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<journal-title>ArtefaCToS. Revista de estudios sobre la ciencia y la tecnolog&#x00ED;a</journal-title>
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<issn pub-type="epub">1989-3612</issn>
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<publisher-name>Ediciones Universidad de Salamanca</publisher-name>
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<subject>Secci&#x00F3;n Monograf&#x00ED;a</subject>
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    <article-title>Normatividad natural: el “es” y el “debe” del comportamiento animal<xref ref-type="fn" rid="fn-1-31935"><sup>1</sup></xref></article-title>
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<surname>De Waal</surname>
<given-names>Frans B.M.</given-names>
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<institution content-type="original">Living Links, Yerkes National Primate Research Center, Emory University, Atlanta, GA, United States</institution>
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<institution content-type="orgdiv1">Yerkes National Primate Research Center</institution>
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<email>dewaal@emory.edu</email>
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    <lpage>320</lpage>
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<copyright-statement>&#x00A9; 2024 Ediciones Universidad de Salamanca</copyright-statement>
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<license-p>Este obra est&#x00E1; bajo una licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0 International (CC BY-NC-SA 4.0)</license-p>
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<title><bold>RESUMEN:</bold></title>
<p>Suele suceder que la evoluci&#x00F3;n del comportamiento se considera irrelevante para la comprensi&#x00F3;n de la moral humana, por el hecho de que carece de car&#x00E1;cter normativo (el &#x2018;debe&#x2019;) y consiste enteramente en descripciones de c&#x00F3;mo son las cosas o c&#x00F3;mo sucedieron (el &#x2018;es&#x2019;). No obstante, el comportamiento que es producto de la evoluci&#x00F3;n, incluido el de otros animales, no est&#x00E1; completamente desprovisto de normatividad. Si se define la normatividad como la adhesi&#x00F3;n a un ideal o est&#x00E1;ndar, existe amplia evidencia de que los animales tratan a sus relaciones sociales de esta manera. En otras palabras, persiguen valores sociales. En este art&#x00ED;culo reviso la evidencia sobre el hecho de que los primates no humanos intentan activamente preservar la armon&#x00ED;a dentro de su red social, por ejemplo, reconcili&#x00E1;ndose despu&#x00E9;s de un conflicto, protestando contra las divisiones desiguales y deteniendo peleas. Al hacerlo, corrigen las desviaciones respecto de un estado ideal. Sumado a ello, y con el fin de prevenir tales desviaciones, muestran autocontrol emocional y resoluci&#x00F3;n anticipada de conflictos. El reconocimiento de la orientaci&#x00F3;n hacia una meta y el car&#x00E1;cter normativo del comportamiento social animal nos permite cerrar parcialmente la brecha entre el &#x2018;es&#x2019; y el &#x2018;debe&#x2019; erigida en relaci&#x00F3;n con el comportamiento moral humano.</p>
</abstract>
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    <title><italic>Palabras clave</italic>:</title>
<kwd>moral</kwd>
<kwd>normatividad</kwd>
<kwd>resoluci&#x00F3;n de conflictos</kwd>
<kwd>inter&#x00E9;s comunitario</kwd>
<kwd>justicia</kwd>
<kwd>aversi&#x00F3;n a la inequidad</kwd>
<kwd>control emocional</kwd>
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<sec sec-type="sec-1-31935">
<label><bold>1.</bold></label>
<title><bold>I<sc>ntroducci&#x00F3;n</sc></bold></title>
<p>Uno de los problemas m&#x00E1;s irritantes a los que se enfrentan los intentos de fundamentar la moral en la biolog&#x00ED;a es la llamada divisi&#x00F3;n &#x2018;ser/deber ser&#x2019;. Si acaso se trata de una divisi&#x00F3;n real o no, depende en parte de c&#x00F3;mo enunciemos la pregunta. Vale resaltar que quien la formulara inicialmente, <xref ref-type="bibr" rid="ref-46-31935">David Hume (1739)</xref>, no la vio, de hecho, como una divisi&#x00F3;n n&#x00ED;tida. Hace ya casi tres siglos, lo que nos pidi&#x00F3; fue que tuvi&#x00E9;ramos la precauci&#x00F3;n de no asumir que podemos derivar el &#x2018;debe&#x2019; del &#x2018;es&#x2019; y agreg&#x00F3; que, si vamos a intentarlo, debemos dar una raz&#x00F3;n para ello. Habiendo notado la frecuencia con la que algunos autores pasaban de descripciones de c&#x00F3;mo son las cosas a declaraciones sobre c&#x00F3;mo deber&#x00ED;an ser, agreg&#x00F3;:</p>
<disp-quote>
<p>Este cambio es imperceptible, pero resulta, sin embargo, de la mayor importancia. En efecto, en cuanto que este &#x2018;debe&#x2019; o &#x201C;no debe&#x201D; expresa alguna nueva relaci&#x00F3;n o afirmaci&#x00F3;n, es necesario que esta sea observada y explicada y que al mismo tiempo se d&#x00E9; raz&#x00F3;n de algo que parece completamente inconcebible, a saber: c&#x00F3;mo es posible que esta nueva relaci&#x00F3;n se deduzca de otras totalmente diferentes (<xref ref-type="bibr" rid="ref-46-31935">Hume, 1739</xref>, 335).<xref ref-type="fn" rid="fn-2-31935">2</xref></p>
<p>En otras palabras, la forma en que nos parece que deben comportarse los humanos no es simplemente un reflejo de la naturaleza humana. As&#x00ED; como no se pueden inferir las normas de tr&#x00E1;nsito de la descripci&#x00F3;n de un autom&#x00F3;vil, tampoco se pueden inferir c&#x00F3;digos morales a partir de saber qui&#x00E9;nes o qu&#x00E9; somos. El punto de Hume se entiende bien, pero est&#x00E1; muy lejos de la ampliaci&#x00F3;n que hicieron de &#x00E9;l algunos fil&#x00F3;sofos posteriores, quienes convirtieron su pedido de cautela en la &#x201C;guillotina de Hume&#x201D;, proclamando un abismo infranqueable entre el &#x2018;es&#x2019; y el &#x2018;debe&#x2019; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-8-31935">Black, 1970</xref>). De ninguna manera existe acuerdo sobre este tema (sigue siendo un debate filos&#x00F3;fico perenne), pero algunos han ido tan lejos empu&#x00F1;ando esta guillotina que pretendieron acabar con todos y cada uno de los intentos, incluso los m&#x00E1;s cautelosos, de aplicar la l&#x00F3;gica evolutiva o la neurociencia a la comprensi&#x00F3;n de la moral humana. La ciencia no puede decirnos c&#x00F3;mo entender la moral, argumentan. Esto bien puede ser cierto, pero la ciencia s&#x00ED; puede ayudar a explicar por qu&#x00E9; ciertos resultados son preferidos/favorecidos por sobre otros y, por lo tanto, por qu&#x00E9; la moralidad es como es. Para empezar, no tendr&#x00ED;a sentido dise&#x00F1;ar reglas morales que fueran imposibles de seguir, al igual que no tendr&#x00ED;a sentido hacer reglas de tr&#x00E1;nsito que los automovilistas no puedan obedecer. Esto se conoce como el argumento &#x201C;el &#x2018;debe&#x2019; implica el &#x2018;puede&#x2019;&#x201D;. La moral debe amoldarse a la especie a la que est&#x00E1; destinada.</p>
