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<journal-title>ArtefaCToS. Revista de estudios sobre la ciencia y la tecnolog&#x00ED;a</journal-title>
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<issn pub-type="epub">1989-3612</issn>
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<publisher-name>Ediciones Universidad de Salamanca</publisher-name>
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<subject>Secci&#x00F3;n Monograf&#x00ED;a</subject>
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    <article-title>Invasión silenciosa: la primatología de Imanishi y el sesgo cultural en la ciencia<xref ref-type="fn" rid="fn-1-31934"><sup>1</sup></xref></article-title>
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<surname>De Waal</surname>
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<institution content-type="original">Living Links, Yerkes Primate Center, Emory University, United States</institution>
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<license-p>Este obra est&#x00E1; bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International (CC BY-NC-SA 4.0)</license-p>
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<label><bold>1.</bold></label>
<title><bold>I<sc>ntroducci&#x00F3;n</sc></bold></title>
<p>Cuando se trata de nuestra relaci&#x00F3;n con la naturaleza, no hay forma de escapar de la tensi&#x00F3;n entre percepci&#x00F3;n y proyecci&#x00F3;n. A menudo, lo que descubrimos en la naturaleza es lo que antes pusimos en ella. En consecuencia, la forma en que los naturalistas han contribuido a la misi&#x00F3;n de &#x2018;la humanidad ha de conocerse a s&#x00ED; misma&#x2019;, s&#x00F3;lo puede entenderse en el contexto del cristal con que se mire el espejo de la naturaleza. Dado que no nos es posible quitarnos los cristales de esas gafas, la segunda mejor opci&#x00F3;n que nos queda es comparar otras alternativas.</p>
<p>El presente ensayo explora los prejuicios culturales en el marco de mi peque&#x00F1;o rinc&#x00F3;n de la ciencia, el comportamiento de los monos y de los simios. Dado que la forma en que miramos a otros animales refleja la forma en que nos miramos a nosotros mismos, el estudio del comportamiento animal est&#x00E1; sujeto a preconceptos culturales mucho mayores que los que podr&#x00ED;an poseer otros campos de las ciencias naturales. Por ejemplo, podemos considerar a los organismos como empresas cooperativas, tanto en el interior (entre las c&#x00E9;lulas del cuerpo), como en el exterior (cuando los animales cooperan para sobrevivir). Pero tambi&#x00E9;n se puede hacer hincapi&#x00E9; en la competencia despiadada y en los llamados genes &#x2018;ego&#x00ED;stas&#x2019;. No es dif&#x00ED;cil apoyar cualquiera de las dos posiciones. No obstante, en Occidente nos encanta representar la naturaleza con garras y dientes.</p>
<p>El fundador de la primatolog&#x00ED;a japonesa, Kinji Imanishi (1902-1992), conceb&#x00ED;a a la naturaleza como inherentemente armoniosa. Las especies encajaban en un gran todo org&#x00E1;nico y cada especie encontraba su propio nicho. Tijs Goldschmidt, un bi&#x00F3;logo holand&#x00E9;s que trabaja con c&#x00ED;clidos en el lago Victoria, me cont&#x00F3; que el contraste con el enfoque occidental persiste a&#x00FA;n hoy (<xref ref-type="bibr" rid="ref-10-31934">Goldschmidt, 1998</xref>). Goldschmidt visit&#x00F3; una vez a colegas japoneses que estudiaban la misma familia de peces que &#x00E9;l, en el cercano lago Tanganica. Mientras que el equipo de Goldschmidt explic&#x00F3; la explosi&#x00F3;n de especies en estos lagos en t&#x00E9;rminos de competencia y explotaci&#x00F3;n mutua, los japoneses la comprendieron en t&#x00E9;rminos de roles complementarios a nivel ecosist&#x00E9;mico. Si bien ambos equipos coincidieron a nivel de los datos, operaron sobre la base de perspectivas sorprendentemente diferentes.</p>
<p>Los desacuerdos entre Oriente y Occidente respecto de la competencia y la cooperaci&#x00F3;n como aspectos de la naturaleza, se remontan al menos al debate de finales del siglo XIX entre Thomas Henry Huxley y Piotr Kropotkin. Mientras que el primero adopt&#x00F3; una visi&#x00F3;n &#x201C;gladiadora&#x201D; de la naturaleza, el segundo defendi&#x00F3; un modelo m&#x00E1;s sin&#x00E9;rgico (<xref ref-type="bibr" rid="ref-36-31934">Todes, 1989</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-38-31934">de Waal, 1996</xref>). Estos desacuerdos rara vez dan lugar a un claro ganador. M&#x00E1;s bien, tienden a tener un tono de debate en clave de &#x2018;el vaso medio lleno&#x2019; versus &#x2018;el vaso medio vac&#x00ED;o&#x2019;.</p>
    <p>Un ejemplo destacado de tal discusi&#x00F3;n fue la reacci&#x00F3;n a las opiniones de Imanishi por parte de la paleont&#x00F3;loga brit&#x00E1;nica Beverly Halstead, quien consider&#x00F3; necesario viajar hasta Jap&#x00F3;n para dejarle las cosas claras al viejo maestro. En 1984, armada con un mont&#x00F3;n de prejuicios y sin admitir de primera mano ning&#x00FA;n conocimiento de los escritos de Imanishi, Halstead fue a enfrentarlo. En su manuscrito in&#x00E9;dito en ingl&#x00E9;s (cuya copia se puede encontrar en la Biblioteca de la Universidad de Kyoto), se&#x00F1;al&#x00F3;: &#x201C;A mi manera occidental, vine a Kyoto, el hogar de Imanishi y su escuela, buscando al hombre y sus ideas, pero he venido como una oponente declarada&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-13-31934">Halstead, 1985</xref>, manuscrito in&#x00E9;dito). Despu&#x00E9;s de entregarle un regalo al profesor em&#x00E9;rito de 82 a&#x00F1;os (una botella de whisky), le entreg&#x00F3; un documento traducido al japon&#x00E9;s que conten&#x00ED;a afirmaciones como &#x201C;La teor&#x00ED;a de la evoluci&#x00F3;n de Imanishi es japonesa en su irrealidad&#x201D; y &#x201C;Usted ve la madera, pero los &#x00E1;rboles quedaron fuera de foco&#x201D;. No es de extra&#x00F1;ar que el rostro de Imanishi, como record&#x00F3; Halstead, revelara un profundo arrepentimiento de haber aceptado la reuni&#x00F3;n &#x00BF;Qu&#x00E9; pudo haber impulsado a Halstead a ser tan grosera?</p>
