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<journal-title>Journal of Medicine and Movies</journal-title>
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<trans-title>Revista de Medicina y Cine</trans-title>
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<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">J. Med. Mov. / Rev. Med. Cine</abbrev-journal-title>
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<issn pub-type="epub">1585-5210</issn>
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<publisher-name>Ediciones Universidad de Salamanca</publisher-name>
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<subject>Editorial</subject>
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<article-title>SANTIAGO RAM&#x00D3;N Y CAJAL, SU MUNDO A LOS OCHENTA A&#x00D1;OS Y LOS SOLACES DE LA LECTURA</article-title>
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<trans-title xml:lang="en"><italic>Santiago Ram&#x00F3;n y Cajal, his world seen at 80 and the joys of reading</italic></trans-title>
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<p>Elena Guardiola. Doctora en Medicina. Investigadora asociada de la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida de la Universitat Pompeu Fabra (2007-2018) y desde 2019 de la Facultad de Medicina de la Universitat de Vic&#x2013;Universitat Central de Catalunya, se ha especializado en informaci&#x00F3;n, documentaci&#x00F3;n y redacci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, &#x00E1;reas en las que ha impartido numerosos cursos. Su inter&#x00E9;s por la relaci&#x00F3;n entre la medicina y la literatura se ha plasmado en la participaci&#x00F3;n en varios proyectos as&#x00ED; como en la publicaci&#x00F3;n de diversos trabajos.</p>
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<p>Josep-Eladi Ba&#x00F1;os. Doctor en Medicina. Ha sido profesor de Farmacolog&#x00ED;a en la Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida de la Universitat Pompeu Fabra (2002-2018). Vicerrector de Docencia y Ordenaci&#x00F3;n Acad&#x00E9;mica en dicha Universidad (2005-2013). Ha dirigido el Grupo de Investigaci&#x00F3;n Educativa en Ciencias de la Salud de la Universitat Pompeu Fabra (2016-2019). Ha recibido diversas distinciones a la calidad de la innovaci&#x00F3;n docente de la Generalitat de Catalunya. Desde 2019 es Rector de la Universitat de Vic -Universitat Central de Catalunya.</p>
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<institution content-type="original">Facultad de Medicina. Universitat de Vic &#x2013; Universitat Central de Catalunya. Vic (Espa&#x00F1;a).</institution>
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<corresp id="c1"><email>josepeladi.banos@uvic.cat</email></corresp>
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<copyright-statement>&#x00A9; 2022 Ediciones Universidad de Salamanca</copyright-statement>
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<license-p>Licencia CC BY-NC-ND. Licencia de Creative Commons Atribuci&#x00F3;n-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional Universidad de Salamanca. Su comercializaci&#x00F3;n est&#x00E1; sujeta al permiso del editor</license-p>
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<p>&#x00A0;</p>
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<p>No hay duda alguna de que el legado cient&#x00ED;fico de Santiago Ram&#x00F3;n y Cajal es extraordinario. Sus aportaciones al estudio anat&#x00F3;mico del sistema nervioso, as&#x00ED; como sobre su desarrollo y su patolog&#x00ED;a son inconmensurables. Sus m&#x00FA;ltiples obras cient&#x00ED;ficas han sido y siguen siendo obras de referencia.</p>
