento de la coyuntura econ&#x00F3;mica y del empobrecimiento cada vez mayor de las masas populares. Ser&#x00E1; el inicio del tercer momento m&#x00E1;s intervencionista a nivel social en los siglos modernos espa&#x00F1;oles. En la nueva respuesta, que podr&#x00ED;amos denominar como el &#x00AB;programa social de los ilustrados&#x00BB; se van a dar cita, por una parte, la herencia de la mejor tradici&#x00F3;n reformista del siglo XVI espa&#x00F1;ol (Vives, Robles, Giginta y P&#x00E9;rez de Herrera), y por otra, las numerosas influencias de las realizaciones europeas que se ven&#x00ED;an dando ya en la primera mitad del propio XVIII. Todo adaptado y ajustado a la &#x00AB;doctrina oficial&#x00BB; socioecon&#x00F3;mica de la &#x00E9;poca, cuyos mejores portavoces en nuestro pa&#x00ED;s fueron Ward y Campomanes, y los periodos de mayor reformismo los gobiernos de Aranda (1766-73) y de Floridablanca (1777-92), ambos en el reinado de Carlos III.</p>
<p>Para la doctrina econ&#x00F3;mica de los ilustrados (<xref ref-type="fig" rid="fig-4-32517">Figura 4</xref>), el factor estructurador de la riqueza del pa&#x00ED;s era el aumento de la producci&#x00F3;n nacional, que depend&#x00ED;a esencialmente, no de las materias primas, sino del n&#x00FA;mero de &#x00AB;vasallos &#x00FA;tiles&#x00BB;, que se convert&#x00ED;a en el activo m&#x00E1;s seguro de una naci&#x00F3;n. De modo que el objetivo primero de un &#x00AB;programa social&#x00BB; hab&#x00ED;a de ser el incremento del n&#x00FA;mero de vasallos &#x00FA;tiles a trav&#x00E9;s de la intensificaci&#x00F3;n de las medidas &#x00AB;pol&#x00ED;ticas&#x00BB; y, por supuesto, del acrecentamiento &#x00AB;f&#x00ED;sico&#x00BB; de vasallos. El aumento &#x00AB;pol&#x00ED;tico&#x00BB; supon&#x00ED;a &#x00AB;<italic>desterrar la ociosidad</italic>&#x00BB; y &#x00AB;<italic>ocupar al pueblo</italic>&#x00BB;, promoviendo la incorporaci&#x00F3;n de la mayor parte posible de la poblaci&#x00F3;n al trabajo, y utiliz&#x00F3; para ello dos medios complementarios; por una parte, a trav&#x00E9;s del fomento de la industria popular, especialmente rural, pero tambi&#x00E9;n urbana (<xref ref-type="bibr" rid="ref-14-32517">Gonz&#x00E1;lez Enciso, 1979</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="ref-15-32517">1984</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-28-32517">Negr&#x00ED;n Fajardo, 1987</xref>); toda una falange de ilustrados (autoridades, &#x00AB;ciudadanos celosos&#x00BB;, sociedades de amigos del pa&#x00ED;s, etc.) se comprometieron en una cruzada nacional para convertir al pueblo en fecundos trabajadores (discursos, arengas, sermones, competiciones locales de habilidad y rendimiento laboral, premios, ayudas econ&#x00F3;micas, redes de escuelas de hilar y patri&#x00F3;ticas y un largo etc&#x00E9;tera); por la otra, el dise&#x00F1;o de una pol&#x00ED;tica asistencial y de control social de la pobreza y el vagabundeo, que inclu&#x00ED;a medidas represivas contra los vagos (levas y recogidas), creaci&#x00F3;n de los alcaldes de cuartel y barrio, y de la categor&#x00ED;a de &#x00AB;destino&#x00BB; &#x00FA;til para los recogidos (ej&#x00E9;rcito, armada y hospicios), junto a medidas de car&#x00E1;cter asistencial a trav&#x00E9;s de una &#x00AB;polic&#x00ED;a&#x00BB; de la pobreza (una estructura urbana de diputaciones de barrio y juntas de