<p>&#x00BF;Por qu&#x00E9;, luego de su regreso a Gran Breta&#x00F1;a, escribi&#x00F3; un art&#x00ED;culo que destrozaba no s&#x00F3;lo las opiniones de Imanishi, sino tambi&#x00E9;n las de todo su pa&#x00ED;s? &#x00BF;C&#x00F3;mo se atrevi&#x00F3; <italic>Nature</italic> a publicarlo con la condescendiente introducci&#x00F3;n que sigue: &#x201C;La popularidad de los escritos de Kinji Imanishi en Jap&#x00F3;n ofrece una visi&#x00F3;n interesante de la sociedad japonesa&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-13-31934">Halstead, 1985</xref>)? &#x00BF;No podr&#x00ED;a aplicarse el mismo subt&#x00ED;tulo a, digamos, la teor&#x00ED;a de Darwin? Como se ha se&#x00F1;alado ya muchas veces, no puede ser una coincidencia que las ideas sobre el capitalismo de libre mercado y la lucha por la existencia surgieran al mismo tiempo y en el mismo lugar. El h&#x00E1;bito com&#x00FA;n de formular las cuestiones evolutivas en t&#x00E9;rminos de costos y beneficios, deja pocas dudas sobre esta conexi&#x00F3;n.</p>
<p>Lo que tenemos aqu&#x00ED;, entonces, es el caso familiar de una cultura que percibe los sesgos de la otra de un modo m&#x00E1;s cr&#x00ED;tico que como percibe los suyos propios. Incluso si hoy en d&#x00ED;a las ideas ecol&#x00F3;gicas y evolutivas de Imanishi se considerasen problem&#x00E1;ticas, &#x00E9;l y sus seguidores ten&#x00ED;an raz&#x00F3;n en bastantes puntos. Esto se desprende, con particular claridad, del cambio fundamental ocurrido durante &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas en el estudio del comportamiento animal: los cient&#x00ED;ficos occidentales, aunque a menudo ignoren su origen, han ido adoptando, en gran escala, conceptos y enfoques japoneses. No est&#x00E1; claro si tambi&#x00E9;n han adoptado la perspectiva subyacente, que est&#x00E1; bastante alejada de la suya propia, pero ciertamente han sido receptivos a sus t&#x00E9;cnicas de observaci&#x00F3;n y a sus conceptos espec&#x00ED;ficos, como las relaciones individualizadas y la transmisi&#x00F3;n cultural, empleados por primera vez en la primatolog&#x00ED;a japonesa.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-2-31934">
<label><bold>2.</bold></label>
<title><bold>E<sc>l legado de</sc> I<sc>manishi</sc></bold></title>
<p>Imanishi fue un autor extraordinariamente prol&#x00ED;fico y ampliamente reconocido en el campo de las ciencias biol&#x00F3;gicas: el Stephen Jay Gould de Jap&#x00F3;n. Comenz&#x00F3; como entom&#x00F3;logo, pero tambi&#x00E9;n fue ec&#x00F3;logo, antrop&#x00F3;logo, primat&#x00F3;logo, monta&#x00F1;ista y fil&#x00F3;sofo. Recibi&#x00F3; un puesto oficial en la facultad (en humanidades, no en ciencias), reci&#x00E9;n cuando ten&#x00ED;a aproximadamente 50 a&#x00F1;os. Al ser de ascendencia acaudalada, pod&#x00ED;a hacer lo que quisiera sin las obligaciones que conlleva mantener un salario. Tan s&#x00F3;lo ten&#x00ED;a una habitaci&#x00F3;n en la Universidad de Kyoto sin m&#x00E1;s muebles que un escritorio bajo en el que escrib&#x00ED;a sus libros, sentado en posici&#x00F3;n de loto sobre un tatami. Era un hombre asc&#x00E9;tico, culto y de inmensa influencia.</p>
<p>Adem&#x00E1;s de escalar el Himalaya, Imanishi ten&#x00ED;a dos intereses principales. Uno era la interconexi&#x00F3;n entre todos los seres vivos y los ambientes en los que se encuentran. Aunque rara vez mencion&#x00F3; a quienes influyeron en &#x00E9;l, era una persona muy le&#x00ED;da y elementos de su enfoque se pueden rastrear en influencias externas, que van desde Jacob von Uexk&#x00FC;ll hasta Petr Kropotkin y, quiz&#x00E1;s, sobre todo, Kitaro Nishida, el fundador de una escuela filos&#x00F3;fica que fue particularmente influyente en las d&#x00E9;cadas de 1930 y 1940. No puedo juzgar esto por m&#x00ED; mismo, ya que mi informaci&#x00F3;n proviene de fuentes secundarias, pero el &#x00E9;nfasis de Imanishi en la intuici&#x00F3;n y la percepci&#x00F3;n del todo, su aversi&#x00F3;n al reduccionismo y su visi&#x00F3;n de que el individuo es secundario respecto de la sociedad, probablemente derivaron de Nishida, el fil&#x00F3;sofo de la &#x2018;nada&#x2019; de Kioto, quien sol&#x00ED;a tener profundos pensamientos mientras paseaba por un peque&#x00F1;o r&#x00ED;o r&#x00FA;stico bordeado de cerezos &#x2013;todav&#x00ED;a conocido como el camino del fil&#x00F3;sofo&#x2013;, que pasa por el campus universitario (<xref ref-type="bibr" rid="ref-47-31934">Yoshimi, 1998</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn-2-31934">2</xref>.</p>
<p>Imanishi realiz&#x00F3; la mayor parte de su investigaci&#x00F3;n sobre larvas de ef&#x00ED;mera en el r&#x00ED;o Kamogawa, mucho m&#x00E1;s grande que el anterior, y que atraviesa el coraz&#x00F3;n de Kioto. Su trabajo sobre la vida acu&#x00E1;tica lo llev&#x00F3; a desarrollar la noci&#x00F3;n de &#x2018;segregaci&#x00F3;n de h&#x00E1;bitat&#x2019;, que refiere a que especies diferentes pero relacionadas seleccionan sus propios estilos de vida y microh&#x00E1;bitats, lo que les permite coexistir armoniosamente en el mismo entorno. Imanishi no intent&#x00F3; explicar c&#x00F3;mo pudo haberse producido la segregaci&#x00F3;n y se opuso vehementemente a las explicaciones que implicaran conflictos.</p>