<p>Pero Ram&#x00F3;n y Cajal dej&#x00F3;, adem&#x00E1;s, otro legado escrito que incluye obras de ficci&#x00F3;n, as&#x00ED; como numerosos ensayos y obras autobiogr&#x00E1;ficas, un testimonio fundamental para comprender al cient&#x00ED;fico y para conocer m&#x00E1;s aspectos sobre su manera de ser y de pensar, sus aficiones o su vocaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica<xref ref-type="bibr" rid="ref-1-27909"><sup>1</sup></xref><sup>,</sup><xref ref-type="bibr" rid="ref-2-27909"><sup>2</sup></xref>.</p>
<p>En el &#x00FA;ltimo libro que escribi&#x00F3;, poco antes de morir, y que titul&#x00F3; &#171;El mundo visto a los ochenta a&#x00F1;os. Impresiones de un arterioscler&#x00F3;tico&#187;<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-27909"><sup>3</sup></xref>, Ram&#x00F3;n y Cajal dice &#171;En la presente obra pasar&#x00E9; revista, siquiera sea muy sucintamente, a las decadencias inevitables de los ancianos, singularmente de los octogenarios, agravados por achaques o enfermedades eventuales&#187;. Se trata de una obra en cierta forma autobiogr&#x00E1;fica, que consta de 21 cap&#x00ED;tulos y que el autor divide en cuatro partes: &#171;Las tribulaciones del anciano&#187;, &#171;Los cambios del ambiente f&#x00ED;sico y moral&#187;, &#171;Las teor&#x00ED;as de la senectud y de la muerte&#187; y &#171;Los paliativos y consuelos de la senectud&#187;. Cajal explica los inicios de su enfermedad y describe cuándo recibi&#x00F3; el diagn&#x00F3;stico: &#171;Fue hace unos trece a&#x00F1;os. De d&#x00ED;a en d&#x00ED;a notaba, al abandonar la tertulia del caf&#x00E9;, donde depart&#x00ED;a con los amigos acerca de todo lo divino y humano /&#x2026;/, que mi cabeza ard&#x00ED;a, sin que moderasen la sofocaci&#x00F3;n el paseo ni el silencio absoluto. Cierto d&#x00ED;a, despu&#x00E9;s de una sesi&#x00F3;n fotogr&#x00E1;fica a 35 grados, la congesti&#x00F3;n cerebral alcanz&#x00F3; tal agudeza que me oblig&#x00F3; a consultar al sabio y simp&#x00E1;tico doctor Ach&#x00FA;carro, compa&#x00F1;ero de laboratorio. Me examin&#x00F3; y, previas algunas precauciones oratorias y eufemismos piadosos, lanz&#x00F3; el terrible veredicto: &#x2018;Amigo m&#x00ED;o, ha comenzado la arterioesclerosis cerebral de la senectud. &#x00A1;No hay que alarmarse! Estamos al principio y un buen r&#x00E9;gimen atajar&#x00E1; el progreso del mal"<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-27909"><sup>3</sup></xref>. Y le recomend&#x00F3; hablar y escribir poco, y abstenerse de lugares excesivamente calurosos: toda una tragedia<xref ref-type="bibr" rid="ref-4-27909"><sup>4</sup></xref>. Ram&#x00F3;n y Cajal, con su excelente prosa, detalla a lo largo del libro c&#x00F3;mo se siente, c&#x00F3;mo evoluciona su enfermedad y c&#x00F3;mo le cambia la vida: limita su vida social, deja de acudir a las tertulias&#x2026; Tambi&#x00E9;n habla de la p&#x00E9;rdida de visi&#x00F3;n y del decaimiento de la funci&#x00F3;n auditiva en la vejez, de la debilidad muscular, del insomnio y sus consecuencias, de lo que &#x00E9;l llama &#171;traiciones&#187; de la memoria, de los cambios que ha visto durante su vida en las ciudades, en las costumbres y en las ideas pol&#x00ED;ticas y de muchas otras cosas. Habla de deportes y de trenes, autom&#x00F3;viles y aeroplanos (&#171;el delirio de la velocidad&#187;), de c&#x00F3;mo ven los j&#x00F3;venes a los viejos y de la juventud &#171;actual&#187;, de pintura, de fotograf&#x00ED;a, de la senectud y de la muerte, del ansia de inmortalidad&#x2026; Pero no son estos los temas en los que vamos a detenernos en estas l&#x00ED;neas, sino los que se relacionan con el lenguaje, la escritura y la lectura (incluimos citas textuales<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-27909"><sup>3</sup></xref>, para no desaprovechar la ocasi&#x00F3;n de disfrutar de sus propias palabras).</p>
