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                <journal-title>América Latina Hoy/journal-title</journal-title>
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            <issn pub-type="epub">2340-4396</issn>
            <issn pub-type="ppub">1130-2887</issn>
            <publisher>
                <publisher-name>Ediciones Universidad de Salamanca</publisher-name>
            </publisher>
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            <article-id pub-id-type="publisher-id">10.14201</article-id>
            <article-id pub-id-type="doi">10.14201/alh.25874</article-id>
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                    <subject>Biographical Review</subject>
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                <article-title>Wolf Grabendorff y Andrés Serbin (eds.) (2020). <italic>Los actores
                        globales y el (re) descubrimiento de América Latina</italic></article-title>
            </title-group>
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                    <name>
                        <surname>Rodríguez Jiménez</surname>
                        <given-names>Francisco</given-names>
                    </name>
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                <institution content-type="original">Universidad de Extremadura</institution>
            </aff>
            <pub-date pub-type="epub">
                <day>30</day>
                <month>04</month>
                <year>2021</year>
            </pub-date>
            <pub-date pub-type="collection">
                <year>2021</year>
            </pub-date>
            <volume>87</volume>
            <fpage>192</fpage>
            <lpage>196</lpage>
            <permissions>
                <copyright-statement>Universidad de Salamanca. Su comercialización está sujeta al
                    permiso del editor</copyright-statement>
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    <body>
        <p>Son malos tiempos para la lírica; en el mundo en general, y en América Latina en
            particular. Pese a contar con menos del 15% de la población mundial, el número de
            fallecidos por el COVID en la región supera con creces el medio millón<xref
                ref-type="fn" rid="NOTE1"><sup>1</sup></xref>. Unas estadísticas aún más graves si
            se suman las muertes ocurridas en la parte norte del continente, con cifras récord tanto
            en México como en Estados Unidos. Las previsiones de crecimiento económico para los
            próximos años son muy tibias, cuando no de recesión; mientras que el aumento de la
            pobreza será prácticamente irrefrenable, al menos en el corto plazo.</p>
        <p>Un escenario alarmante que poco tiene que ver con la primera década del siglo. Se vivió
            entonces una relativa estabilidad política y una bonanza económica, asociada al
            «superciclo de las materias primas» (p. 15). Iniciada en Estados Unidos, la denominada
            crisis de las «hipotecas basuras» acabó golpeando a la región. Puso de manifiesto la
            fragilidad del crecimiento previo, al tiempo que cercenaba proyectos tendentes a una
            mayor integración regional. Recuérdese que la Comunidad de Estados Latinoamericanos y
            Caribeños (CELAC) arrancó en febrero de 2010. Pretendía ir un paso más allá de la CEPAL,
            organismo dependiente de las Naciones Unidas (1948). Por otro lado, los BRICS (Brasil,
            Rusia, India, China, Sudáfrica), que nacieron con la esperanza de servir de polo de
            desarrollo, cooperación <italic>Sur-Sur</italic>, alternativo al Fondo Monetario
            Internacional y al Banco Mundial, también se han ido desinflando. El Brasil de Bolsonaro
            no ha asumido el activo rol de mediador entre los BRICS y el resto de vecinos
            latinoamericanos que sí jugó el presidente Lula.</p>
        <p>En suma, las certezas geopolíticas en la región son escasas, las dudas muchas. Atinan,
            por tanto, Wolf Grabendorff y Andrés Serbin al señalar que la transición hacia un nuevo
            orden será larga y no se concretará en un sistema estable a corto plazo. Por si fuera
            poco, la trágica pandemia del COVID ha acelerado procesos anteriores de deterioro de las
            instituciones democráticas, tensado la cuerda socioeconómica y aireado males cuasi
            endémicos como la corrupción o el crimen organizado.</p>
        <p>En noviembre de 2019, Grabendorff y Serbin organizaron una conferencia internacional bajo
            el título: «¿Qué está pasando en América Latina? Una mirada desde afuera: percepciones e
            intereses de los actores globales». El volumen que aquí comentamos se fraguó entonces.