<p>El segundo inter&#x00E9;s y legado duradero de Imanishi se relaciona con el estudio del comportamiento de los primates. En este caso, su enfoque fue particularmente innovador gracias a la ausencia del dualismo humano-animal. Siendo producto de una cultura que no presenta a la especie humana como la &#x00FA;nica con alma, Imanishi no tuvo problemas ni con la idea de la evoluci&#x00F3;n ni con la de los humanos como descendientes de los simios. Para la mente budista, esto no s&#x00F3;lo resulta eminentemente plausible, sino incluso probable y no tiene nada de insultante (<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-31934">Asquith, 1991</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-34-31934">Sakura, 1998</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-26-31934">Matsuzawa, 2003</xref>).</p>
<p>La &#x2018;gran cadena del ser&#x2019; de Plat&#x00F3;n, que coloca a los humanos por encima de todos los dem&#x00E1;s animales, est&#x00E1; ausente en la filosof&#x00ED;a oriental. En la mayor&#x00ED;a de los sistemas de creencias orientales, el alma humana puede reencarnar en muchas formas, por lo que todos los seres vivos est&#x00E1;n espiritualmente conectados. Un hombre puede convertirse en un pez y un pez puede convertirse en un dios o una diosa. El hecho de que los primates, nuestros parientes animales m&#x00E1;s cercanos, sean nativos de China y Jap&#x00F3;n, s&#x00F3;lo ha ayudado a fortalecer la creencia en la interconexi&#x00F3;n de la vida. A diferencia de las f&#x00E1;bulas europeas, que est&#x00E1;n pobladas de cuervos, conejos, zorros y similares, los cuentos populares y la poes&#x00ED;a japoneses y chinos est&#x00E1;n salpicados de referencias a gibones y monos. Ejemplo de ellos son los tres macacos sabios del budismo Tendai (&#x201C;no veas el mal, no escuches el mal, no hables el mal&#x201D;).</p>
<p>Sentir humildad hacia los animales afecta la forma en que los estudiamos. El estudio del comportamiento animal en Jap&#x00F3;n nunca ha estado contaminado por sentimientos de superioridad o de aversi&#x00F3;n a reconocer caracter&#x00ED;sticas humanas en ellos. Seg&#x00FA;n el estudiante m&#x00E1;s respetado de Imanishi, el fallecido Junichiro Itani (1926-2001): &#x201C;Dado que la cultura japonesa no enfatiza la diferencia entre personas y animales, est&#x00E1; relativamente libre del hechizo del antiantropomorfismo... Creemos que esto ha llevado a muchos descubrimientos importantes&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-20-31934">Itani, 1985</xref>; ver tambi&#x00E9;n <xref ref-type="bibr" rid="ref-1-31934">Asquith, 1984</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref-2-31934">1986</xref>). As&#x00ED;, los primat&#x00F3;logos japoneses trazaron las relaciones de parentesco a lo largo de m&#x00FA;ltiples generaciones, asumiendo que los animales poseen una vida familiar compleja, tal como la tenemos nosotros. Comenzaron con ello incluso antes de que los cient&#x00ED;ficos occidentales siquiera lo pensaran (por ejemplo, <xref ref-type="bibr" rid="ref-23-31934">Kawamura, 1958</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-46-31934">Yamada, 1963</xref>), y a&#x00F1;os antes de que <xref ref-type="bibr" rid="ref-14-31934">William Hamilton (1964)</xref> desarrollara la teor&#x00ED;a de la &#x2018;selecci&#x00F3;n de parentesco&#x2019;. Las redes de parentesco fueron un verdadero descubrimiento, quiz&#x00E1;s el mayor de la primatolog&#x00ED;a japonesa (<xref ref-type="bibr" rid="ref-33-31934">Reynolds, 1992</xref>).</p>
<p>De hecho, la aceptaci&#x00F3;n sin dificultades de un aspecto importante de la teor&#x00ED;a de la evoluci&#x00F3;n &#x2013;la continuidad entre todas las formas de vida&#x2013; signific&#x00F3; que, desde un principio, las cuestiones sobre el comportamiento animal no estuvieran contaminadas por la divisi&#x00F3;n entre humanos y animales asumida en Occidente. Como resultado, los estudiantes de Imanishi pudieron avanzar r&#x00E1;pidamente con una agenda claramente antropol&#x00F3;gica: al estudiar a otros primates, intentaron comprender los or&#x00ED;genes de la familia y la sociedad humanas. En todo esto, Imanishi estaba muy por delante del c&#x00E9;lebre paleont&#x00F3;logo occidental Louis Leakey, quien desarroll&#x00F3; una agenda similar. Leakey envi&#x00F3; a varios primat&#x00F3;logos a estudiar los grandes simios en libertad, con la creencia de que estos animales podr&#x00ED;an proporcionarnos informaci&#x00F3;n sobre las primeras etapas de la evoluci&#x00F3;n humana. No obstante, cuando lo hizo, en las d&#x00E9;cadas de 1960 y 1970, las preguntas y t&#x00E9;cnicas que resultar&#x00ED;an &#x00FA;tiles en tal esfuerzo ya hab&#x00ED;an sido desarrolladas por primat&#x00F3;logos japoneses, quienes hab&#x00ED;an identificado individualmente a sus monos y los hab&#x00ED;an seguido el tiempo suficiente para comprender la extraordinaria complejidad de la sociedad primate, as&#x00ED; como tambi&#x00E9;n el grado de diferencia entre cada grupo. Lo m&#x00E1;s importante es que Imanishi hab&#x00ED;a formulado la cuesti&#x00F3;n de la cultura animal de una manera que invitaba a realizar m&#x00E1;s estudios (v&#x00E9;ase la siguiente discusi&#x00F3;n). Ahora bien, en lugar de comparar a Imanishi con Leakey, el paralelo m&#x00E1;s apropiado es con Ray Carpenter, el primat&#x00F3;logo estadounidense pionero. Carpenter era un fisi&#x00F3;logo de formaci&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n un cient&#x00ED;fico del comportamiento de primer nivel que prefer&#x00ED;a el campo al laboratorio. Trabaj&#x00F3; con <italic>macacos rhesus</italic> liberados en la isla caribe&#x00F1;a de Cayo Santiago, as&#x00ED; como tambi&#x00E9;n con monos aulladores y gibones salvajes. Estaba interesado en las relaciones sociales y dibuj&#x00F3; sociogramas que trazaban la estructura del grupo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-7-31934">Carpenter, 1964</xref>). Si bien no lleg&#x00F3; tan lejos en esto como los primat&#x00F3;logos japoneses, quienes pudieron distinguir m&#x00E1;s de 100 monos y rastrear sus v&#x00ED;nculos familiares a lo largo de generaciones, Carpenter compart&#x00ED;a con ellos una perspectiva claramente &#x201C;sociol&#x00F3;gica&#x201D;. No sorprende, por tanto, que Carpenter fuera el primer occidental en convertirse en un firme partidario de la primatolog&#x00ED;a japonesa (v&#x00E9;ase la <xref ref-type="fig" rid="fig-1-31934">figura 1</xref>).</p>