caridad) con funciones de asistencia material, sanitaria, educativa y laboral para los pobres verdaderos a nivel domiciliario, y que para los sin techo y desvinculados ofrec&#x00ED;a la v&#x00ED;a del ingreso hospicio, que se convirti&#x00F3; en el eje y dep&#x00F3;sito central, verdadero elemento sustantivo de la pol&#x00ED;tica asistencial y de control (<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-32517">Callahan, 1971</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-38-32517">Soubeyroux, 1980</xref>).</p>
<fig id="fig-4-32517">
<label>Figura 4.</label>
<caption><title>Esquema del Programa Social Ilustrado</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-4-32517.jpg"/>
</fig>
<p>La aplicaci&#x00F3;n de estas medidas no fue uniforme ni fruto de un plan totalmente sistem&#x00E1;tico, pero acab&#x00F3; materializ&#x00E1;ndose con gran coherencia interna a partir de las d&#x00E9;cadas de 1760 y 70, especialmente a partir de los motines populares de 1766 (el de Esquilache), que acentuaron las pol&#x00ED;ticas represivas. Pero que, sin embargo, ya a partir de 1780 el ambicioso programa social muestra claros s&#x00ED;ntomas de extenuaci&#x00F3;n, especialmente la pol&#x00ED;tica de hospicios, al ir siendo considerados antiecon&#x00F3;micos e ineficaces para cumplir sus funciones (<xref ref-type="bibr" rid="ref-7-32517">Dom&#x00ED;nguez Ortiz, 1976</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-32517">Callahan, 1978</xref>). No obstante, uno de los nobles aciertos de los ilustrados, recay&#x00F3; en su pol&#x00ED;tica de aumento &#x00AB;f&#x00ED;sico&#x00BB; de vasallos, especialmente en sus medidas particulares a favor de los ni&#x00F1;os exp&#x00F3;sitos y la infancia ileg&#x00ED;tima, que favorecieron una reforma necesaria que incidir&#x00ED;a en el descenso de la grave mortalidad infantil de este colectivo, inici&#x00E1;ndose con relativo &#x00E9;xito en la &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada del siglo XVIII y comienzos del XIX (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-32517">Dom&#x00ED;nguez Ortiz, 1983</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-29-32517">P&#x00E9;rez Moreda, 2005</xref>).</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
<fn id="fn1"><label>1</label> <p>Sobre la cuesti&#x00F3;n, puede verse a <xref ref-type="bibr" rid="ref-39-32517">Tierney (1959)</xref>, quien analiza el concepto de los <italic>decretists</italic> y los &#x00AB;pobres merecedores&#x00BB; (<italic>deserving poor</italic>) (p. 365); tambi&#x00E9;n a <xref ref-type="bibr" rid="ref-34-32517">Ricci (1983)</xref>, que estudia el surgimiento del <italic>pauvre honteux</italic> desde la historia de las ideas y la historia social. En cuanto a la pobreza como desgracia y su valor degradante, resulta fundamental el trabajo de <xref ref-type="bibr" rid="ref-25-32517">Mart&#x00ED;n (1973)</xref>. Para una visi&#x00F3;n de conjunto, puede consultarse <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-32517">Geremek (1989</xref>, pp. 33&#x2013;39).</p></fn>
<fn id="fn2"><label>2</label> <p>Cortes de los a&#x00F1;os 1518 y 1523 (Valladolid), 1525 (Toledo) y 1528 y 1534 (Madrid). <italic>Cortes de los antiguos reinos de Le&#x00F3;n y de Castilla</italic>, 1883-1903.</p></fn>