<p>Ram&#x00F3;n y Cajal, en &#x00E9;sta su &#x00FA;ltima obra, dedica un cap&#x00ED;tulo al lenguaje. El lenguaje, dice, &#171;ha experimentado grandes y no siempre gratas transformaciones&#187;. Se refiere a &#171;la man&#x00ED;a de abreviar los apelativos&#187;, con especial referencia a las siglas (&#171;una enigm&#x00E1;tica sarta de charadas&#187;). Se pregunta qu&#x00E9; lengua se habla en Espa&#x00F1;a y responde &#171;presumo que el castellano, mas salpicado e infestado con tantos barbarismos, solecismos y galicismos, que, si la Providencia no lo remedia obrando un milagro, acabaremos por convertir el idioma vern&#x00E1;culo /&#x2026;/ en jerga o habla franca&#187; y se lamenta de que &#171;en vano la Academia y varios doctos fil&#x00F3;sofos y escritores de casta se esfuerzan por contener el alud arrollador de vocablos ex&#x00F3;ticos y neologismos superfluos&#187;. Sin embargo, reconoce que &#171;fuera pueril desconocer que las lenguas evolucionan y que los inventos incesantes de las ciencias y de las artes nos imponen neologismos dif&#x00ED;cilmente reemplazables&#187; que la Academia incorpora, aunque &#171;concede hospitalidad en su diccionario a multitud de vocablos y acepciones de nueva y no siempre limpia acu&#x00F1;aci&#x00F3;n&#187; y a&#x00F1;ade una larga lista de palabras (&#171;ciertos dislates cometidos por muchos escritores noveles y singularmente por los tratadistas cient&#x00ED;ficos&#187;) cuyo uso considera incorrecto y anima a que no se usen, aunque reconoce su &#171;carencia total de autoridad para tan simp&#x00E1;tica empresa&#187; y afirma &#171;No me forjo ilusiones, empero, sobre la eficacia de estas pr&#x00E9;dicas&#187;. Dedica unos p&#x00E1;rrafos tambi&#x00E9;n a su uso en letreros y anuncios: &#171;donde el prurito de importar a troche y moche voces extranjeras alcanza volumen desmesurado es en los letreros y anuncios&#187;. Son reflexiones de hace casi un siglo, pero, a nuestro entender, muchas siguen siendo completamente actuales (&#x00A1;!).</p>
<p>Cajal invita a escribir durante la vejez, sobre todo si ya se ha hecho antes, pero advierte que &#171;hay muchos ancianos ansiosos de pensar y exteriorizar sus pensamientos, condens&#x00E1;ndolos en la letra de molde, sin detenerse a juzgar si son vulgares o interesantes, ni si est&#x00E1;n condenados al naufragio y olvido irreparables&#187;. Explica que &#x00E9;l escribe por la ma&#x00F1;ana &#171;&#x2026; rodeado de una muralla de libros, entre los cuales abundan los diccionarios&#187;. Indica que, al escribir, lo mejor es continuar la labor emprendida en &#171;los luminosos tiempos juveniles o en la fase de la madurez reflexiva, ya que as&#x00ED; la tarea ser&#x00E1; m&#x00E1;s f&#x00E1;cil&#187;.</p>
<p>Dedica Cajal los dos &#x00FA;ltimos cap&#x00ED;tulos a la lectura. &#171;Redundante resulta encomiar la utilidad de los libros y el alto valor de los maestros del pasado. Precisa se&#x00F1;alar m&#x00E1;s bien qu&#x00E9; lecturas convienen a la senectud doliente y atribulada&#187; dice, tras citar a distintos autores y el elogio que &#x00E9;stos hacen de la lectura. Comienza recomendando que el anciano no desconecte de la actualidad y lea diarios y revistas y, si tiene problemas de visi&#x00F3;n, busque qui&#x00E9;n se los lea, porque &#171;Todo es preferible a la terrible incomunicaci&#x00F3;n con el ambiente social, cient&#x00ED;fico y pol&#x00ED;tico contempor&#x00E1;neos. Sin estas distracciones, la vida senil carecer&#x00ED;a de sabor&#187;. Adem&#x00E1;s, concluye: &#171;en el concierto de opiniones discordantes, es dable al anciano lanzar a veces una nota personal conciliadora /&#x2026;/ puesto que est&#x00E1; limpio de ambiciones y concupiscencias&#187;.</p>