<fig id="fig-1-31934">
<label><bold>Figura 1.</bold></label>
<caption><title>Kinji Imanishi (1902-1992) y Ray Carpenter (1905-1975), frente a la Universidad Estatal de Pensilvania, donde Carpenter estuvo trabajando durante la visita de Imanishi a Estados Unidos. Carpenter presenta el primer n&#x00FA;mero de la revista <italic>Primates</italic>, la m&#x00E1;s antigua en su campo, ahora publicada por Springer-Verlag. La fotograf&#x00ED;a fue tomada por el fallecido Itani en 1958. Copyright: Archivos visuales en memoria de Jun&#x2019;ichirou Itani del Instituto de Investigaci&#x00F3;n de Primates de la Universidad de Kioto. Con permiso especial de Tetsuro Matsuzawa</title></caption>
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</fig>
<p>El enfoque de Imanishi sobre el comportamiento de los primates equivale a un cambio paradigm&#x00E1;tico que hoy ha sido adoptado por toda la primatolog&#x00ED;a y m&#x00E1;s all&#x00E1;. Por lo tanto, si ya no percibimos el antropomorfismo como el problema que alguna vez fue (<xref ref-type="bibr" rid="ref-28-31934">Mitchell <italic>et al</italic>., 1997</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-40-31934">de Waal, 1999</xref>), y si los estudiantes de animales longevos &#x2013;ya sea que observen delfines o elefantes&#x2013; identifican de manera rutinaria individuos y los siguen a lo largo de su vida (<xref ref-type="bibr" rid="ref-42-31934">de Waal y Tyack, 2003</xref>), es porque estamos empleando t&#x00E9;cnicas de Oriente que inicialmente fueron objeto de burla y resistidas por Occidente.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-3-31934">
<label><bold>3.</bold></label>
<title><bold>L<sc>a barrera del idioma</sc></bold></title>
<p>En 1958, Imanishi y sus estudiantes recorrieron universidades estadounidenses para informar de sus hallazgos. Siendo que humanizaban a sus sujetos, se encontraron con muchas burlas y con un profundo escepticismo respecto de la capacidad de simples humanos a la hora de distinguir a todos esos monos. A la gente le costaba creer que tal haza&#x00F1;a fuera posible y expresaban incredulidad frente a sus visitantes (Itani, comunicaci&#x00F3;n personal). Tampoco debemos olvidar que hace tan s&#x00F3;lo unas d&#x00E9;cadas los profesores universitarios occidentales advert&#x00ED;an a los estudiantes de primatolog&#x00ED;a contra el enfoque ate&#x00F3;rico, el antropomorfismo y la falta general de relevancia de los art&#x00ED;culos de sus colegas japoneses, mientras desalentaban las referencias a esta literatura (<xref ref-type="bibr" rid="ref-4-31934">Asquith, 1996</xref>).</p>
<p>Entonces, &#x00BF;c&#x00F3;mo es posible que los principios b&#x00E1;sicos de la escuela de Imanishi se den ahora por sentados en Occidente? Para comprender c&#x00F3;mo esta &#x201C;invasi&#x00F3;n alien&#x00ED;gena&#x201D; de ideas pudo haber tenido lugar frente a nuestras narices, debemos mirar la cultura oriental y tambi&#x00E9;n apreciar c&#x00F3;mo el monopolio ling&#x00FC;&#x00ED;stico afecta a la ciencia (<xref ref-type="bibr" rid="ref-9-31934">Gibbs, 1995</xref>).</p>
<p>La respuesta a la primera pregunta es, como hemos visto, que la ciencia oriental no ten&#x00ED;a ninguna afici&#x00F3;n por el tradicional dualismo humano/animal occidental. Las ventajas de ignorar este dualismo resultaron inmediatamente obvias para los cient&#x00ED;ficos de mente abierta, como Carpenter, quienes ayudaron a acelerar un proceso en Occidente que podr&#x00ED;a haber ocurrido de todos modos.</p>
<p>La respuesta a la segunda pregunta est&#x00E1; en el lenguaje (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-31934">Bartholomew, 1998</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-5-31934">Asquith, 2000</xref>). Para quienes no hablan ingl&#x00E9;s, resulta dif&#x00ED;cil hacerse o&#x00ED;r en un mundo angloparlante. Dado que el ingl&#x00E9;s no es mi lengua materna, estoy familiarizado con el esfuerzo que implica escribir y hablar en otro idioma, aunque mi holand&#x00E9;s nativo es probablemente el idioma m&#x00E1;s cercano al ingl&#x00E9;s. Cuando era estudiante, todos mis libros de texto estaban en dos idiomas extranjeros (alem&#x00E1;n e ingl&#x00E9;s), y cuando m&#x00E1;s tarde comenc&#x00E9; a escribir art&#x00ED;culos, pas&#x00E9; una cantidad excesiva de tiempo buscando t&#x00E9;rminos en gruesos diccionarios que permitieran expresar mis pensamientos en ingl&#x00E9;s. Este esfuerzo, que para los cient&#x00ED;ficos japoneses seguramente se multiplique por diez, es despreocupadamente ignorado por los hablantes nativos de ingl&#x00E9;s.</p>
<p>El t&#x00ED;pico hablante nativo de ingl&#x00E9;s es monoling&#x00FC;e. La falta de familiaridad con otros idiomas le hace imaginar que deben ser copias del ingl&#x00E9;s. No obstante, idiomas distintos no s&#x00F3;lo tienen diferentes palabras y gram&#x00E1;ticas, sino que tambi&#x00E9;n representan diferentes visiones del mundo. Al ser conceptualmente diferentes, muchas expresiones y matices resultan intraducibles. Por ejemplo, el holand&#x00E9;s est&#x00E1; plagado de diminutivos (inexistentes en la mayor&#x00ED;a de los idiomas) que transmiten una ternura propia de un pa&#x00ED;s peque&#x00F1;o y ordenado. La forma en que los franceses hablan de comida, por poner otro ejemplo, ni siquiera es imaginable para la mayor&#x00ED;a de los angloparlantes. Las diferencias, sin embargo, son mucho m&#x00E1;s profundas: determinan la forma en que construimos la realidad. Por lo tanto, si las palabras chinas a menudo sirven a la vez como sustantivos y como verbos, esto hace que sea natural para los chinos ver los objetos como eventos y entender el mundo como si estuviera formado por procesos en lugar de por entidades.</p>