<p>El &#x2018;es&#x2019; y el &#x2018;debe&#x2019; son como el yin y el yang de la moralidad. Tenemos ambos, necesitamos ambos, no son lo mismo, pero no se pueden desvincular por completo. Se complementan entre s&#x00ED; (ver tambi&#x00E9;n <xref ref-type="bibr" rid="ref-51-31935">Kitcher, 2014</xref>, en este n&#x00FA;mero<xref ref-type="fn" rid="fn-3-31935">3</xref>). Al enfatizar la importancia de la naturaleza humana, el mismo <xref ref-type="bibr" rid="ref-46-31935">Hume (1739)</xref> ignor&#x00F3; la &#x2018;guillotina&#x2019; que lleva su nombre: vio la moral como un producto de las emociones, colocando la empat&#x00ED;a (a la que llam&#x00F3; &#x2018;simpat&#x00ED;a&#x2019;) en la parte superior de su lista. Esta opini&#x00F3;n no representaba ninguna contradicci&#x00F3;n, ya que, como se mencion&#x00F3; m&#x00E1;s arriba, lo &#x00FA;nico que suger&#x00ED;a era que tengamos prudencia en el paso del c&#x00F3;mo somos al c&#x00F3;mo debemos comportarnos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-3-31935">Baier, 1991</xref>). Nunca dijo que tal movimiento estuviera prohibido (aunque podr&#x00ED;a no haber estado de acuerdo con <xref ref-type="bibr" rid="ref-63-31935">Singer [1973]</xref>, para quien el debate sobre la divisi&#x00F3;n entre el &#x2018;es&#x2019; y el &#x2018;debe&#x2019; es una &#x201C;trivialidad&#x201D; que depende por completo de la definici&#x00F3;n de moral).</p>
<p>Si bien estoy de acuerdo con muchos fil&#x00F3;sofos en que es dif&#x00ED;cil, tal vez incluso imposible, razonar desde el nivel de c&#x00F3;mo son las cosas hasta el c&#x00F3;mo deber&#x00ED;an ser, explorar&#x00E9; aqu&#x00ED; si acaso la brecha divisoria resulta igualmente extensa cuando dejamos el dominio conceptual y entramos en el de las tendencias y motivaciones conductuales reales. &#x00BF;Qu&#x00E9; tal si la moral no se construye racionalmente, sino que, como pensaba Hume, se basa en valores emocionales? &#x00BF;Qu&#x00E9; tal si la biolog&#x00ED;a no est&#x00E1; s&#x00F3;lo en el lado del &#x2018;es&#x2019; de la ecuaci&#x00F3;n, sino que tambi&#x00E9;n nos informa sobre el lado del &#x2018;debe&#x2019;, por ejemplo, al explicar qu&#x00E9; valores perseguimos y por qu&#x00E9; raz&#x00F3;n evolutiva? Cada organismo se esfuerza por lograr ciertos resultados. La supervivencia es uno, la reproducci&#x00F3;n es otro, pero muchos organismos tambi&#x00E9;n persiguen efectos sociales que se acercan a los respaldados por la moral humana.</p>
<p>El hecho de que el comportamiento animal no est&#x00E1; libre de normatividad (definida como la adhesi&#x00F3;n a un ideal o est&#x00E1;ndar) apenas necesita argumentaci&#x00F3;n. Tengamos en cuenta, por ejemplo, la reacci&#x00F3;n de la ara&#x00F1;a ante una red da&#x00F1;ada. Si el da&#x00F1;o es extenso, abandonar&#x00E1; su telara&#x00F1;a, pero la mayor&#x00ED;a de las veces entrar&#x00E1; en modo de reparaci&#x00F3;n: devolver&#x00E1; la telara&#x00F1;a a su estado funcional anterior, rellenando agujeros o ajustando los hilos da&#x00F1;ados mediante otros nuevos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-34-31935">Eberhard, 1972</xref>). Del mismo modo, perturbar un nido de hormigas o un mont&#x00ED;culo de termitas conduce a una reparaci&#x00F3;n inmediata, al igual que los da&#x00F1;os generados a un dique de castores o a un nido de p&#x00E1;jaros. La naturaleza est&#x00E1; llena de estructuras f&#x00ED;sicas construidas por animales guiados por un patr&#x00F3;n que indica c&#x00F3;mo deber&#x00ED;a verse la estructura. Dicho patr&#x00F3;n motiva la reparaci&#x00F3;n o el ajuste tan pronto como la estructura se desv&#x00ED;a del ideal. En otras palabras, los animales tratan estas estructuras de manera normativa. No estoy pensando necesariamente aqu&#x00ED; en un juicio normativo. No est&#x00E1; claro si los animales sienten la obligaci&#x00F3;n de comportarse de una manera particular, ni asumo que cada individuo de una gran colonia tiene noci&#x00F3;n del nido como un todo, pero es innegable que los animales persiguen objetivos, colectiva o individualmente.</p>
<p>La cuesti&#x00F3;n aqu&#x00ED; es si hacen lo mismo con respecto a las relaciones sociales y a la sociedad en general &#x00BF;Buscan ciertos resultados sociales y corrigen o desalientan las desviaciones de las expectativas? &#x00BF;Adoptan un enfoque normativo de las relaciones sociales y, de ser as&#x00ED;, est&#x00E1; guiado por el mismo tipo de emociones y valores que subyacen a la moral humana? <xref ref-type="bibr" rid="ref-17-31935">Churchland (2011</xref>, 175) sugiere que hay una transici&#x00F3;n de las emociones sociales a los valores morales, sosteniendo que &#x201C;las emociones b&#x00E1;sicas son la forma en que la Madre Naturaleza nos orienta para hacer lo que prudentemente debemos&#x201D;. La pregunta es si este mismo movimiento es reconocible en otras especies.</p>
</disp-quote>
</sec>
<sec sec-type="sec-2-31935">
<label><bold>2.</bold></label>
<title><bold>J<sc>erarqu&#x00ED;a social y control de impulsos</sc></bold></title>
<p>Lo opuesto a la moral es que simplemente hagamos &#x201C;lo que queremos&#x201D;, siendo un supuesto subyacente que lo que queremos no es lo moralmente bueno. Este sigue siendo un argumento religioso frecuente en contra de la &#x00E9;tica naturalizada (<xref ref-type="bibr" rid="ref-39-31935">Gallagher, 2004</xref>). Desde este punto de vista, la moral se basa en la capacidad exclusivamente humana de inhibir las tendencias naturales (<xref ref-type="bibr" rid="ref-47-31935">Huxley, 1894</xref>). Por ejemplo, <xref ref-type="bibr" rid="ref-50-31935">Kitcher (2006)</xref> etiquet&#x00F3; a los chimpanc&#x00E9;s como &#x201C;caprichosos&#x201D; [<italic>wantons</italic>], defini&#x00E9;ndolos como criaturas vulnerables a cualquier impulso que incida sobre ellos. En alg&#x00FA;n momento de nuestra evoluci&#x00F3;n superamos esta impulsividad caprichosa y es esa superaci&#x00F3;n, justamente, la que nos hizo humanos. Seg&#x00FA;n <xref ref-type="bibr" rid="ref-50-31935">Kitcher (2006</xref>, 136), este proceso comenz&#x00F3; con la &#x201C;consciencia de que ciertos tipos de comportamientos proyectados podr&#x00ED;an tener resultados problem&#x00E1;ticos&#x201D;.</p>
