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                <journal-title>América Latina Hoy/journal-title</journal-title>
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                <publisher-name>Ediciones Universidad de Salamanca</publisher-name>
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                <article-title><bold>Carlos Malamud</bold> (2021). <italic>El sueño de Bolívar y la
                        manipulación bolivariana. Falsificación de la historia e integración
                        regional en América Latina</italic>. 295 págs. Madrid: Alianza editorial.
                    ISBN: 978-84-1362-150-0.</article-title>
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                <institution content-type="original">Universidad de Salamanca</institution>
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                <year>2021</year>
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                <year>2021</year>
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            <volume>88</volume>
            <fpage>143</fpage>
            <lpage>145</lpage>
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        <p>Este libro recorre en tono polémico y de manera muy documentada las peripecias de la
            integración regional en América Latina. Lo hace sin concesiones, partiendo de la
            actualidad –cuando los anhelos integracionistas están en horas bajas– y remontándose a
            los orígenes del proyecto. El empeño exhibe una gran solidez, porque estamos frente a un
            historiador polifacético que ha cultivado el periodo colonial, la independencia, la
            historia política y las relaciones internacionales, así como el análisis de la
            actualidad de la región. Se trata de un libro riguroso y al mismo tiempo de combate, que
            advierte sobre los peligros de la manipulación del pasado y los usos políticos de la
            historia tomando como hilo conductor la figura de Simón Bolívar y desnudando las
            tergiversaciones e inexactitudes a las que ha conducido el culto a su figura. El autor
            enfoca el caso de Venezuela porque, sin duda, ha sido el mascarón de proa del «tiempo
            nuevo» que pareció abrirse con «el giro a la izquierda» de este nuevo milenio. Aunque,
            más que un país, el heraldo que anunció la gran transformación («el socialismo del siglo
            XXI») fue un solo hombre: Hugo Chávez, sobre quien el autor hace descansar buena parte
            de la responsabilidad por el uso torticero del pasado en torno a Bolívar.</p>
        <p>En lo que termina siendo una lección de historia latinoamericana a contrapelo, Carlos
            Malamud dibuja una parábola que parte del líder mesiánico que busca forjar su halo
            heroico reinventando el pasado, remitiéndose a los orígenes y a la figura idolatrada por
            excelencia, el Libertador Bolívar, y vuelve pisando el terreno de los hechos a la par
            que rastrea cómo se fue instrumentalizando el pensamiento de Bolívar, cuyo punto de
            llegada es el propio Chávez en la Venezuela del boom de las
            <italic>commodities</italic>. De la independencia y sus mitos hasta Chávez y su entrada
            en la inmortalidad según sus seguidores, a veces casi con ira, a veces retratando el
            esperpento como en el primer capítulo, el autor firma un trabajo poliédrico –es un
            ensayo, pero también una sólida exposición historiográfica con algún apunte periodístico
            y lo atraviesa un indisimulado compromiso ético e ideológico– lleno de detalles de
            interés y combustible para el debate. Muy pronto en el segundo capítulo aborda el
            concepto de integración para dejar claro que no es sinónimo de unidad y deslindarlo de
            los objetivos de la independencia, ofreciendo una sugerente comparación entre Europa y
            América Latina en materia de integración regional y sus diferencias. Tras demostrar que
            independencia e integración no fueron de la mano, se adentra en toda la mitología que se
            fue construyendo a partir del complejo proceso de ruptura de las colonias con la
            metrópoli española. Dedica el capítulo tres a la utopía de la Patria Grande, bellas
            palabras que nunca se llenaron de contenido; y en el siguiente, explica el sueño de
            Bolívar por crear una «Gran Colombia». Este apartado, junto con los capítulos cinco,
            seis, siete y ocho, resultan claves para la interpretación del tema central. El autor
            acompaña a Bolívar en el sinuoso camino que desembocó en la independencia registrando
            sus marchas y contramarchas, su pragmatismo para ir adaptándose a las evidencias que
            fueron fraguando el pensamiento del Libertador, no exento de contradicciones, zonas
            grises y cuadraturas del círculo a la hora de organizar América el día después (con
            alquimias imposibles entre federalismo y centralismo, monarquía y república, unidad y
            heterogeneidad, entre otros dilemas). De lo expuesto, resulta patente que no figuraba en
            el horizonte de Bolívar la integración latinoamericana, ni en el de Miranda ni en
            ninguno de los «precursores de la emancipación». Porque la idea, tal como como la
            concebimos hoy (cesión de ciertas parcelas de soberanía, entre las más importantes), no
            existía entonces. Malamud, apoyándose en la historiografía que renovó el tema de las
            independencias y los orígenes nacionales (Guerra, Annino, Chiaramonte, Quijada) –y que
            la celebración de los bicentenarios no fue capaz de asumir–, deja bien asentado que las
            independencias fueron fruto del colapso del Imperio español, de su desintegración, y no
            de épicas rebeliones de liberación. Y que no existían naciones antes de la emancipación.