<p>El ingl&#x00E9;s, que por un accidente de la historia se ha convertido en la lengua dominante del mundo, es un idioma que est&#x00E1; perfectamente bien. Tener un solo idioma para ponencias y conferencias internacionales, en mi opini&#x00F3;n, es preferible a tener varios idiomas en competencia. Entonces, el ingl&#x00E9;s en s&#x00ED; no es el problema: el problema es la actitud de los angloparlantes nativos.</p>
<p>Naturalmente, hablas tu propio idioma m&#x00E1;s r&#x00E1;pido que cualquier otro. Esto puede hacer imposible que quienes no son hablantes nativos del ingl&#x00E9;s puedan seguir fluidamente las discusiones en los encuentros internacionales. Esta situaci&#x00F3;n empeora en aquellas ocasiones en las que un angloparlante no se anda con rodeos cuando debate con un cient&#x00ED;fico cuyo ingl&#x00E9;s es pobre. He visto que eso sucede a menudo. El angloparlante se levanta del p&#x00FA;blico, articula una pregunta punzante, a veces mezclada con un chiste, y luego apenas se toma el tiempo de escuchar la respuesta torpemente formulada de su oponente. Al ser los angloparlantes nativos los que dominan las discusiones en general, se presentan como grandes mentes pavone&#x00E1;ndose con la seguridad de que nadie se atrever&#x00E1; a desafiarlos.</p>
<p>Las buenas ideas formuladas en un mal ingl&#x00E9;s mueren o son reempaquetadas. Si esto &#x00FA;ltimo ocurre, una vez que la idea ha pasado al dominio del buen ingl&#x00E9;s, su origen tiende a olvidarse. Es un poco como la interpretaci&#x00F3;n cinematogr&#x00E1;fica de una obra de teatro francesa (por ejemplo, &#x201C;La jaula de p&#x00E1;jaros&#x201D; &#x2013; <italic>La Cage aux Folles</italic>; &#x201C;La Bella y la Bestia&#x201D; &#x2013; <italic>La Belle et la B&#x00EA;te</italic>): una vez que se ha estrenado la pel&#x00ED;cula, la gran mayor&#x00ED;a de la gente cree que la idea surgi&#x00F3; en Hollywood. Una vez expresada en ingl&#x00E9;s, la idea en cuesti&#x00F3;n se vuelve inglesa o americana. Este es un proceso natural que probablemente se aplique a cualquier idioma, pero en ciencia deber&#x00ED;amos dar cr&#x00E9;dito intelectual a quien se lo merece.</p>
<p>Entonces, una de las razones por las que el pensamiento oriental pudo infiltrarse en el estudio del comportamiento animal sin ser advertido reside en que se filtr&#x00F3; en la literatura a trav&#x00E9;s de formulaciones y traducciones enrevesadas que los angloparlantes nativos encontraron f&#x00E1;cil de mejorar. En el proceso procedieron a borrar parte del cr&#x00E9;dito de las nuevas ideas. Por lo tanto, aunque Imanishi nos haya encaminado en el sendero de la cultura animal &#x2013;que ahora es el tema m&#x00E1;s candente en nuestro campo&#x2013; los cient&#x00ED;ficos occidentales rara vez, o nunca, mencionan su nombre en este contexto.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-4-31934">
<label><bold>4.</bold></label>
<title><bold>C<sc>ultura animal</sc></bold></title>
<p>Ya en 1952, cuando los et&#x00F3;logos europeos trabajaban en teor&#x00ED;as del instinto y los conductistas estadounidenses recompensaban ratas por presionar palancas, Imanishi escribi&#x00F3; un art&#x00ED;culo en el que criticaba las opiniones establecidas sobre los animales (<xref ref-type="bibr" rid="ref-17-31934">Imanishi, 1941</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref-18-31934">1952</xref>). Incluy&#x00F3; un debate entre una avispa, un mono, un evolucionista y un lego, en el que se plante&#x00F3; la posibilidad de que, adem&#x00E1;s de nosotros, otros animales tambi&#x00E9;n pudieran tener cultura. <xref ref-type="bibr" rid="ref-15-31934">Hirata <italic>et al</italic>. (2001)</xref> proporcionan una traducci&#x00F3;n de una parte de este debate imaginario. La definici&#x00F3;n propuesta era simple: si los individuos aprenden unos de otros, su comportamiento puede, con el tiempo, llegar a ser diferente del de otros grupos, creando as&#x00ED; una cultura caracter&#x00ED;stica (<xref ref-type="bibr" rid="ref-21-31934">Itani y Nishimura, 1973</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-30-31934">Nishida, 1987</xref>).</p>
<p>Este enfoque redujo la cultura a su m&#x00ED;nimo com&#x00FA;n denominador: la transmisi&#x00F3;n social, m&#x00E1;s que a la gen&#x00E9;tica del comportamiento. Esto se confirm&#x00F3; pocos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de la publicaci&#x00F3;n del libro, a partir de observaciones de macacos japoneses lavando batatas en la isla de Koshima. Ahora sabemos que el aprendizaje cultural est&#x00E1; muy extendido e incluye el canto de los p&#x00E1;jaros (p. ej., <xref ref-type="bibr" rid="ref-44-31934">West <italic>et al</italic>., 2003</xref>), el uso de herramientas por parte de los chimpanc&#x00E9;s (p. ej., <xref ref-type="bibr" rid="ref-45-31934">Whiten <italic>et al</italic>. 1999</xref>) y las t&#x00E9;cnicas de caza de las ballenas (p. ej., <xref ref-type="bibr" rid="ref-32-31934">Rendell y Whitehead, 2001</xref>). Nuevos ejemplos se descubren casi a diario.</p>
<p>Hasta hace poco, sin embargo, los cient&#x00ED;ficos occidentales se hab&#x00ED;an resistido a la idea de la cultura animal, principalmente insistiendo en mecanismos muy espec&#x00ED;ficos de transmisi&#x00F3;n social &#x2013;como la ense&#x00F1;anza y la imitaci&#x00F3;n&#x2013; que muchos animales pueden no manifestar, y de los cuales incluso la cultura humana puede no depender en el grado que estos autores suponen (<xref ref-type="bibr" rid="ref-31-31934">Premack y Premack, 1994</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-37-31934">Tomasello, 1994</xref>). En un desaf&#x00ED;o directo a la escuela de Imanishi, <xref ref-type="bibr" rid="ref-8-31934">Galef (1992)</xref> escribi&#x00F3; una influyente cr&#x00ED;tica a los estudios de Koshima en la que afirmaba que (1) el aprovisionamiento de alimentos en la isla puede haber sido realizado selectivamente para recompensar a los individuos que mostraban el comportamiento deseado, como lavar papas, y (2) el aprendizaje individual podr&#x00ED;a ser suficiente como explicaci&#x00F3;n de la propagaci&#x00F3;n del h&#x00E1;bito en cuesti&#x00F3;n. Galef, que nunca puso un pie en Koshima, se bas&#x00F3; en un par de frases de <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-31934">Green (1975)</xref>, quien s&#x00ED; hab&#x00ED;a visitado la isla en 1968 y en 1969.</p>