<p>Sin embargo, innumerables animales viven con un tipo similar de conocimiento, no s&#x00F3;lo cuando intentan evitar ser detectados por depredadores o presas mediante la supresi&#x00F3;n del sonido y el movimiento, sino tambi&#x00E9;n en el &#x00E1;mbito social. Una jerarqu&#x00ED;a de dominancia es un sistema gigante de inhibiciones sociales, que, sin duda, allan&#x00F3; el camino para la moral humana, el cual tambi&#x00E9;n es un sistema de este tipo. El control de los impulsos es clave para evitar &#x201C;resultados problem&#x00E1;ticos&#x201D;. En macacos y otros primates, los machos de bajo rango var&#x00ED;an su comportamiento dependiendo de la presencia o ausencia del macho alfa. Tan pronto como el alfa les da la espalda, los otros machos se acercan a las hembras. En un experimento que pon&#x00ED;a a prueba este principio, los machos de bajo rango se negaban a acercarse a las hembras mientras el dominante miraba desde el interior de una caja transparente, pero tan pronto como este macho era retirado, copulaban libremente con ellas. Los machos de bajo rango tambi&#x00E9;n aprovechaban la ocasi&#x00F3;n para realizar las t&#x00ED;picas demostraciones de vigor [<italic>bouncing displays</italic>] de los machos de alto estatus. Despu&#x00E9;s de tales episodios, sin embargo, estaban excesivamente nerviosos al reunirse con el macho alfa, mostrando los dientes con tanta sumisi&#x00F3;n al saludarlo que los experimentadores interpretaron su comportamiento como un reconocimiento impl&#x00ED;cito de que hab&#x00ED;an violado un c&#x00F3;digo social (<xref ref-type="bibr" rid="ref-18-31935">Coe y Rosemblum, 1984</xref>). Tal vez las reglas sociales no se obedezcan simplemente en presencia de los dominantes y se olviden en su ausencia, sino que hasta cierto punto tambi&#x00E9;n se interioricen. Ahora bien, cuando los cient&#x00ED;ficos han tratado de medir el grado de internalizaci&#x00F3;n de las reglas impuestas por humanos en los perros, estudiando su comportamiento de aspecto culpable despu&#x00E9;s de las violaciones a las mismas, no han encontrado mucho m&#x00E1;s que cierto efecto directo del comportamiento del due&#x00F1;o sobre el perro (<xref ref-type="bibr" rid="ref-69-31935">Vollmer, 1977</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-45-31935">Horowitz, 2009</xref>).</p>
<p>No s&#x00F3;lo los individuos de bajo rango, sino tambi&#x00E9;n los de alto rango, se benefician del control de impulsos. Por ejemplo, un chimpanc&#x00E9; macho alfa experimentado (<italic>Pan troglodytes</italic>) puede ser desafiado de modo evidente por parte de un macho m&#x00E1;s joven, que arroja piedras en su direcci&#x00F3;n o hace una llamativa exhibici&#x00F3;n de fuerza con todos los pelos de punta (este es un modo de poner a prueba los nervios del alfa) y, sin embargo, ignorar totalmente el estruendo, como si apenas se diera cuenta, lo que obliga a su retador o a rendirse o a intensificar a&#x00FA;n m&#x00E1;s la situaci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-31935">de Waal, 1982</xref>).</p>
<p>En &#x00FA;ltima instancia, las inhibiciones asociadas con la jerarqu&#x00ED;a llegan a trav&#x00E9;s del castigo. Por ejemplo, despu&#x00E9;s de haber privado de agua a una gran manada de monos rhesus (<italic>Macaca mulatta</italic>) durante tres horas, se puso a su disposici&#x00F3;n un &#x00FA;nico estanque lleno de agua. Todos los adultos fueron a beber en orden jer&#x00E1;rquico. No obstante, los infantes y los j&#x00F3;venes beb&#x00ED;an con los machos de m&#x00E1;s alto rango y se mezclaban con la l&#x00ED;nea matricial superior, ignorando as&#x00ED; la jerarqu&#x00ED;a social. Es reci&#x00E9;n en el tercer a&#x00F1;o de vida, a trav&#x00E9;s de exclusiones y castigos cada vez mayores, que los menores comienzan a aprender su lugar en el orden de rango general y a converger as&#x00ED; con el rango de su madre (<xref ref-type="bibr" rid="ref-24-31935">de Waal, 1993</xref>).</p>
<p>En el caso de los simios, dado que se desarrollan m&#x00E1;s lentamente que los monos, los j&#x00F3;venes andan pr&#x00E1;cticamente impunes durante sus primeros cuatro a&#x00F1;os de vida. Por ejemplo, usan la espalda de un macho dominante como trampol&#x00ED;n, roban comida de las manos de otros o golpean a un joven mayor tan fuerte como pueden: nada de lo que hacen resulta/parece incorrecto. Uno puede imaginar la conmoci&#x00F3;n de un joven cuando es rechazado o castigado por primera vez. Los castigos m&#x00E1;s dram&#x00E1;ticos son los de aquellos varones j&#x00F3;venes que se aventuran demasiado cerca de una hembra sexualmente atractiva (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-31935">de Waal, 1982</xref>; <xref ref-type="fig" rid="fig-1-31935">Figura 1</xref>). Los machos j&#x00F3;venes s&#x00F3;lo necesitan una o dos lecciones de este tipo. A partir de all&#x00ED;, todo macho adulto puede hacer que salten lejos de una hembra simplemente con una mirada o un paso adelante. De esta manera, los m&#x00E1;s j&#x00F3;venes aprenden a controlar sus impulsos sexuales o, por lo menos, se vuelven m&#x00E1;s discretos a la hora de actuar cuando son guiados por ellos.</p>
<fig id="fig-1-31935">
<label><bold>Figura 1.</bold></label>
<caption><title>Un macho joven, de unos 4 a&#x00F1;os, ha mostrado demasiado inter&#x00E9;s por una de las hembras en celo y ahora est&#x00E1; siendo castigado por un macho adulto, que le ha metido el pie en la boca y lo balancea. Esto servir&#x00E1; como una lecci&#x00F3;n para el resto de la vida del joven macho sobre la competitividad de los machos en torno a las hembras sexualmente atractivas. Fotograf&#x00ED;a de Frans de Waal</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-1-31935.jpg"/>
</fig>