<fn id="fn3"><label>3</label> <p>V&#x00E9;anse las s&#x00ED;ntesis generales en <xref ref-type="bibr" rid="ref-16-32517">Gutton (1974)</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-20-32517">J&#x00FC;tte (1981)</xref>; los cap&#x00ED;tulos dedicados al tema en <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-32517">Geremek (1989)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="ref-36-32517">Santolaria (1997)</xref>; y el actualizado estudio de <xref ref-type="bibr" rid="ref-45-32517">Zorroza y Herrera (2020)</xref>. Existen, adem&#x00E1;s, excelentes estudios espec&#x00ED;ficos sobre reformas concretas por regiones y pa&#x00ED;ses.</p></fn>
<fn id="fn4"><label>4</label> <p>Por ejemplo, en los estatutos de la ciudad de Ypres (fol. 18) se recoge la siguiente disposici&#x00F3;n:</p>
<p>&#x00AB;Tambi&#x00E9;n se ha de procurar especialmente entre las dem&#x00E1;s cosas esto, que a los adolescentes (a cada uno seg&#x00FA;n su naturaleza) o bien los dirijan a las escuelas, donde al mismo tiempo reciban a Cristo y aprendan las buenas letras; o bien los destinen a las artes mec&#x00E1;nicas (si son rudos de ingenio), donde al cuidado de artesanos aprendan cualquier trabajo, bien de construcci&#x00F3;n o sedentario, con el que se preparen para toda la vida. Este hecho finalmente les aportar&#x00E1; un beneficio doble: a saber, a los adolescentes, el provecho de la actividad, y a la ciudad la fama de un ocio no concedido. Ciertamente Jenofonte acertadamente transmite que la principal esperanza de la rep&#x00FA;blica est&#x00E1; situada en la educaci&#x00F3;n honesta de los ni&#x00F1;os, e interesa mucho que se formen en las costumbres y en las artes. En realidad, es m&#x00E1;s estar bien formados que ser bien nacidos.&#x00BB; (V&#x00E9;ase <xref ref-type="bibr" rid="ref-45-32517">Zorroza y Herrera, 2020</xref>, p. 190).</p></fn>
<fn id="fn5"><label>5</label> <p>El generoso planteamiento de Vives propon&#x00ED;a para los varones, adem&#x00E1;s del nivel elemental de letras y doctrina, un nivel superior de estudios para los aplicados y la posibilidad de que los centros se convirtieran en semilleros (<italic>seminarios</italic>) de vocaciones sacerdotales; inclu&#x00ED;a asimismo la formaci&#x00F3;n en letras para las ni&#x00F1;as (&#x00AB;Y t&#x00F3;mese todo esto [el programa de los muchachos] por dicho de la escuela de las ni&#x00F1;as&#x00BB;). A&#x00F1;ade incluso, en el primer texto del <italic>De Subventione</italic> (marzo de 1526): &#x00AB;Entre las cuales [las ni&#x00F1;as], si alguna es h&#x00E1;bil para las letras, d&#x00E9;jenla pasar adelante, como a la gram&#x00E1;tica y artes liberales, con tal que todo se enderece a buen fin y santas costumbres&#x00BB;. Esta formulaci&#x00F3;n ser&#x00ED;a corregida en la edici&#x00F3;n oficial de septiembre del mismo a&#x00F1;o, quedando en: &#x00AB;Si alguna tuviere vocaci&#x00F3;n para las letras y el estudio, d&#x00E9;jesela en este punto pasar un poco m&#x00E1;s adelante, siempre que todo se enderece a la mejora de las costumbres&#x00BB; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-41-32517">Vives, 2006</xref>, p. 190).</p>