            Con acierto, los editores estructuraron las perspectivas aportadas por más de una
            veintena de autores en cinco secciones: 1) Desafíos e incertidumbres regionales. 2) El
            peso de las potencias: el repliegue de los Estados Unidos de América; el desembarco de
            la República Popular China; y el retorno de Rusia. 3) Los actores tradicionales: Canadá
            y Japón. 4) Los nuevos actores: India, Irán, Turquía. 5) Las relaciones interregionales,
            con la vista puesta en Europa. El volumen cuenta con un sólido acopio documental, sin
            perder de vista el necesario debate con la literatura circundante a los temas
                explorados<xref ref-type="fn" rid="NOTE2"><sup>2</sup></xref>. Es loable asimismo el
            propósito divulgativo de los editores, encaminado a superar las estrecheces de la torre
            de marfil, que suele limitar el alcance de otras obras, excesivamente academicistas. No
            es el caso.</p>
        <p>El libro arranca con una sucinta pero magistral reflexión de Alain Rouquié sobre la
            «encrucijada latinoamericana y los actores globales». Según este acreditado
            especialista, el repliegue nacionalista y la polarización ideológica han paralizado los
            procesos de integración económica, al tiempo que han debilitado organizaciones
            regionales de concertación política. El Mercosur, la Unasur y la CELAC pasan por serios
            apuros, con órdagos como el del gobierno brasileño, que declaró en 2019 que Mercosur ya
            no era una prioridad nacional. El panorama es poco halagüeño. De ahí que cada uno de los
            Estados –hasta los más poderosos– parece haber desaparecido del escenario global.</p>
        <p>Un «apagón diplomático» que convive con «Nacionalismos de subordinación»<xref
                ref-type="fn" rid="NOTE3"><sup>3</sup></xref>. Esto último explicaría la paradoja de
            gobiernos que realizan proclamas retóricas nacionalistas, pero en la práctica asumen un
            seguidismo apenas disimulado de potencias extranjeras. Sería el caso de Ecuador frente a
                China<xref ref-type="fn" rid="NOTE4"><sup>4</sup></xref> o de Brasil con respecto a
            Estados Unidos.</p>
        <p>En realidad, se refrenda la validez de las teorías de «interdependencias complejas» no
            solo entre actores estatales, también no gubernamentales, que formularon hace tiempo
            Robert Keohane y Joseph Nye<xref ref-type="fn" rid="NOTE5"><sup>5</sup></xref>. Frente a
            esa complejidad intrínseca de las relaciones internacionales, han surgido distintos
            tipos de mensajes populistas que buscaban respuestas sencillas, siquiera retóricas, a
            problemas complejos. Resultan reveladoras al respecto las frecuentes diatribas contra la
            globalización de los líderes de las dos economías más grandes de la región, México y
            Brasil.</p>
        <p>Es probable que en lo sucesivo se produzcan reajustes «desglobalizadores». Algunos ya
            están en marcha. Pero de ahí a aceptar sin más la argumentación de quienes dieron por
            muerta la globalización va un trecho. Un trasfondo que permite entender a su vez la
            actual volatilidad del poder, la fragmentación política y la consiguiente dificultad de
            forjar consensos amplios<xref ref-type="fn" rid="NOTE6"><sup>6</sup></xref>.</p>
        <p><italic>Los actores globales y el (re) descubrimiento de América Latina</italic> ofrece
            una interesante hoja de ruta para comprender las causas profundas de las incertidumbres
            mencionadas. Sus editores barruntaron perspicazmente el shock geopolítico que se
            avecinaba. En sus hojas se desgranan las razones que dificultarán, al menos en un corto
            plazo, la sostenibilidad de los proyectos de regionalización y de las plataformas
            institucionales multilaterales de cooperación para la gobernanza regional (p. 26). Las
            asimetrías de la globalización y las carencias estructurales de la mayoría de los países
            de la zona actúan como lastres para una reconfiguración de flujos financieros y
            tecnológicos. La creación, o mejora, de cadenas de valor complementarias y producciones
            de bienes finales, que aporten ventajas competitivas con respecto a otras latitudes, no
            es sencilla.</p>
        <p>Igualmente interesante es el repaso que se hace de los distintos modelos de regionalismo.