<p>La capacidad para controlar los impulsos puede testearse experimentalmente de la misma manera que se testea la demora de la gratificaci&#x00F3;n en ni&#x00F1;os (<xref ref-type="bibr" rid="ref-55-31935">Mischel <italic>et al</italic>., 1972</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-54-31935">Logue, 1988</xref>). A los ni&#x00F1;os se les da un malvavisco con la promesa de que, si no se lo comen, tendr&#x00E1;n otro m&#x00E1;s. Muchos ni&#x00F1;os tienen la capacidad de esperar durante minutos. De manera similar, tanto los simios (<xref ref-type="bibr" rid="ref-6-31935">Beran <italic>et al</italic>., 1999</xref>) como los monos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-1-31935">Amici <italic>et al</italic>., 2008</xref>) dejan pasar una recompensa inmediata en favor de una mejor y m&#x00E1;s tard&#x00ED;a. Tambi&#x00E9;n se ha mostrado que los chimpanc&#x00E9;s, como los ni&#x00F1;os, juegan m&#x00E1;s con sus juguetes en presencia de recompensas que se acumulan, lo que sugiere que intentan auto-distraerse frente a la tentaci&#x00F3;n. Esta acci&#x00F3;n permite a los simios demorar la gratificaci&#x00F3;n hasta 18 minutos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-35-31935">Evans y Beran, 2007</xref>). Otros estudios han demostrado que los simios pueden anular un impulso inmediato en favor de necesidades futuras, un aspecto esencial para una planificaci&#x00F3;n exitosa de la acci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref-56-31935">Osvath y Osvath, 2008</xref>).</p>
<p>El mismo entrelazamiento entre emoci&#x00F3;n y cognici&#x00F3;n reconocido en humanos parece estar presente en nuestros parientes cercanos, incluyendo el control deliberado de las emociones. En la medida en que dicho control est&#x00E1; mediado por los l&#x00F3;bulos frontales, es importante se&#x00F1;alar que la opini&#x00F3;n popular de que esta parte del cerebro est&#x00E1; excepcionalmente desarrollada en nuestra especie es err&#x00F3;nea. El cerebro humano es esencialmente un cerebro de mono ampliado linealmente (<xref ref-type="bibr" rid="ref-42-31935">Herculano-Houzel, 2009</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-4-31935">Barton y Venditti, 2013</xref>).</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-3-31935">
<label><bold>3.</bold></label>
<title><bold>N<sc>ormatividad uno a uno</sc></bold></title>
<p>La moral puede ser definida como un sistema de reglas que gira en torno a ayudar o, al menos, a no da&#x00F1;ar a los dem&#x00E1;s seres humanos. Su prop&#x00F3;sito es el bienestar de los dem&#x00E1;s y, a menudo, antepone los intereses de la comunidad frente a los del individuo. No niega el inter&#x00E9;s propio, pero pone restricciones a su b&#x00FA;squeda con el fin de promover una sociedad cooperativa (<xref ref-type="bibr" rid="ref-25-31935">de Waal, 1996</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="ref-28-31935">2006</xref>). Esta definici&#x00F3;n funcional diferencia a la moral de las costumbres y los h&#x00E1;bitos, como comer con cuchillo y tenedor versus comer con palillos o con las manos desnudas. La distinci&#x00F3;n entre reglas morales y convenciones ya se ve claramente en ni&#x00F1;os peque&#x00F1;os (<xref ref-type="bibr" rid="ref-49-31935">Killen y Rizzo, 2014</xref>, este n&#x00FA;mero). En otro trabajo he distinguido dos niveles de reglas morales: (a) reglas en el nivel uno a uno (di&#x00E1;dicas) de las relaciones sociales, y (b) reglas en el nivel comunitario (<xref ref-type="bibr" rid="ref-29-31935">de Waal, 2013</xref>). La <xref ref-type="table" rid="tabw-1-31935">Tabla 1</xref> resume ejemplos en el nivel uno a uno.</p>
    <table-wrap id="tabw-1-31935">
        <label><bold>Tabla 1.</bold></label>
        <caption><title>Cuando los individuos buscan preservar relaciones sociales armoniosas, aplican la normatividad uno a uno. Su comportamiento refleja el valor que atribuyen a las buenas relaciones. Esta tabla ofrece cuatro ejemplos: restauraci&#x00F3;n de la jerarqu&#x00ED;a de dominancia, reparaci&#x00F3;n de relaciones, reacciones negativas a la inequidad y reanudaci&#x00F3;n del juego. En todos los casos, los primates y otros animales buscan activamente que una relaci&#x00F3;n social retorne a su estado original</title></caption>
        <table id="tab-1-31935" frame="hsides" border="1" rules="all">
            <col width="25%"/>
            <col width="25%"/>
            <col width="25%"/>
            <col width="25%"/>
            <thead>
                <tr>
                    <th valign="top" align="center"><p>Ideal</p></th>
                    <th valign="top" align="center"><p>Desviaci&#x00F3;n</p></th>
                    <th valign="top" align="center"><p>Reparati&#x00F3;n o correcti&#x00F3;n</p></th>
                    <th valign="top" align="center"><p>Restauraci&#x00F3;n</p></th>
                </tr>
            </thead>
            <tbody>
                <tr>
                    <td valign="top" align="left"><p>Jerarqu&#x00ED;a</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Desobediencia o desaf&#x00ED;o al rango</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Castigo o restablecimiento de dominancia</p></td>
                    <td valign="top" align="center"><p>Annon&#x00ED;a</p></td>
                </tr>
                <tr>
                    <td valign="top" align="left"><p>Relati&#x00F3;n cercana</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Conflicto</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Reconciliati&#x00F3;n</p></td>
                    <td valign="top" align="center"><p>Armon&#x00ED;a</p></td>
                </tr>
                <tr>
                    <td valign="top" align="left"><p>Cooperati&#x00F3;n</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Recompensa desigual</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Protesta o compartici&#x00F3;n</p></td>
                    <td valign="top" align="center"><p>Annon&#x00ED;a</p></td>
                </tr>
                <tr>
                    <td valign="top" align="left"><p>Juego relajado</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Compa&#x00F1;ero lastimado</p></td>
                    <td valign="top" align="left"><p>Se&#x00F1;ales de remediaci&#x00F3;n</p></td>
                    <td valign="top" align="center"><p>Annon&#x00ED;a</p></td>
                </tr>
            </tbody>
        </table>
    </table-wrap>
<sec sec-type="sec-4-31935">
<label>3.1.</label>
<title><italic>Reconciliaci&#x00F3;n</italic></title>