<p>En ese momento, el personal de Koshima ocasionalmente admit&#x00ED;a a personas que quer&#x00ED;an ir a ver a los monos lavando papas. Para ello, alimentaban a los monos cerca del oc&#x00E9;ano y se aseguraban de que los mejores &#x201C;ejecutantes&#x201D; estuvieran disponibles. <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-31934">Green (1975)</xref>, que asisti&#x00F3; s&#x00F3;lo a una de esas escenas de recolecci&#x00F3;n de papas durante toda su estancia, estaba consciente de que este m&#x00E9;todo de aprovisionamiento pretend&#x00ED;a beneficiar a los turistas y a los investigadores visitantes, incluido &#x00E9;l mismo. Su relato anecd&#x00F3;tico de m&#x00E1;s de 15 a&#x00F1;os despu&#x00E9;s del inicio del lavado de papas no puede decirnos c&#x00F3;mo se origin&#x00F3; o se extendi&#x00F3; tal h&#x00E1;bito. Para ello, deber&#x00ED;amos recurrir a la cuidadosa documentaci&#x00F3;n de <xref ref-type="bibr" rid="ref-22-31934">Kawai (1965)</xref>, que cubri&#x00F3; un per&#x00ED;odo bastante anterior durante el cual pocos forasteros se acercaron a Koshima.</p>
<p>Mis propias conversaciones con Satsue Mito (quien dirigi&#x00F3; el suministro de papas en los primeros a&#x00F1;os), me generaron serias dudas de que los procedimientos imaginados por <xref ref-type="bibr" rid="ref-8-31934">Galef (1992)</xref> hubiesen sido aplicados alguna vez (<xref ref-type="bibr" rid="ref-41-31934">de Waal, 2001</xref>). En primer lugar, no habr&#x00ED;a sido l&#x00F3;gico. Para que un comportamiento se propague, es de vital importancia que los individuos que no exhiben el comportamiento en cuesti&#x00F3;n tengan la oportunidad de hacerlo. De ah&#x00ED;, justamente, la necesidad de proporcionar papas a los monos no lavadores. En segundo lugar, uno no podr&#x00ED;a alimentar a una manada de monos como a uno se le ocurra sin causar, al mismo tiempo, una incre&#x00ED;ble confusi&#x00F3;n. Para que ello no ocurra es necesario &#x201C;alimentar&#x201D; la jerarqu&#x00ED;a. Si uno alimentara a los monos j&#x00F3;venes y de bajo rango antes que al resto, los superiores los acosar&#x00ED;an hasta el punto que pondr&#x00ED;an en peligro su vida. Mito, habiendo entendido esto, aliment&#x00F3; primero a los machos adultos y a las hembras de alto rango. No obstante, a pesar de esta t&#x00E9;cnica de alimentaci&#x00F3;n, el lavado de papas comenz&#x00F3; con los individuos j&#x00F3;venes y de bajo rango. De hecho, aunque los machos de mayor edad fueron los primeros en ser alimentados, nunca aprendieron a lavar. A su vez, a partir de las excelentes revisiones de <xref ref-type="bibr" rid="ref-22-31934">Kawai (1965)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref-43-31934">Watanabe (1994)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref-15-31934">Hirata <italic>et al</italic>. (2001)</xref> y otros, resulta evidente que el lavado de patatas se extendi&#x00F3; entre los monos de una forma que era consistente con las relaciones sociales de la manada. Por lo tanto, los primeros individuos en manifestar el comportamiento despu&#x00E9;s de que una hembra joven, Imo, comenzara con el h&#x00E1;bito, fueron sus coet&#x00E1;neos y su madre &#x00BF;Cu&#x00E1;l ser&#x00ED;a la probabilidad de que esto sucediese por casualidad? En un an&#x00E1;lisis <italic>post hoc</italic> de los datos existentes, la celeridad del aprendizaje parec&#x00ED;a consistente con un modelo de transmisi&#x00F3;n social. <xref ref-type="bibr" rid="ref-25-31934">Lefebvre (1995)</xref> argument&#x00F3; que el aprendizaje social puede distinguirse del aprendizaje individual por la rapidez con la que se propaga un nuevo comportamiento. Es posible que el aprendizaje social produzca una funci&#x00F3;n aceleradora, ya que, mientras que el aumento en el n&#x00FA;mero de practicantes del nuevo comportamiento aumenta la probabilidad de que los individuos que no lo hab&#x00ED;an practicado antes queden expuestos a &#x00E9;l, se espera que el aprendizaje individual produzca una funci&#x00F3;n lineal. Bas&#x00E1;ndose en estos supuestos, Lefebvre concluy&#x00F3; que las tradiciones primates m&#x00E1;s analizables eran consistentes con el aprendizaje social. Por lo tanto, no hay ninguna raz&#x00F3;n urgente para renunciar al lavado de papas en Koshima como ejemplo de transmisi&#x00F3;n social de un h&#x00E1;bito espec&#x00ED;fico en una poblaci&#x00F3;n de monos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-41-31934">de Waal, 2001</xref>).</p>