<p>Sobre qu&#x00E9; conviene leer, Cajal no duda: &#171;el anciano necesita escoger sus lecturas con cuidadosa cautela&#187; porque &#171;atacado m&#x00E1;s o menos de insomnio y sujeto a cavilaciones enfadosas, necesita alimento espiritual suave y poco estimulante; que distraiga e informe objetivamente, pero sin impresionar sobremanera el &#x00E1;nimo con la evocaci&#x00F3;n inoportuna de emociones melanc&#x00F3;licas pret&#x00E9;ritas&#187;. Ante esto, no se resiste a se&#x00F1;alar qu&#x00E9; obras deben ser prescritas y recomendadas para esta &#x00E9;poca de la vida. Nos muestra, adem&#x00E1;s, el amplio conocimiento que tiene de la literatura espa&#x00F1;ola y extranjera, as&#x00ED; como de los cl&#x00E1;sicos griegos y romanos.</p>
<p>En esta revista se han publicado interesant&#x00ED;simos art&#x00ED;culos en los que se presentan listas de obras literarias, como los trabajos de Fernando A. Navarro<xref ref-type="bibr" rid="ref-5-27909"><sup>5</sup></xref><sup>,</sup><xref ref-type="bibr" rid="ref-6-27909"><sup>6</sup></xref>, que ofrecen una &#171;breve visita guiada por esta biblioteca b&#x00E1;sica para m&#x00E9;dicos&#187;, en los que se presenta una lista esencial de obras literarias cuya trama gira en torno a la enfermedad, la locura, el hospital, el ejercicio profesional de la medicina o la figura hist&#x00F3;rica y social del m&#x00E9;dico. Y tambi&#x00E9;n art&#x00ED;culos sobre la literatura de la enfermedad, obras en las que el enfermo convierte su enfermedad en una narrativa y cuenta su historia<xref ref-type="bibr" rid="ref-7-27909"><sup>7</sup></xref>.</p>
<p>Las recomendaciones que da Cajal son de otro tipo, y aunque en alg&#x00FA;n momento se refiere a los m&#x00E9;dicos, se centra en las lecturas apropiadas en la senectud. Evita citar a los autores que le son contempor&#x00E1;neos, para no incurrir en olvidos o herir susceptibilidades. Los cl&#x00E1;sicos griegos y romanos encabezan su listado, porque son &#171;el m&#x00E1;s sano y delicado manjar de los provectos&#187;. Incluye a Homero, Esquilo, S&#x00F3;focles, Eur&#x00ED;pides, Her&#x00F3;doto, Luciano y su autor favorito, Di&#x00F3;genes Laercio, que &#171;relata todo lo que sabe de la vida de los fil&#x00F3;sofos /&#x2026;/ y procede con admirable objetivismo&#187;. Tambi&#x00E9;n Plutarco, de quien dice que escribe demasiado bien, aunque &#171;es peligroso para le&#x00ED;do por la noche&#187; y Plat&#x00F3;n, admirable, en sus <italic>Di&#x00E1;logos</italic> y en la <italic>Rep&#x00FA;blica</italic>, adem&#x00E1;s de Arist&#x00F3;fanes y los dramas de Esquilo, S&#x00F3;focles y Eur&#x00ED;pides (&#171;ciertamente pintan sucesos tr&#x00E1;gicos; pero en las p&#x00E1;ginas de los poetas lo dram&#x00E1;tico parece haber perdido sus toxinas&#187;).</p>