<p>La propuesta de Vives para la educaci&#x00F3;n femenina popular inclu&#x00ED;a, adem&#x00E1;s de las letras, la ense&#x00F1;anza de la doctrina (con sanas opiniones y esp&#x00ED;ritu de piedad), los <italic>mores</italic> (modestia, templanza, afabilidad, pudor y castidad) y, finalmente, el aprendizaje de hilar, coser, tejer, bordar y gobernar la casa. En realidad, la inclusi&#x00F3;n de letras y gram&#x00E1;tica &#x2014;latina, se entiende&#x2014;, e incluso de las artes liberales, aunque fue suavizada en la edici&#x00F3;n vivista, era un tema com&#x00FA;n entre los humanistas, especialmente al pensar en los nuevos grupos del patriciado urbano. A modo de ejemplo, pueden recordarse los <italic>Colloquia</italic> de Erasmo, donde aparecen numerosas mujeres que, para fastidio de todos los convencionalismos, hablan con ingenio y muestran una formaci&#x00F3;n y criterios superiores a los varones; o el caso de Tom&#x00E1;s Moro y la educaci&#x00F3;n que dio a su hija.</p>
<p>La edici&#x00F3;n de la obra de Vives realizada por Joaquim Parellada parte de un manuscrito del siglo XVI con la traducci&#x00F3;n in&#x00E9;dita del <italic>De Subventione</italic> realizada por Bernardo P&#x00E9;rez de Chinch&#x00F3;n, can&#x00F3;nigo de Gand&#x00ED;a, coet&#x00E1;neo y conocido de Vives, y como &#x00E9;l, de origen converso. Esta traducci&#x00F3;n corresponde a la versi&#x00F3;n primera de marzo de 1526, en Brujas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-41-32517">Vives, 2006</xref>).</p></fn>
<fn id="fn6"><label>6</label> <p>Sobre el tema, v&#x00E9;ase <xref ref-type="bibr" rid="ref-33-32517">Rinc&#x00F3;n, Pulido y Soria (2021</xref>, pp. 389&#x2013;421); as&#x00ED; como la documentaci&#x00F3;n editada en &#x00AB;Los Colegios de Doctrinos o de Ni&#x00F1;os de la Doctrina Cristiana. Nuevos datos y fuentes documentales para su estudio&#x00BB; (<italic>Hispania</italic>, 1996, 56[1], 267&#x2013;290). Sobre el contexto educativo popular, pueden consultarse los estudios reunidos en <italic>La formation de l&#x2019;enfant en Espagne aux XVIe et XVIIe si&#x00E8;cles: Colloque international, Sorbonne et Coll&#x00E8;ge d&#x2019;Espagne, 25&#x2013;27 septembre 1995</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="ref-31-32517">A. Redondo, Ed., 1996</xref>). En relaci&#x00F3;n con la formaci&#x00F3;n de los hu&#x00E9;rfanos, resulta fundamental Trop&#x00E9; (1998). Para una visi&#x00F3;n de conjunto sobre la escolarizaci&#x00F3;n en el siglo XVI, v&#x00E9;anse <xref ref-type="bibr" rid="ref-21-32517">Kagan (1981</xref>, pp. 13&#x2013;31), <xref ref-type="bibr" rid="ref-40-32517">Vi&#x00F1;ao (1993</xref>, pp. 159&#x2013;170) y <xref ref-type="bibr" rid="ref-2-32517">Bartolom&#x00E9; (1995</xref>, pp. 612&#x2013;630).</p></fn>
<fn id="fn7"><label>7</label> <p>Los <italic>Memoriales</italic> fueron entregados a su amigo el arzobispo de Granada, D. Pedro Guerrero, que asisti&#x00F3; al Concilio de Trento. Est&#x00E1;n publicados en el tomo VI de sus <italic>Obras Completas</italic> (1970-71); [<italic>Memorial Primero</italic> (1551)] o <italic>Reformaci&#x00F3;n de estado eclesi&#x00E1;tico</italic> y [<italic>Memorial Segundo</italic> (1561)] o <italic>Causas y remedios de las herej&#x00ED;as</italic>. (Citaremos indicando el n&#x00FA;mero de p&#x00E1;rrafo).</p></fn>