<p>Esto no conlleva afirmar que la cuesti&#x00F3;n planteada por Galef <italic>et al</italic>. sobre el mecanismo de transmisi&#x00F3;n sea irrelevante. Mientras que los bi&#x00F3;logos consideran que el mecanismo es secundario a la funci&#x00F3;n, ciertamente en el nivel de la definici&#x00F3;n de un fen&#x00F3;meno (por ejemplo, no definimos la locomoci&#x00F3;n o la respiraci&#x00F3;n por la manera en que se logra), las diversas formas en que la transmisi&#x00F3;n cultural se efectiviza siguen siendo enigm&#x00E1;ticas y exigen total atenci&#x00F3;n. Sin embargo, hay que a&#x00F1;adir que los psic&#x00F3;logos del aprendizaje, quienes provienen de una tradici&#x00F3;n en la que se testean animales individuales en tareas artificiales, tal vez no posean el mejor enfoque disponible para abordar el enigma mencionado. La confiada afirmaci&#x00F3;n de <xref ref-type="bibr" rid="ref-8-31934">Galef (1992)</xref> de que los actos imitados se extinguir&#x00E1;n autom&#x00E1;ticamente si no consiguen generar recompensas, permite ilustrar dicha limitaci&#x00F3;n. Si bien esto resulta l&#x00F3;gico desde la perspectiva del refuerzo, conocemos muchos ejemplos de conductas culturalmente transmitidas que no poseen ning&#x00FA;n valor de recompensa. Dos ejemplos son el manejo de piedras por parte de los monos japoneses en Arashiyama, que parece ser una actividad in&#x00FA;til (<xref ref-type="bibr" rid="ref-16-31934">Huffman, 1996</xref>), y los intentos de cascar nueces por parte de chimpanc&#x00E9;s j&#x00F3;venes. Respecto de este &#x00FA;ltimo caso, si bien los chimpanc&#x00E9;s beb&#x00E9;s y j&#x00F3;venes carecen de la habilidad, la fuerza y la coordinaci&#x00F3;n para romper nueces, en sus juegos combinan piedras y nueces de una manera que eventualmente conduce a obtener el fruto comestible. Sin embargo, sus primeros aciertos se producen s&#x00F3;lo despu&#x00E9;s de muchos a&#x00F1;os de actividad sin recompensa alguna (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-31934">Inoue-Nakamura y Matsuzawa, 1997</xref>). De hecho, contrariamente a lo que afirma Galef, el refuerzo extr&#x00ED;nseco posee poca relevancia para la difusi&#x00F3;n de h&#x00E1;bitos culturales (<xref ref-type="bibr" rid="ref-41-31934">de Waal, 2001</xref>).</p>
<p>Un enfoque ecol&#x00F3;gicamente v&#x00E1;lido del aprendizaje social requerir&#x00ED;a que consider&#x00E1;ramos el contexto natural en el que tiene lugar. Por ejemplo, los experimentos de imitaci&#x00F3;n que son populares actualmente, en los que primates no humanos u otros animales observan un modelo de otra especie (siempre la nuestra) o presencian una &#x00FA;nica demostraci&#x00F3;n de un acto novedoso, est&#x00E1;n muy alejados de las circunstancias en las cuales evolucion&#x00F3; el aprendizaje social. En la naturaleza, los observadores y los modelos pertenecen a la misma especie y normalmente copian el comportamiento despu&#x00E9;s de haberlo presenciado varias veces. Este es el tipo de contexto de aprendizaje sobre el que necesitamos saber m&#x00E1;s.</p>
<p>En lugar de centrarse en el refuerzo, las nuevas conceptualizaciones suponen que el aprendizaje social se basa en la identificaci&#x00F3;n con modelos y en la necesidad de actuar como ellos. Tales supuestos conformistas subyacen al Aprendizaje Observacional basado en el V&#x00ED;nculo y la Identificaci&#x00F3;n (BIOL, por sus siglas en ingl&#x00E9;s) de <xref ref-type="bibr" rid="ref-39-31934">De Waal (1998</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref-41-31934">2001</xref>), as&#x00ED; como tambi&#x00E9;n a la educaci&#x00F3;n maestro-aprendiz de <xref ref-type="bibr" rid="ref-27-31934">Matsuzawa <italic>et al</italic>. (2001)</xref>. Estas teor&#x00ED;as no tienen el problema de explicar por qu&#x00E9; los experimentos de imitaci&#x00F3;n con modelos humanos a veces fracasan: ellas asignan un papel cr&#x00ED;tico a la cercan&#x00ED;a entre el observador y su modelo de comportamiento que, junto con el deseo de comportarse como los dem&#x00E1;s, promueve la convergencia conductual gracias a la cual se produce la cultura. Los mecanismos propuestos son tanto socioemocionales como cognitivos.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-5-31934">
<label><bold>5.</bold></label>
<title><bold>S<sc>upuestos versus teor&#x00ED;a</sc></bold></title>
<p>En sus esclarecedoras comparaciones entre la primatolog&#x00ED;a occidental y la japonesa, Asquith se&#x00F1;al&#x00F3; muchas distinciones &#x00FA;tiles, como la ya mencionada falta de dualismo humano-animal en la religi&#x00F3;n oriental. Asquith no cree, como s&#x00ED; lo hizo <xref ref-type="bibr" rid="ref-13-31934">Halstead (1985)</xref>, que el darwinismo haya sido alguna vez rechazado por los cient&#x00ED;ficos japoneses, sino m&#x00E1;s bien que, por un lado, los cient&#x00ED;ficos occidentales tendieron a pensar en t&#x00E9;rminos absolutos (es decir, o uno est&#x00E1; a favor o est&#x00E1; en contra de una idea) y, por otro lado, sus colegas japoneses simplemente se basaron en los elementos m&#x00E1;s atractivos de la teor&#x00ED;a de la evoluci&#x00F3;n, ignorando el resto (<xref ref-type="bibr" rid="ref-2-31934">Asquith, 1986</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref-3-31934">1991</xref>).</p>
<p>La primatolog&#x00ED;a japonesa nunca fue tan ate&#x00F3;rica como cre&#x00ED;an algunos cient&#x00ED;ficos occidentales. Mi impresi&#x00F3;n es, m&#x00E1;s bien, que no todo el mundo se siente c&#x00F3;modo formulando ideas seg&#x00FA;n la manera que es popular en Occidente. Establecemos teor&#x00ED;as que son testeables, es decir, que pueden ser refutadas. Para nosotros, la ciencia es un proceso de confrontaci&#x00F3;n que procura determinar qui&#x00E9;n tiene raz&#x00F3;n y qui&#x00E9;n no. Se necesita cierta mentalidad para operar de esta manera. Si bien a los cient&#x00ED;ficos japoneses no les faltan suposiciones o expectativas sobre el mundo, son reacios a proponerlas de una manera que invite al desacuerdo.</p>