<p>Entre los romanos, prefiere a Cicer&#x00F3;n, que &#171;cautiva instruyendo /&#x2026;/ posee la virtud de no disgustarnos jam&#x00E1;s y entretenernos siempre&#187;; Plauto y Terencio son &#171;un archivo de las costumbres y gustos romanos&#187;. Confiesa que sus gustos han cambiado con el paso de los a&#x00F1;os: &#171;En mi calidad de caduco no me agradan ya las sabias y f&#x00FA;nebres pr&#x00E9;dicas del cordob&#x00E9;s S&#x00E9;neca, anta&#x00F1;o le&#x00ED;das con morosa delectaci&#x00F3;n&#187; y tampoco recomienda a esa edad a Epicuro y a Lucrecio (&#171;en la vejez suscitan resonancias harto melanc&#x00F3;licas&#187;). Destaca como sus favoritos a Virgilio y a Horacio (&#171;sus libros son un tesoro de buen sentido y de depurado gusto literario&#187;), mientras que a Ovidio lo encuentra aburrido, excepto en su <italic>Metamorfosis</italic>. La lista es larga: Marcial, C&#x00E1;tulo, Propercio, T&#x00E1;cito, Suetonio, Julio C&#x00E9;sar, Apuleyo, Tito Livio, etc., todos con sus correspondientes comentarios.</p>
<p>Dedica un amplio apartado a los cl&#x00E1;sicos espa&#x00F1;oles. Si las reflexiones y el listado de autores y obras griegos y romanos es enorme, al compararlo con el de los cl&#x00E1;sicos espa&#x00F1;oles, puede parecer corto, si bien incluye s&#x00F3;lo una selecci&#x00F3;n para los lectores de avanzada edad (&#171;libros excelentes, disertos, humor&#x00ED;sticos o simplemente amenos y propicios a la ancianidad&#187;): <italic>El Conde Lucanor</italic>, el <italic>Romancero</italic>, el <italic>Poema de Mio Cid</italic>, <italic>La Celestina</italic>, <italic>el Libro de buen amor</italic>, las poes&#x00ED;as del marqu&#x00E9;s de Santillana y, sobre todo, las novelas picarescas (<italic>Lazarillo de Tormes, Estebanillo Gonz&#x00E1;lez, Marcos de Obreg&#x00F3;n, La p&#x00ED;cara Justina</italic>&#x2026;). A&#x00F1;ade: &#171;Estando nuestros cl&#x00E1;sicos en todas las bibliotecas de personas de buen gusto, fuera pesadez enumerar los mejores&#187;. Las obras de Quevedo, afirma, &#171;constituyen la Biblia del anciano achacoso&#187;. De Cervantes recomienda <italic>Don Quijote</italic>, del que es mejor leer los episodios jocosos y evitar los relacionados con las desgracias del hidalgo, y las <italic>Novelas ejemplares</italic>. Sigue con los poetas del siglo de oro: Lope de Vega, Calder&#x00F3;n, Ruiz de Alarc&#x00F3;n, G&#x00F3;ngora, Tirso de Molina, y con los prosistas, algunos posteriores: Saavedra Fajardo, Sim&#x00F3;n Abril, Huarte de San Juan, el padre Mariana, Baltasar Graci&#x00E1;n, Argensola y Crist&#x00F3;bal de Villal&#x00F3;n.</p>
<p>Refiri&#x00E9;ndose ya a los siglos XVIII y XIX dice &#171;son muy de recomendar, como sedantes de los arterioscler&#x00F3;ticos&#187;, el <italic>Teatro cr&#x00ED;tico</italic> y las <italic>Cartas eruditas</italic>, de Feijoo, los discursos de Campomanes y Jovellanos, las comedias y traducciones de Morat&#x00ED;n, las <italic>Memorias de un setent&#x00F3;n</italic> de Mesonero Romanos, las obras de Zorrilla y las de P&#x00E9;rez Gald&#x00F3;s, entre muchas otras. Dice, sin embargo, que prohibir&#x00ED;a las melanc&#x00F3;licas composiciones de B&#x00E9;cquer, de Espronceda y de Cadalso, entre otras composiciones &#171;capaces de turbar el sosiego y la tranquilidad del &#x00E1;nimo del avejentado&#187; porque, dice, &#171;cada cosa a su tiempo y saz&#x00F3;n&#187;. Recomienda tambi&#x00E9;n la lectura de las obras de Valera (&#171;maestro incomparable de la lengua castellana&#187;) y de Men&#x00E9;ndez y Pelayo; aunque la obra de este &#x00FA;ltimo, por su intransigencia religiosa, &#171;resulta un tanto perturbadora para la senectud, ansiosa de tranquilidad y &#x00E1;vida de sano y generoso patriotismo&#187;.</p>