<p>El nivel uno a uno gira en torno a la preservaci&#x00F3;n de relaciones valiosas. Una de sus expresiones m&#x00E1;s comunes es la resoluci&#x00F3;n de conflictos, reportada por primera vez por <xref ref-type="bibr" rid="ref-32-31935">de Waal y van Roosmalen (1979)</xref>. Un ejemplo t&#x00ED;pico refiere a dos chimpanc&#x00E9;s machos que luego de haber estado persigui&#x00E9;ndose y grit&#x00E1;ndose, descansan en un &#x00E1;rbol (<xref ref-type="fig" rid="fig-2-31935">Figura 2</xref>). Diez minutos despu&#x00E9;s, un macho extiende su mano al otro, rog&#x00E1;ndole un abrazo. En cuesti&#x00F3;n de segundos, se abrazan, se besan y bajan juntos al suelo para acicalarse. Entendi&#x00E9;ndolo como una reconciliaci&#x00F3;n, este proceso se define como un contacto amistoso que ocurre poco despu&#x00E9;s de un conflicto entre dos partes. Mientras que el besarse es la forma m&#x00E1;s t&#x00ED;pica de reconciliaci&#x00F3;n entre chimpanc&#x00E9;s, los bonobos lo hacen mediante el comportamiento sexual (<xref ref-type="bibr" rid="ref-20-31935">de Waal, 1987</xref>) y los macacos rabones llevan a cabo un comportamiento ritual en el cual esperan hasta que el subordinado se presente para luego sostener sus caderas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-31-31935">de Waal y Ren, 1988</xref>). Cada especie tiene su propio camino, pero el principio b&#x00E1;sico sigue siendo el mismo: los oponentes vuelven a reunirse despu&#x00E9;s de una pelea.</p>
<fig id="fig-2-31935">
<label><bold>Figura 2.</bold></label>
<caption><title>La situaci&#x00F3;n despu&#x00E9;s de un prolongado y ruidoso conflicto entre dos machos adultos en un zool&#x00F3;gico. El macho desafiado (izquierda) hab&#x00ED;a huido hacia el &#x00E1;rbol. 10 minutos despu&#x00E9;s su oponente le extendi&#x00F3; una mano. En cuesti&#x00F3;n de segundos, los dos machos mantuvieron un reencuentro f&#x00ED;sico. Fotograf&#x00ED;a de Frans de Waal</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-2-31935.jpg"/>
</fig>
<p>La primatolog&#x00ED;a se ha interesado durante mucho tiempo en las relaciones sociales, por lo que la idea de reparaci&#x00F3;n de relaciones, impl&#x00ED;cita en la etiqueta de reconciliaci&#x00F3;n, atrajo r&#x00E1;pidamente su atenci&#x00F3;n. Ahora sabemos que una treintena de especies diferentes de primates se reconcilian despu&#x00E9;s de las peleas y que esa reconciliaci&#x00F3;n no se limita a los primates. Hay pruebas de este mecanismo en hienas, delfines, lobos, cabras dom&#x00E9;sticas, etc. La raz&#x00F3;n por la que la reconciliaci&#x00F3;n est&#x00E1; tan extendida es que restituye relaciones que han sido da&#x00F1;adas por la agresi&#x00F3;n pero que, sin embargo, son esenciales para la supervivencia. Dado que muchos animales establecen relaciones de cooperaci&#x00F3;n en las que ocasionalmente surgen conflictos, los mecanismos de reparaci&#x00F3;n son esenciales. El creciente campo de la resoluci&#x00F3;n de conflictos en animales ha sido examinado por <xref ref-type="bibr" rid="ref-27-31935">de Waal (2000)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="ref-2-31935">Aureli y de Waal (2000)</xref>.</p>
<p>La mayor&#x00ED;a de estos estudios apoyan la Hip&#x00F3;tesis de la Relaci&#x00F3;n Valiosa, que puede formularse de la siguiente manera: &#x201C;La reconciliaci&#x00F3;n ocurrir&#x00E1; especialmente entre individuos que tienen mucho que perder si su relaci&#x00F3;n se deteriora&#x201D;. Esta hip&#x00F3;tesis tambi&#x00E9;n ha sido respaldada por un elegante experimento que manipul&#x00F3; el valor de la relaci&#x00F3;n, promoviendo la cooperaci&#x00F3;n entre monos y aumentando de este modo su disposici&#x00F3;n a reconciliarse despu&#x00E9;s de las peleas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-19-31935">Cords y Thurnheer, 1993</xref>). Las ideas anteriores se han formalizado en el Modelo Relacional, que sit&#x00FA;a el conflicto en un contexto social. La agresi&#x00F3;n es vista como una de las varias opciones para resolver un conflicto de intereses. Otras opciones son evitar al adversario (com&#x00FA;n en especies jer&#x00E1;rquicas y territoriales) y compartir recursos (com&#x00FA;n en especies tolerantes). Sopesando los costos y beneficios de cada opci&#x00F3;n, el conflicto puede escalar hasta el punto de la agresi&#x00F3;n, despu&#x00E9;s de lo cual todav&#x00ED;a existe la opci&#x00F3;n de reparar el da&#x00F1;o por medio de la reconciliaci&#x00F3;n, la cual suele verse favorecida cuando las partes tienen intereses superpuestos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-27-31935">de Waal, 2000</xref>; <xref ref-type="fig" rid="fig-3-31935">Figura 3</xref>). Aplicando la misma metodolog&#x00ED;a primatol&#x00F3;gica estandarizada a ni&#x00F1;os humanos, se han obtenido resultados muy similares (<xref ref-type="bibr" rid="ref-68-31935">Verbeek <italic>et al</italic>., 2000</xref>).</p>
<fig id="fig-3-31935">
<label><bold>Figura 3.</bold></label>
<caption><title>De acuerdo con el modelo relacional, el comportamiento agresivo es una de las varias formas en que se pueden resolver los conflictos de intereses. Otras formas posibles son la tolerancia (p. ej., compartir recursos) y evitar la confrontaci&#x00F3;n (p. ej., por parte de los subordinados a los dominantes). Si ocurre una agresi&#x00F3;n, depender&#x00E1; de la naturaleza de la relaci&#x00F3;n social el que se lleven a cabo o no intentos de reparaci&#x00F3;n. En el caso de que exista un fuerte inter&#x00E9;s mutuo en mantener la relaci&#x00F3;n, es probable que haya una reconciliaci&#x00F3;n. Las partes negociar&#x00E1;n los t&#x00E9;rminos de su relaci&#x00F3;n pasando por ciclos de conflicto y reconciliaci&#x00F3;n. V&#x00E9;ase <xref ref-type="bibr" rid="ref-27-31935">de Waal (2000)</xref></title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-3-31935.jpg"/>
</fig>
</sec>
<sec sec-type="sec-5-31935">
<label>3.2.</label>
<title><italic>Resoluci&#x00F3;n preventiva de conflictos</italic></title>
<p>El hecho de que los primates se protegen contra los efectos perjudiciales del conflicto y la angustia es algo que resulta visible durante el juego. Cuando los j&#x00F3;venes tienen edades muy diferentes, los juegos a menudo se vuelven demasiado brutos para el compa&#x00F1;ero m&#x00E1;s joven, como cuando tuercen sus piernas o cuando un mordisqueo se convierte en un tarasc&#x00F3;n. A la menor se&#x00F1;al de peligro, su madre interrumpir&#x00E1; el juego. Normalmente, excepto por las roncas y jadeantes risas de los simios (semejantes a la risa humana), el juego es completamente silencioso (<xref ref-type="bibr" rid="ref-66-31935">van Hooff, 1972</xref>). Tras registrar cientos de estas escenas de lucha descubrimos que los chimpanc&#x00E9;s j&#x00F3;venes emiten este tipo de vocalizaci&#x00F3;n especialmente cuando la madre de un compa&#x00F1;ero de juegos m&#x00E1;s joven est&#x00E1; mirando. Es decir, lo hacen m&#x00E1;s en presencia de la madre que cuando est&#x00E1;n solamente con el chimpanc&#x00E9; m&#x00E1;s joven. Puede que las vocalizaciones en cuesti&#x00F3;n tengan la funci&#x00F3;n de evitar la intervenci&#x00F3;n materna, tranquiliz&#x00E1;ndola sobre la naturaleza benigna de la interacci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="ref-37-31935">Flack <italic>et al</italic>., 2004</xref>).</p>