<fn id="fn8"><label>8</label> <p>&#x00AB;Otros ni&#x00F1;os hay pobres y hu&#x00E9;rfanos; y, si tienen padre o madre, es como si no los tuviesen, y cr&#x00ED;anse sin doctrina e sin ayuda para la virtud, y caen en malas compa&#x00F1;&#x00ED;as y en feos pecados; y de estos tales suelen salir hombres perdidos, ladrones, blasfemos y perjudiciales a la rep&#x00FA;blica. La perdici&#x00F3;n de los tales es tanta, que en las partes de Espa&#x00F1;a ha movido a muchas personas a recogerlos en algunos hospitales desocupados, y en otras casas tambi&#x00E9;n; y all&#x00ED; los doctrinan y corrigen; y despu&#x00E9;s de cierto tiempo los ponen con amos para que los sirvan o les ense&#x00F1;en oficio, y as&#x00ED; se gana gente que tan perdida estaba&#x00BB; (n. 55).</p>
<p>&#x00AB;Tambi&#x00E9;n hay ni&#x00F1;as hu&#x00E9;rfanas desamparadas, como ni&#x00F1;os; y, por ser su peligro m&#x00E1;s cierto, ha menester mayor remedio; y ser&#x00ED;a recogerlas en alguna casa con alguna buena maestra, seg&#x00FA;n se dijo de los ni&#x00F1;os, y sacarlas de all&#x00ED; cuando fuese tiempo para ponerlas con amas o ense&#x00F1;arles oficios con que se mantuviesen. Tambi&#x00E9;n se ha comenzado a hacer esta obra en Espa&#x00F1;a&#x00BB; (<italic>Memorial segundo</italic>, 1561, n. 56).</p></fn>
<fn id="fn9"><label>9</label> <p>&#x00AB;Y hace mucho al caso, para entender en ella, haberse experimentado en algunas partes, y haberse seguido mucho fructo de ella&#x00BB;. &#x00AB;Conviene que, pues es tan provechosa y tan necesaria para el bien de los ni&#x00F1;os y de la rep&#x00FA;blica, se d&#x00E9; orden en el concilio c&#x00F3;mo esta obra se conserve en las partes donde la hay y se haga de nuevo en todas las partes o en las m&#x00E1;s principales&#x00BB; (n. 55). El coste econ&#x00F3;mico de la empresa, a&#x00F1;ade &#x00C1;vila, &#x00AB;se debe encargar a ambos brazos&#x00BB;, tanto a la autoridad civil &#x2014;por lo que toca al bien de la rep&#x00FA;blica, pues &#x00AB;los malos hombres se hacen de malos muchachos&#x00BB;&#x2014; como a los obispos, por tratarse de cristianos y hu&#x00E9;rfanos necesitados de doctrina y asistencia. Llama la atenci&#x00F3;n la importancia fundamental que concede &#x00C1;vila a la tarea educadora, religiosa e instructiva de la infancia y juventud como piedra sillar de toda reforma verdadera: &#x00AB;Si la Iglesia se ha de reformar, por aqu&#x00ED; ha de ser el principio, y &#x00E9;ste bien fundado, es m&#x00E1;s que la mitad de la obra&#x00BB; &#x2026; &#x00AB;Conviene, y mucho conviene, que se d&#x00E9; orden c&#x00F3;mo esta obra&#x2026;&#x00BB; &#x2026; &#x00AB;&#x2026;conviene que el negocio se tome muy a pechos&#x00BB; (<italic>Memorial segundo</italic> al Concilio de Trento, n. 54). Por cerrar este punto, baste recordar el juicio de Hubert Jedin &#x2014;descubridor del <italic>Memorial segundo</italic> de &#x00C1;vila y reconocido historiador del Concilio de Trento&#x2014;, quien afirma con rotundidad:</p>
<p>&#x00AB;Es francamente moderna, en el mejor sentido de la palabra, la claridad con que Juan de &#x00C1;vila ha reconocido el significado de la educaci&#x00F3;n religiosa en la juventud&#x00BB; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-32517">Jedin, 1936</xref>, p. 132; cfr. <xref ref-type="bibr" rid="ref-18-32517">Janini, 1948</xref>, p. 34).</p></fn>