<p>Reserva para el final un apartado que se supone sobre los libros extranjeros m&#x00E1;s convenientes para la vejez. Pero desiste del empe&#x00F1;o y en vez de citar obras concretas, se&#x00F1;ala: &#171;me contraer&#x00E9; a algunas recomendaciones de orden general y sin alusi&#x00F3;n a ninguna nacionalidad o escuela literaria&#187;. Distingue, como especialmente distra&#x00ED;das y atrayentes para el anciano, tres clases de publicaciones: los libros de viajes antiguos y modernos, como los periplos de los argonautas del mar y del aire; las narraciones con ilustraciones fotogr&#x00E1;ficas de las maravillas de la historia natural y los tratados (modern&#x00ED;simos) de astronom&#x00ED;a &#171;que han revolucionado nuestra concepci&#x00F3;n del universo y extendido hasta l&#x00ED;mites inimaginables el espacio donde fulguran estrellas y nebulosas&#187;. Recomienda lecturas sobre las &#x00E1;reas en las que se ha estado ejerciendo durante la vida o de otras que puedan resultar interesantes. No hace falta que sean obras cient&#x00ED;ficas, pueden ser de tipo divulgativo, en las que se desentra&#x00F1;en &#171;los elementos de la teor&#x00ED;a de la relatividad, la estructura del &#x00E1;tomo, las propiedades de las diversas radiaciones, la arisca y enigm&#x00E1;tica doctrina de los <italic>Quanta</italic> y las admirables conquistas modernas sobre estrellas y nebulosas&#187;. Le gustan las biograf&#x00ED;as de hombres c&#x00E9;lebres y desaconseja al anciano &#171;los libros de filosof&#x00ED;a y de cr&#x00ED;tica religiosa, disconformes con sus &#x00ED;ntimos anhelos e inveteradas convicciones&#187; porque &#171;acaso turben su tranquilidad y conmuevan sus esperanzas de ultratumba&#187; y &#171;a los setenta y cinco a&#x00F1;os, y mayormente, a los ochenta, las conversiones son imposibles; el cerebro ha cristalizado definitivamente en una estructura y una ideolog&#x00ED;a invariables&#187;<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-27909"><sup>3</sup></xref>.</p>
<p>La vida de Cajal cambi&#x00F3; radicalmente despu&#x00E9;s del diagn&#x00F3;stico de su enfermedad. Dej&#x00F3; de asistir a su acostumbrada tertulia del Caf&#x00E9; Suizo, renunci&#x00F3; a los largos paseos y a las excursiones, a los que era muy aficionado desde su juventud, y su actividad comenz&#x00F3; a limitarse, permaneciendo cada vez m&#x00E1;s en su domicilio. Pero a pesar de su estado de salud y de sus des&#x00E1;nimos, Cajal continu&#x00F3; escribiendo y publicando de manera incansable durante las dos &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas de su vida. A su prol&#x00ED;fica producci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, hay que a&#x00F1;adir varias obras de diversos tipos, entre las cuales, la versi&#x00F3;n definitiva de sus memorias y una nueva versi&#x00F3;n de <italic>Charlas de caf&#x00E9;</italic>, que no estuvo exenta de cr&#x00ED;ticas y comentarios. Public&#x00F3; tambi&#x00E9;n, durante este periodo final de su vida, algunos textos sobre cuestiones relacionadas con la fotograf&#x00ED;a<xref ref-type="bibr" rid="ref-1-27909"><sup>1</sup></xref>.</p>
<p>A partir del fallecimiento de su esposa, en agosto de 1930, Cajal se encerr&#x00F3; todav&#x00ED;a m&#x00E1;s en s&#x00ED; mismo y, con el fin de aislarse del calor, habilit&#x00F3; como lugar de trabajo el s&#x00F3;tano de su casa, en el que pasaba la mayor parte del d&#x00ED;a<xref ref-type="bibr" rid="ref-1-27909"><sup>1</sup></xref>. <italic>El mundo visto a los ochenta a&#x00F1;os</italic>, que subtitul&#x00F3; <italic>Impresiones de un arterioescler&#x00F3;tico</italic><xref ref-type="bibr" rid="ref-3-27909"><sup>3</sup></xref> fue su &#x00FA;ltimo libro. Termin&#x00F3; de redactarlo a finales de mayo de 1934 y apareci&#x00F3; cuatro meses despu&#x00E9;s, coincidiendo casi con su muerte.</p>
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<title><bold>Referencias</bold></title>
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