<p>Por su parte, <xref ref-type="bibr" rid="ref-5-31935">Bekoff (2001)</xref> analiz&#x00F3; videos de juegos entre perros, lobos y coyotes, concluyendo que el juego de los c&#x00E1;nidos est&#x00E1; sujeto a reglas, genera confianza, requiere considerar al otro y ense&#x00F1;a a los j&#x00F3;venes a comportarse. El altamente estereotipado comportamiento de &#x201C;reverencia de juego&#x201D; (un animal se agacha sobre sus extremidades anteriores mientras levanta su trasero), ayuda a diferenciar el juego del sexo o el conflicto, con los cuales puede llegar a confundirse. El juego cesa abruptamente, sin embargo, tan pronto como un compa&#x00F1;ero hiere a otro. El transgresor precisar&#x00E1; realizar una nueva reverencia, despu&#x00E9;s de lo cual el compa&#x00F1;ero podr&#x00ED;a continuar el juego. Bekoff establece un paralelo con la moral:</p>
<disp-quote>
<p>Durante el juego social, mientras los individuos se divierten en un entorno relativamente seguro, aprenden reglas b&#x00E1;sicas que resultan aceptables para los dem&#x00E1;s: qu&#x00E9; tan fuerte pueden morder, qu&#x00E9; tan bruscamente pueden interactuar y c&#x00F3;mo resolver conflictos. Es muy importante jugar de manera justa y confiar en que los dem&#x00E1;s tambi&#x00E9;n lo har&#x00E1;n. Hay c&#x00F3;digos de conducta social que regulan lo que est&#x00E1; permitido y lo que no, y la existencia de estos c&#x00F3;digos podr&#x00ED;a tener algo que decir sobre la evoluci&#x00F3;n de la moral (<xref ref-type="bibr" rid="ref-5-31935">Bekoff, 2001</xref>, 85).</p>
</disp-quote>
<p>El comportamiento destinado a la preservaci&#x00F3;n de las buenas relaciones es un indicio del gran valor que se le otorga a la armon&#x00ED;a social. <xref ref-type="bibr" rid="ref-53-31935">Kummer (1995)</xref> ofrece observaciones sorprendentes de la forma en que los l&#x00ED;deres de har&#x00E9;n de los babuinos hamadryas (<italic>Papio hamadryas</italic>), al encontrarse frente a un &#x00E1;rbol frutal demasiado peque&#x00F1;o como para alimentar a sus dos familias, suspender&#x00E1;n su inevitable confrontaci&#x00F3;n huyendo literalmente el uno del otro, seguidos por sus respectivas hembras y cr&#x00ED;as. Los machos de chimpanc&#x00E9; enfrentan un dilema similar. Varios de ellos pueden sentarse cerca de una hembra que anuncia su fertilidad con los genitales hinchados. En lugar de competir, los machos mantienen activamente la paz. Aunque con frecuencia echan un vistazo a la hembra, pasan el d&#x00ED;a acical&#x00E1;ndose mutuamente. Reci&#x00E9;n cuando todos est&#x00E1;n lo suficientemente relajados, uno de ellos intentar&#x00E1; aparearse (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-31935">de Waal, 1982</xref>).</p>
<p>Si bien las descripciones anteriores son cualitativas, tambi&#x00E9;n se han cuantificado las t&#x00E9;cnicas de prevenci&#x00F3;n de conflictos. Tras una sugerencia inicial de <xref ref-type="bibr" rid="ref-20-31935">de Waal (1987)</xref>, seg&#x00FA;n la cual habr&#x00ED;a un pico de acicalamiento entre los bonobos en cautiverio justo antes de la hora de comer, precediendo la posible competencia y tensi&#x00F3;n, los estudios han procurado medir el comportamiento en torno a la llegada de alimentos, que en la mayor&#x00ED;a de los zool&#x00F3;gicos e instituciones ocurre en un momento predecible del d&#x00ED;a. Los chimpanc&#x00E9;s se acicalan m&#x00E1;s mientras esperan comida y participan en &#x201C;celebraciones&#x201D; marcadas por altos niveles de contacto corporal tranquilizador una vez que llega la comida (<xref ref-type="bibr" rid="ref-22-31935">de Waal, 1992a</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-52-31935">Koyama y Dunbar, 1996</xref>). Los bonobos, por otro lado, muestran un aumento en su comportamiento de juego antes de la comida y una gran cantidad de contacto sociosexual a su llegada (<xref ref-type="bibr" rid="ref-20-31935">de Waal, 1987</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-57-31935">Palagi <italic>et al</italic>., 2006</xref>). Por lo tanto, los primates pueden anticipar la competencia por la comida y trabajan activamente para reducirla.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-6-31935">
<label>3.3.</label>
<title><italic>Persiguiendo una divisi&#x00F3;n justa de recompensas</italic></title>
<p>Las reacciones negativas a las distribuciones de recompensas sesgadas, tambi&#x00E9;n conocidas como aversi&#x00F3;n a la inequidad (AI), son otra parte del mantenimiento de las relaciones di&#x00E1;dicas. Los animales cooperativos precisan vigilar qu&#x00E9; beneficios obtienen en relaci&#x00F3;n con sus socios cooperativos, a fin de evitar que se aprovechen de ellos. En ausencia de una distribuci&#x00F3;n equitativa, la cooperaci&#x00F3;n mutualista podr&#x00ED;a convertirse f&#x00E1;cilmente en una forma de altruismo por parte de quienes ganan menos. Este &#x2018;problema de resultado&#x2019; [<italic>outcome problem</italic>] ha sido reconocido en humanos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-36-31935">Fehr y Schmidt, 1999</xref>), y es cada vez m&#x00E1;s un tema recurrente en la investigaci&#x00F3;n con animales (<xref ref-type="bibr" rid="ref-11-31935">Brosnan, 2011</xref>).</p>
<p>Los monos capuchinos son tan sensibles a la inequidad que ante las recompensas que se encuentran amontonadas espacialmente (resultando por ello monopolizables por las partes dominantes) se reducen m&#x00E1;s sus tendencias cooperativas que en el caso de recompensas dispersas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-30-31935">de Waal y Davis, 2003</xref>). <xref ref-type="bibr" rid="ref-12-31935">Brosnan y de Waal (2003)</xref> probaron la AI en un experimento simple en el que dos monos recib&#x00ED;an recompensas iguales o desiguales por la misma tarea, por ejemplo, uno recib&#x00ED;a rodajas de pepino y el otro uvas (preferidas por ellos). Los autores encontraron que, cuando ambos recib&#x00ED;an lo mismo, los individuos que obten&#x00ED;an la recompensa menor no se ve&#x00ED;an afectados, pero si su compa&#x00F1;ero recib&#x00ED;a un mejor trato, a menudo se negaban a realizar o aceptar la recompensa. Se encontraron resultados similares en chimpanc&#x00E9;s (<xref ref-type="bibr" rid="ref-14-31935">Brosnan <italic>et al</italic>., 2005</xref>). Sin embargo, las replicaciones experimentales que no requer&#x00ED;an que los participantes desempe&#x00F1;asen una tarea, no dieron los mismos resultados (<xref ref-type="bibr" rid="ref-10-31935">Bra&#x00FC;er <italic>et al</italic>., 2006</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-61-31935">Roma <italic>et al</italic>., 2006</xref>) (incluso en el caso de un estudio con los mismos monos que en el estudio original) (<xref ref-type="bibr" rid="ref-33-31935">Dindo y de Waal, 2006</xref>). Por lo tanto, como podr&#x00ED;a predecirse desde una explicaci&#x00F3;n evolutiva centrada en el desempe&#x00F1;o de tareas y en la cooperaci&#x00F3;n, las recompensas desiguales provocan reacciones negativas s&#x00F3;lo en el contexto de una tarea que requiere esfuerzo. Finalmente, <xref ref-type="bibr" rid="ref-67-31935">van Wolkenten <italic>et al</italic>. (2007)</xref> demostraron que las respuestas a la inequidad son realmente sociales en el sentido de que no pueden explicarse como reacciones negativas a recompensas menores cuando otras mejores est&#x00E1;n visibles. Es decir, la mera visibilidad tuvo poco efecto: las reacciones negativas ocurrieron s&#x00F3;lo si las mejores recompensas eran consumidas por un compa&#x00F1;ero.</p>
<p>Se han observado respuestas AI similares en otras especies, tanto primates como no primates (<xref ref-type="bibr" rid="ref-11-31935">Brosnan, 2011</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-58-31935">Price y Brosnan, 2012</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-60-31935">Range <italic>et al</italic>., 2012</xref>). Sin embargo, existe una restricci&#x00F3;n: hasta ahora, la mayor&#x00ED;a de los estudios s&#x00F3;lo se refieren a la AI por parte del individuo que recibe menos, conocida como AI desventajosa. En la AI ventajosa, en cambio, los sujetos responden negativamente al recibir una recompensa mayor que la de su compa&#x00F1;ero. Los humanos muestran tanto la &#x00FA;ltima respuesta como la primera. <xref ref-type="bibr" rid="ref-13-31935">Brosnan y de Waal (2012)</xref> especulan que la AI ventajosa, que indica un pleno sentido de justicia, ocurre cuando los individuos anticipan las implicaciones negativas de la AI desventajosa en los dem&#x00E1;s. Con el fin de proteger la relaci&#x00F3;n frente a los efectos erosivos de las tensiones surgidas cuando un individuo recibe menos que el otro, el que recibe m&#x00E1;s intenta evitarlo igualando la recompensa. Los autores se&#x00F1;alan esto como un sentido de justicia de segundo orden: &#x201C;Para prevenir conflictos al interior de relaciones cercanas o beneficiosas, el individuo aventajado se beneficiar&#x00E1; de protestar o rectificar la situaci&#x00F3;n&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-13-31935">Brosnan y de Waal, 2012</xref>, 341).</p>
<p>Hasta el momento no hay signos de justicia de segundo orden en monos, como por ejemplo en los monos capuchinos del estudio original. En los simios, sin embargo, la evidencia va en aumento. La primera se&#x00F1;al provino de un estudio de <xref ref-type="bibr" rid="ref-15-31935">Brosnan <italic>et al</italic>. (2010)</xref> en chimpanc&#x00E9;s, en el que no s&#x00F3;lo se negaban regularmente a realizar o aceptar sus recompensas los participantes que recib&#x00ED;an la menor recompensa, sino tambi&#x00E9;n respond&#x00ED;an de este modo quienes que recib&#x00ED;an la mejor recompensa. En otras palabras, cualquier inequidad, no s&#x00F3;lo la desventajosa, era resistida. Ten&#x00ED;a sentido, por tanto, testear a los chimpanc&#x00E9;s con el Juego del Ultim&#x00E1;tum (JU), que es el est&#x00E1;ndar de oro del sentido de justicia humano. En el JU, un individuo (el Proponente) puede dividir el dinero con otro individuo (el Respondedor). Si el Respondedor acepta la oferta, ambos jugadores son recompensados con la divisi&#x00F3;n acordada. Sin embargo, si el Respondedor rechaza la oferta, ninguno de los jugadores es recompensado. En las culturas occidentales, las personas suelen ofrecer alrededor del 50% de la cantidad disponible (<xref ref-type="bibr" rid="ref-40-31935">Guth, 1995</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-16-31935">Camerer y Lowenstein, 2004</xref>), al igual que en la mayor&#x00ED;a de las otras culturas (<xref ref-type="bibr" rid="ref-41-31935">Henrich <italic>et al</italic>., 2001</xref>). En contraste, un estudio del JU en chimpanc&#x00E9;s encontr&#x00F3; que comparten la menor cantidad posible con los dem&#x00E1;s (<xref ref-type="bibr" rid="ref-48-31935">Jensen <italic>et al</italic>., 2006</xref>). Sin embargo, la metodolog&#x00ED;a de este experimento se desvi&#x00F3; sustancialmente del JU humano t&#x00ED;pico y no estaba claro si los simios entendieron completamente la tarea.</p>
<p>Para superar estas objeciones, <xref ref-type="bibr" rid="ref-59-31935">Proctor <italic>et al</italic>. (2013)</xref> dise&#x00F1;aron un procedimiento del JU que resultaba m&#x00E1;s intuitivo tanto para chimpanc&#x00E9;s como para ni&#x00F1;os humanos de 3 a 5 a&#x00F1;os. A los Proponentes se les present&#x00F3; la posibilidad de elegir entre dos fichas de diferente color que podr&#x00ED;an intercambiar por comida con un experimentador humano. Mientras que un color representaba una distribuci&#x00F3;n equitativa de la recompensa (3 rodajas de pl&#x00E1;tano versus otras 3), el otro representaba una distribuci&#x00F3;n desigual a favor del Proponente (5 rodajas de pl&#x00E1;tano versus 1). El Proponente ten&#x00ED;a que entregar la ficha a su socio, el Respondedor, sentado detr&#x00E1;s de una reja de malla. Quienes respond&#x00ED;an pod&#x00ED;an aceptar la ficha y devolv&#x00E9;rsela al experimentador, o rechazarla no devolviendo la ficha. Como en el JU humano t&#x00ED;pico, los Proponentes necesitaban la colaboraci&#x00F3;n del Respondedor.</p>
<p>Las elecciones de fichas se compararon con elecciones en presencia de Respondedores que carec&#x00ED;an de cualquier influencia. Los chimpanc&#x00E9;s resultaron sensibles a las contingencias del juego, de la misma forma que los humanos. Si su compa&#x00F1;ero ten&#x00ED;a el control, divid&#x00ED;an las recompensas en partes iguales con mayor frecuencia. Sin embargo, en ausencia de la influencia de su compa&#x00F1;ero, prefer&#x00ED;an la opci&#x00F3;n que les otorgaba la mayor proporci&#x00F3;n de recompensa. Siendo que los ni&#x00F1;os se comportan de manera similar, el estudio sugiere que los humanos y los chimpanc&#x00E9;s comparten patrones de toma de decisiones proactivas en relaci&#x00F3;n con los resultados justos (<xref ref-type="bibr" rid="ref-59-31935">Proctor <italic>et al</italic>., 2013</xref>).</p>
</sec>
</sec>
<sec sec-type="sec-7-31935">