<p>Los primat&#x00F3;logos japoneses poseen expectativas claras, como se desprende de un ejemplo hist&#x00F3;rico poco conocido de la primatolog&#x00ED;a de campo. Hasta finales de la d&#x00E9;cada de 1960, la visi&#x00F3;n occidental era positivamente rousseauniana: los simios eran &#x201C;nobles salvajes&#x201D; aut&#x00F3;nomos, libres de lazos y obligaciones sociales. Lo &#x00FA;nico que hac&#x00ED;an era desplazarse aleatoriamente de un &#x00E1;rbol frutal a otro. Los siempre cambiantes grupos de chimpanc&#x00E9;s que los investigadores encontraban en los bosques de &#x00C1;frica parec&#x00ED;an confirmar que carec&#x00ED;an de una vida grupal coherente. Mientras Jane Goodall describ&#x00ED;a a las chimpanc&#x00E9;s hembras y a sus cr&#x00ED;as dependientes como las &#x00FA;nicas unidades vinculares (<xref ref-type="bibr" rid="ref-24-31934">van Lawick-Goodall, 1968</xref>), un equipo japon&#x00E9;s que trabajaba a s&#x00F3;lo 130 kil&#x00F3;metros al sur de Gombe trabajaba bajo suposiciones bastante diferentes. Se preguntaron c&#x00F3;mo ser&#x00ED;a posible que una especie que supuestamente llena el vac&#x00ED;o entre nosotros y otros animales, carezca de una vida social compleja. Finalmente, a trav&#x00E9;s de persistentes observaciones de campo, resolvieron el enigma y demostraron que los chimpanc&#x00E9;s viven en los denominados &#x2018;grupos unitarios&#x2019; con una membres&#x00ED;a estable (<xref ref-type="bibr" rid="ref-29-31934">Nishida, 1968</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-35-31934">Takasaki, 2000</xref>).</p>
<p>Los cient&#x00ED;ficos occidentales pronto reemplazaron el t&#x00E9;rmino &#x2018;grupo unitario&#x2019; por &#x2018;comunidad&#x2019;, lo que no facilit&#x00F3; la conservaci&#x00F3;n del origen del descubrimiento. La sociedad unida por los machos [<italic>male-bonded society</italic>] del chimpanc&#x00E9; es ahora un elemento b&#x00E1;sico del conocimiento primatol&#x00F3;gico &#x2013;existe amplia evidencia de agresi&#x00F3;n territorial entre diferentes comunidades (por ejemplo, <xref ref-type="bibr" rid="ref-11-31934">Goodall, 1986</xref>)&#x2013;, pero el descubrimiento inicial provino de una firme convicci&#x00F3;n de que los chimpanc&#x00E9;s no pod&#x00ED;an ser ni de lejos tan &#x201C;individualistas&#x201D; como la ciencia occidental los hab&#x00ED;a presentado.</p>
<p>El punto importante de todo esto es que las opiniones de Imanishi, aunque no est&#x00E1;n formuladas como una teor&#x00ED;a formal y han llegado a Occidente s&#x00F3;lo con mucho retraso, claramente han prevalecido. Puntos de vista que entraban en conflicto con los dualismos occidentales tradicionales (por ejemplo, animal/humano, naturaleza/cultura) pasaron desapercibidos por nuestro pensamiento junto con t&#x00E9;cnicas de observaci&#x00F3;n de gran valor. Esta invasi&#x00F3;n silenciosa desde Oriente ayud&#x00F3; a Occidente a deshacerse de parte de su bagaje cultural. Sin embargo, la forma como esto sucedi&#x00F3; y la falta general de reconocimiento dan pistas de las dificultades que experimentan otros grupos culturales y ling&#x00FC;&#x00ED;sticos cuando intentan encontrar una voz en la ciencia.</p>
<p>No debemos dejarnos enga&#x00F1;ar por la hegemon&#x00ED;a cient&#x00ED;fica de Occidente: es un pensamiento tan irreal como el de que un pa&#x00ED;s pueda ordenar al resto del mundo. El estudio de la naturaleza no puede dejarse en manos de un solo sacerdocio en el que todos piensan igual. Cada cultura est&#x00E1; demasiado absorta en su propia relaci&#x00F3;n con la naturaleza como para poder dar un paso atr&#x00E1;s y verla tal como es. Con el fin de obtener una imagen completa, se necesitan cient&#x00ED;ficos con todo tipo de experiencia y que juntos asuman una tarea equivalente a la de comparar una variedad de im&#x00E1;genes en el laberinto de espejos de un parque de diversiones. En alg&#x00FA;n lugar de esa informaci&#x00F3;n tan distorsionada reside la verdad.</p>
</sec>
</body>
<back>
<ack>
<title><bold>A<sc>gradecimientos</sc></bold></title>
<p>Este ensayo no podr&#x00ED;a haber sido escrito sin mis colegas japoneses durante mi agradable estancia en su pa&#x00ED;s. Estoy inmensamente agradecido a Toshisada Nishida y Tetsuro Matsuzawa, quienes me invitaron a Kioto en 1998 y 2002, respectivamente, y al fallecido Junichiro Itani, Pamela Asquith, Toshikazu Hasegawa, Mariko Hiraiwa-Hasegawa, Michael Huffman, Suehisa Kuroda, Satsue Mito, Osamu Sakura, Hideko Takeshita, Kunio Watanabe, Soshichi Uchii y muchos otros colegas por sus &#x00FA;tiles debates. Tambi&#x00E9;n agradezco a los tres &#x00E1;rbitros an&#x00F3;nimos de esta revista por sus comentarios constructivos y referencias bibliogr&#x00E1;ficas complementarias.</p>
</ack>
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<fn id="fn-1-31934"><label>1.</label> <p>Traducci&#x00F3;n: E. Joaqu&#x00ED;n Su&#x00E1;rez-Ru&#x00ED;z y Carolina Scotto. Esta traducci&#x00F3;n fue autorizada por su autor, Frans de Waal, y contempla las normas de copyright de su editorial original, <italic>Animal Cognition</italic>. &#x00A9; Springer-Verlag 2003.</p></fn>
<fn id="fn-2-31934"><label>2.</label> <p>En el oto&#x00F1;o de 1998 visit&#x00E9; China y Jap&#x00F3;n durante varios meses con una beca otorgada por la Sociedad Japonesa para la Promoci&#x00F3;n de la Ciencia (JSPS, por sus siglas en ingl&#x00E9;s). Durante este tiempo, habl&#x00E9; con muchos primat&#x00F3;logos y otros acad&#x00E9;micos tanto en mi base de operaciones, Kioto, como en todo Jap&#x00F3;n, desde el norte hasta el sur. Esto incluy&#x00F3; una conversaci&#x00F3;n con el fallecido Jun&#x2019;ichiro Itani, quien me ofreci&#x00F3; una visi&#x00F3;n de primera mano de las ideas tempranas de Imanishi y su recepci&#x00F3;n tanto en Jap&#x00F3;n como en Occidente. Tambi&#x00E9;n incluy&#x00F3; una visita a Koshima y conversaciones con Satsue Mito, quien desde el principio ayud&#x00F3; en los estudios sobre el lavado de patatas en la isla. Se remite al lector a <xref ref-type="bibr" rid="ref-41-31934">De Waal (2001)</xref>, para una descripci&#x00F3;n m&#x00E1;s completa de mis impresiones sobre la ciencia japonesa y las conexiones y diferencias con el enfoque occidental.</p></fn>
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<title><bold>R<sc>eferencias</sc></bold></title>
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