<fn id="fn10"><label>10</label> <p>Carta de Gregorio de Pesquera al Padre Ignacio de Loyola (Valladolid, 9 de mayo de 1554), en <italic>Monumenta Historica Societatis Iesu. Epistolae Mixtae</italic>, IV, 170&#x2013;173 (esp. p. 171). La carta constituye una propuesta a Loyola para que la Compa&#x00F1;&#x00ED;a de Jes&#x00FA;s asuma la red de colegios de doctrinos, redactada en el marco de las estrechas relaciones que en aquellos a&#x00F1;os manten&#x00ED;an los jesuitas con el propio Maestro &#x00C1;vila. Conviene recordar que, a partir de 1551&#x2013;1552, se discute la posible entrega total o parcial de las fundaciones andaluzas propiamente avilistas a la Compa&#x00F1;&#x00ED;a.</p>
<p>Sobre este asunto puede verse el cl&#x00E1;sico y extenso estudio de <xref ref-type="bibr" rid="ref-35-32517">Sala Balust y Mart&#x00ED;n Hern&#x00E1;ndez (2000 [1970&#x2013;1971]</xref>, pp. 101&#x2013;168), as&#x00ED; como la s&#x00ED;ntesis actualizada de <xref ref-type="bibr" rid="ref-22-32517">L&#x00F3;pez Arandia (2014</xref>, pp. 567&#x2013;591).</p></fn>
<fn id="fn11"><label>11</label> <p><xref ref-type="bibr" rid="ref-17-32517">Imbert (1956)</xref>. Sobre la aplicaci&#x00F3;n de los decretos tridentinos en general, pueden consultarse los trabajos reunidos en <xref ref-type="bibr" rid="ref-30-32517">Prodi y Reinhard (1996)</xref>. Para el caso de Espa&#x00F1;a, v&#x00E9;ase <xref ref-type="bibr" rid="ref-9-32517">Fern&#x00E1;ndez Terricabras (2000)</xref>.</p></fn>
<fn id="fn12"><label>12</label> <p><xref ref-type="bibr" rid="ref-37-32517">Santos D&#x00ED;ez (1969)</xref>. La mayor parte de los concilios se celebraron entre septiembre de 1565 y abril de 1566 &#x2014;Toledo, Granada, Valencia, Zaragoza y Santiago&#x2014;, mientras que Tarragona lo hab&#x00ED;a convocado ya en 1564.</p></fn>
<fn id="fn13"><label>13</label> <p>Michel Cavillac ha realizado el estudio m&#x00E1;s amplio y riguroso sobre Giginta: &#x00AB;La reforma de la beneficencia en la Espa&#x00F1;a del siglo XVI: la obra de Miquel Giginta&#x00BB; (<italic>Estudios de Historia Social</italic>, 10&#x2013;11, 1979, pp. 7&#x2013;59). Puede verse tambi&#x00E9;n la obra colectiva <xref ref-type="bibr" rid="ref-42-32517">VV.AA. (2003)</xref>, <italic>Miquel de Giginta, chanoine d&#x2019;Elne</italic>. Existe, adem&#x00E1;s, una reedici&#x00F3;n moderna del <italic>Tratado de remedio de pobres</italic> (Barcelona, Ariel Historia, 2000).</p></fn>
<fn id="fn14"><label>14</label> <p>La obra se public&#x00F3; en una cuidada edici&#x00F3;n cr&#x00ED;tica en la colecci&#x00F3;n Cl&#x00E1;sicos castellanos (<italic>Amparo de pobres</italic>, Madrid, Espasa-Calpe. 1975), a cargo del profesor Michel Cavillac, que incluy&#x00F3; una amplia introducci&#x00F3;n (pp. 9-204) que se ha convertido desde entonces en el estudio de referencia sobre la figura y obra de Crist&#x00F3;bal P&#x00E9;rez de Herrera.</p></fn>
<fn id="fn15"><label>15</label> <p>La casa Galera de Madrid se abri&#x00F3; en 1604 y tan s&#x00F3;lo cuatro a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, por las cr&#x00ED;ticas recibidas por el supuesto rigor de la instituci&#x00F3;n, hubo de salir la fundadora en su defensa con la publicaci&#x00F3;n de la obra: <italic>Raz&#x00F3;n y forma de la Galera y Casa Real que el Rey Nuestro Se&#x00F1;or manda hazer en estos Reynos para castigo de mujeres vagantes y ladronas, alcahuetas, hechizeras y otras semejantes</italic>, Salamanca, Art&#x00FA;s Taberniel, 1608.</p></fn>
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<title>Bibliograf&#x00ED;a</title>
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