            Por lo tanto, la «invención» de entidades políticas nuevas, la lucha entre soberanías,
            la indefinición de las repúblicas embrionarias y un largo etcétera no dejaron apenas
            espacio para pensar en la unidad, o directamente la relegaron al terreno de la utopía o
            de una formulación abstracta sin contornos precisos.</p>
        <p>Con todo y en términos muy pragmáticos, Bolívar propuso fórmulas que apuntaban a una
            cierta unidad con propósitos claramente defensivos: para preservar las incipientes
            repúblicas de la voracidad de las potencias europeas (incluida una temida reconquista
            española) y de los Estados Unidos.</p>
        <p>Por eso son más esclarecedores aún los capítulos seis –dedicado a la famosa «Carta de
            Jamaica»–, siete –donde una sobria exposición del pensamiento político de Bolívar
            desmonta el decálogo de quienes se han empeñado en presentarlo como paladín del
            antiimperialismo– y ocho –donde un análisis del Congreso de Panamá convocado por Bolívar
            en 1826 muestra el fracaso de, incluso, sus más modestas pretensiones en materia de
            solidaridad regional–.</p>
        <p>Es reseñable la presentación de la «Carta de Jamaica» (escrita por el Libertador en 1815,
            en un momento particularmente desesperanzador de la lucha) en su literalidad, frente a
            las tergiversaciones posteriores, que buscaron convertir a Bolívar en paladín de la
            unidad latinoamericana y, a fortiori, de su integración. Cuando, en rigor, el texto es
            un baño de realidad y de evidencias incómodas. Bolívar era firme partidario de la unidad
            de las antiguas colonias, pero reconocía razones de mucho peso que la hacían imposible.
            Y no eludía verdades dolorosas: «Vuestros hermanos y no los españoles han desgarrado
            vuestro seno […] Vuestros clamores deben dirigirse contra esos ciegos esclavos que
            pretenden ligaros a las cadenas que ellos mismos arrastran», p. 168.</p>
        <p>Denunciaba claramente que el enemigo estaba en casa, constatación que permite al autor
            cargar contra el victimismo presente que rumia la insatisfacción por un destino
            promisorio que no se ha alcanzado todavía. Entonces entran en escena los demonios
            habituales, responsables del fracaso: las oligarquías vendepatrias, el imperialismo
            británico y, especialmente, el norteamericano.</p>
        <p>El capítulo ocho se dedica a una depuración del pensamiento del Libertador y, en
            particular, el acápite «La fabricación del Bolívar antinorteamericano» es una lección de
            crítica documental, donde Malamud desnuda la inconsistencia del decálogo que consagra un
            ícono del antiimperialismo que, en realidad, nunca existió históricamente, pero cuya
            reificación sirvió para activar y movilizar la imaginería popular. Completando el
            panteón, el resto de figuras tutelares: Martí, Sandino, Ernesto Guevara, Castro, de los
            cuales Bolívar sería el precursor, en una línea que culminaría con el nuevo líder
            bolivariano, Hugo Chávez, el hombre que reorganizaba las tramas del pasado al servicio
            de los objetivos (políticos) del presente. No solo él, naturalmente: un séquito de
            académicos, periodistas, políticos y militares que desfila a lo largo de esta obra lo
            acompañaron en la empresa mitificadora.</p>
        <p>El último capítulo remata y amplía las consideraciones que atraviesan todo el libro,
            ilustrando cómo el chavismo creó instituciones destinadas a la integración regional bajo
            la inspiración del falso sueño de Bolívar, que terminaron fracasando, dejando el aire
            impregnado de melancolía por lo que –una vez más– pudo ser y no fue. Finalmente, las
            conclusiones precisas y contundentes podrían sintetizarse con las palabras del poeta:
            nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Las sociedades latinoamericanas
            necesitan hacerse ver, parece decirnos este libro duro y sin concesiones que, al mismo
            tiempo, invita a empezar de nuevo, buscando sin trampas en el pasado lecciones que
            contribuyan a afrontar el futuro con esperanza.</p>
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