            Partiendo del impulsado por la CEPAL desde mediados del siglo pasado al regionalismo
            ‘abierto’ de los 90, o el más reciente ‘postliberal’, en el que se combinan postulados
            netamente económicos con principios medioambientales, de cohesión social o identitarios
            (pp. 44-46). Se advierte, empero, que no ha habido una evolución rectilínea, ni la
            prevalencia de un modelo único, sino la alternancia de tipos específicos. Emergieron a
            veces modelos híbridos, alternando con otros períodos de ausencia de referentes
                explícitos<xref ref-type="fn" rid="NOTE7"><sup>7</sup></xref>.</p>
        <p>Una cuestión no del todo resuelta es la de calibrar qué importancia ha tenido lo
            identitario en los procesos de cohesión regional. ¿Las memorias del pasado colonial
            sirvieron de amalgama unificadora o por el contrario fueron leña al fuego de las
            diferencias? ¿Qué papel hubiera jugado un programa de intercambio educativo, cultural y
            científico para América Latina y el Caribe, similar al programa Fulbright estadounidense
            o al ERASMUS europeo? Existe alguna iniciativa en esa dirección, por ejemplo, a cargo de
            la Alianza Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú). Pero no ha contado con un apoyo
            estatal decidido ni la vocación integradora de toda la región. Esa sería pues una
            posible línea de investigación complementaria a la que articula este libro.</p>
        <p>En la sección segunda del volumen se diseccionan las variables del repliegue relativo de
            Estados Unidos de la región. Ya a comienzos de la década pasada surgieron voces
            contrarias a esa «distracción estratégica». Alertaban contra los desajustes que
            produciría el desplazamiento hacia oriente, el famoso Obama’s Asian Pivot<xref
                ref-type="fn" rid="NOTE8"><sup>8</sup></xref>. En realidad, la brújula
            geoestratégica estadounidense ha oscilado frecuentemente, con relaciones bilaterales de
            intensidad y ritmos variables<xref ref-type="fn" rid="NOTE9"><sup>9</sup></xref>.
            Resuena en la memoria la sarcástica máxima de Lord Palmerston: «Nations have no
            permanent friends or allies, they only have permanent interests». No obstante, sí ha
            habido una atención continuada de Estados Unidos hacia Nicaragua, Cuba o el Salvador y,
            por supuesto, a México, por cuestiones migratorias, de narcotráfico y de seguridad (p.
            85).</p>
        <p>El análisis de la relación de China con América Latina y el Caribe aporta narrativas
            menos transitadas. Por ejemplo, y frente a la visión de un Beijing monolítico, se
            exponen detalles de unas instituciones chinas que son más dinámicas y competitivas entre
            sí de lo que pudiera parecer a priori (p. 132). Se examina también la competencia
            comercial entre Estados Unidos y China. Durante la administración de Donald Trump, la
            actitud general fue bastante diferente a la liderada por Xi Jinping. Aderezada de
            sanciones y bravuconerías de parte estadounidense, mientras que del lado chino se
            continuó expandiendo la red de intereses económicos. El país oriental es ya el socio
            comercial preferente de una decena de países latinoamericanos, y sus inversiones de
            medio plazo hacen pensar que su interés por la región no es flor efímera<xref
                ref-type="fn" rid="NOTE10"><sup>10</sup></xref>.</p>
        <p>Por su parte, Rusia ha intensificado y diversificado su agenda latinoamericana. Se han
            sellado acuerdos militares y energéticos con varios países, pero también en sectores
            menos habituales: transportes, aeroespacial o biotecnológicos. Brasil, Argentina y
            Venezuela concentran la mayor parte de comercio con el país euroasiático. Desde Moscú
            apenas se ha disimulado la intención de generar una suerte de bipolaridad contraria a
            los intereses de Washington. Desde esa óptica, se ha pretendido, no siempre con éxito,
            ampliar la presencia en puertos y aeródromos; desalentar el deseo de algunos países de
            fortalecer lazos con Estados Unidos o debilitar los existentes –el caso colombiano sería
            paradigmático–; prestar apoyo logístico a gobiernos claramente hostiles hacia la nación
            estadounidense como Cuba, Venezuela o Nicaragua, o a organismos como la Alianza
            Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) que cuestiona a la Organización
            de Estados Americanos, por considerarla supeditada a directrices estadounidenses<xref
                ref-type="fn" rid="NOTE11"><sup>11</sup></xref>.</p>
        <p>En suma, China y Rusia cuentan con importantes anclajes económicos y diplomáticos en
            América Latina. Empero, una parte nada despreciable de la ciudadanía latinoamericana
            mira con recelo a ambos países, dados sus magros resultados en materia de limpieza
            democrática y de respeto a las libertades individuales<xref ref-type="fn" rid="NOTE12"
                    ><sup>12</sup></xref>.</p>
        <p>Fascinante, por menos conocida, es la descripción de los movimientos diplomáticos de
            potencias emergentes como India, Irán o Turquía en el tablero latinoamericano. En ese
            apartado del libro se exponen, con gran claridad, los razonamientos por los que la
            ubicación geográfica y la conducta de los Estados no es lineal. Un principio que no
            resulta extraño para los analistas de las relaciones internacionales, pero que comienza
            a cobrar sentido para el público mayoritario en los últimos años. Es lo que tiene la
                <italic>Aldea Global</italic> : permite forjar simbiosis y alianzas con «vecinos»
            que no lo son desde un punto de vista geográfico. Tanto Turquía como Irán han explorado
            distintas fórmulas de colaboración con varios países latinoamericanos, sin olvidar las
            precedentes de Japón o Canadá<xref ref-type="fn" rid="NOTE13"><sup>13</sup></xref>. La
            conexión con Venezuela ha generado gran atracción mediática (pp. 257 y 273), aunque se
            advierte que el elevado tono retórico no siempre se ha visto acompañado de resultados
            tangibles. ¿Más ruido que nueces?</p>
        <p>Cerramos con una constatación. La Unión Europea ha perdido influencia en la región como
            consecuencia de la erosión de los procesos de integración y de unión regional. No
            obstante, Alain Rouquié aporta un rayo de esperanza: «América Latina es para la Unión
            Europea un socio verdaderamente estratégico porque es la única región que defiende, por
            razones atribuibles eventualmente a un interés existencial, las reglas y las instancias
            reguladoras del orden multilateral». Para Rouquié, los intereses de las nuevas potencias
            exteriores son más bien cantos de sirena que a veces ocultan un extractivismo ya
            superado.</p>
        <p>Y concluye: «El apetito por la región de nuevos actores puede ser una oportunidad valiosa
            para que los Estados latinoamericanos diversifiquen sus relaciones exteriores y su
            comercio. De este modo, la reciprocidad en los intercambios ayudará a reducir las
            nefastas asimetrías […] Para contrarrestar a los partidarios de la ley de la selva,
            detener a los protagonistas del caos y del desorden planetario y reconstruir un sistema
            internacional cooperativo con obligaciones universales, el mundo necesita más que nunca
            a América Latina» (p. 21).</p>
        <p>Francisco Rodríguez Jiménez <italic>Universidad de Extremadura</italic></p>
    </body>
    <back>
        <title>Endnoten</title>
        <fn-group>
            <fn id="NOTE1">
                <p>1 En 2019, la población de América Latina y el Caribe era de aproximadamente 629
                    millones de habitantes; mientras que México contaba con alrededor de 128
                    millones de habitantes.
                    https://es.statista.com/estadisticas/1107719/covid19-numero-de-muertes-a-nivel-mundial-por-region/
                    (consultado el 19 de febrero de 2021).</p>
            </fn>
            <fn id="NOTE2">
                <p>2 Incluiremos algunas posibles referencias complementarias, sobre todo de
                    literatura aparecida en inglés.</p>
            </fn>
            <fn id="NOTE3">
                <p>3 Dicho concepto es empleado por Jorge Heine, profesor de RRII en la Universidad
                    de Boston y exembajador de Chile. Véase el podcast de Agenda Pública del 7 de
                    febrero de 2021. https://agendapublica.es</p>
            </fn>
            <fn id="NOTE4">
                <p>4 Méndez, A. y Turzi, M. (n. d.). <italic>The Political Economy of China-Latin
                        America Relations: The AIIB Membership</italic>. Springer International
                    Publishing. Myers, M. y Wise, C. (2017). <italic>The political economy of
                        China-Latin America relations in the new millennium: brave new
                        world</italic>. Routledge.</p>
            </fn>
            <fn id="NOTE5">
                <p>5 Keohane, R. y Nye, J. (1997). <italic>Power and Interdependence: World Politics
                        in Transition.</italic> Boston: Little Brown.</p>
            </fn>
            <fn id="NOTE6">
                <p>6 Quiroga, M. y Magrini, A. (2020). Protestas sociales y cuestión social en
                    América Latina contemporánea. <italic>Revista Temas Sociológicos</italic>, n.°
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