<label><bold>4.</bold></label>
<title><bold>P<sc>reocupaci&#x00F3;n comunitaria</sc></bold></title>
<p>En comparaci&#x00F3;n con lo que ocurre en el caso de la normatividad individual uno a uno, hay muchos menos signos de normatividad a nivel comunitario en primates no humanos. Este es el nivel en que la moral humana parece ser &#x00FA;nica, ya que habitualmente extendemos nuestro razonamiento moral hacia la sociedad en su conjunto, especulando qu&#x00E9; le suceder&#x00ED;a a nuestra comunidad si acaso todos actu&#x00E1;ramos de cierta manera. De hecho, solemos extender nuestro sistema de valores a interacciones en las que no estamos involucrados de manera directa. Siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="ref-71-31935">Westermarck (1917</xref>, 238), las emociones morales difieren de las ordinarias &#x201C;por su desinter&#x00E9;s, aparente imparcialidad y generalidad&#x201D;. Mientras que las emociones t&#x00ED;picas conciernen s&#x00F3;lo a nuestros intereses personales &#x2014;c&#x00F3;mo nos han tratado o c&#x00F3;mo queremos que nos traten&#x2014;, las emociones morales van m&#x00E1;s all&#x00E1;. Se ocupan del bien y del mal en un nivel m&#x00E1;s abstracto. S&#x00F3;lo cuando realizamos juicios respecto de c&#x00F3;mo deber&#x00ED;a ser tratado alguien bajo ciertas circunstancias, estamos hablando de un juicio moral. Para transmitir la misma idea, <xref ref-type="bibr" rid="ref-64-31935">Smith (1759)</xref> nos pidi&#x00F3; que imagin&#x00E1;ramos c&#x00F3;mo un &#x201C;espectador imparcial&#x201D; juzgar&#x00ED;a el comportamiento humano.</p>
<p>Esto no quiere decir que el nivel de la normatividad comunitaria est&#x00E9; completamente ausente del comportamiento de nuestros parientes cercanos. En un trabajo anterior he denominado este nivel como el de la &#x201C;preocupaci&#x00F3;n comunitaria&#x201D; (<xref ref-type="bibr" rid="ref-25-31935">de Waal, 1996</xref>). Existen muchos ejemplos de vigilancia y mediaci&#x00F3;n imparciales que parecen reflejar valores a nivel de la comunidad. En algunas especies, las intervenciones de los miembros de rango m&#x00E1;s alto ponen fin a las peleas o al menos reducen la gravedad de la agresi&#x00F3;n. A menudo, los chimpanc&#x00E9;s machos de alto rango juegan este papel en peleas entre hembras y/o entre j&#x00F3;venes de su grupo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-26-31935">de Waal, 1982</xref>). Por ejemplo, si dos j&#x00F3;venes est&#x00E1;n jugando y se desata una pelea, el macho alfa puede acercarse al &#x00E1;rea del conflicto para detener la pelea. Al suspenderla antes de que las madres intervengan y comiencen a pelear entre ellas, reduce los niveles de agresi&#x00F3;n dentro del grupo y evita tambi&#x00E9;n que la pelea de los j&#x00F3;venes se intensifique.</p>
<p>Este patr&#x00F3;n de comportamiento se conoce como &#x201C;rol de control&#x201D; (cf. <xref ref-type="bibr" rid="ref-7-31935">Bernstein y Sharpe, 1966</xref>). <xref ref-type="bibr" rid="ref-26-31935">De Waal (1982)</xref> proporcion&#x00F3; descripciones y an&#x00E1;lisis detallados, junto con datos que muestran que, durante la adopci&#x00F3;n de dicho rol, los machos ignoran sus lazos sociales con los participantes del conflicto. Mientras que la mayor&#x00ED;a de los individuos apoyan a sus amigos y parientes, los machos controladores intervienen independientemente de sus preferencias sociales habituales (<xref ref-type="bibr" rid="ref-23-31935">de Waal, 1992b</xref>). La capacidad de dejar de lado tales preferencias sugiere una forma rudimentaria de justicia en los sistemas sociales de los primates no humanos. Tambi&#x00E9;n se ha observado vigilancia imparcial en chimpanc&#x00E9;s salvajes (<xref ref-type="bibr" rid="ref-9-31935">Boehm, 1994</xref>), y un estudio reciente que compar&#x00F3; este comportamiento en varios grupos cautivos concluy&#x00F3; que estabiliza la din&#x00E1;mica social (<xref ref-type="bibr" rid="ref-70-31935">von Rohr <italic>et al</italic>., 2012</xref>). Un estudio experimental de <xref ref-type="bibr" rid="ref-38-31935">Flack <italic>et al</italic>. (2005)</xref>, en el que se separ&#x00F3; temporalmente del resto del grupo a miembros clave en lo que al control se refiere, mostr&#x00F3; su importancia para el mantenimiento del aseo personal, el juego y otros signos de una sociedad armoniosa.</p>
<p>Otro m&#x00E9;todo importante de resoluci&#x00F3;n de conflictos que se ha identificado en grupos de primates es la mediaci&#x00F3;n. La mediaci&#x00F3;n ocurre cuando, en medio de un conflicto, un tercero se convierte en el puente entre dos oponentes incapaces de reconciliarse sin ayuda externa. La misma es caracterizada en el siguiente ejemplo (<xref ref-type="bibr" rid="ref-32-31935">de Waal y van Roosmalen, 1979</xref>):</p>
<disp-quote>
<p>A veces, especialmente despu&#x00E9;s de conflictos graves entre dos machos adultos, los dos oponentes eran reunidos por una hembra adulta. La hembra se acercaba a uno de los machos, lo besaba, lo tocaba o se presentaba ante &#x00E9;l y luego, si el macho en cuesti&#x00F3;n la segu&#x00ED;a, caminaba lentamente hacia el otro macho. El primero la segu&#x00ED;a muy de cerca (a menudo inspeccionando sus genitales) y sin mirar al otro. En algunas ocasiones, la hembra miraba hacia atr&#x00E1;s a su seguidor y, a veces, volv&#x00ED;a hacia el que se hab&#x00ED;a quedado atr&#x00E1;s tirando de su brazo para hacer que la siguiera. Luego de que la hembra se sentaba cerca del otro macho, ambos comenzaban a acicalarla y simplemente continuaban acical&#x00E1;ndose entre s&#x00ED; cuando ella se iba.</p>
</disp-quote>
<p>Llamar a tal comportamiento una expresi&#x00F3;n de inter&#x00E9;s comunitario de ninguna manera implica que no haya beneficios para el ejecutante. En los animales que viven en sociedad existe una gran superposici&#x00F3;n entre intereses comunitarios e individuales, de all&#x00ED; que cada individuo seguramente tenga inter&#x00E9;s en que su comunidad alcance cierto nivel de armon&#x00ED;a y cooperaci&#x00F3;n. Por lo tanto, el t&#x00E9;rmino &#x2018;preocupaci&#x00F3;n comunitaria&#x2019; no implica ning&#x00FA;n sacrificio y, menos a&#x00FA;n, una selecci&#x00F3;n a nivel grupal. Simplemente establece que los individuos pueden promover los intereses de su comunidad como un todo, lo que bien puede ser para su propio beneficio al mismo tiempo que beneficia a otros.</p>
<p>Finalmente, el prestigio y la reputaci&#x00F3;n son una parte fundamental del por qu&#x00E9; los seres humanos a menudo act&#x00FA;an en nombre de la comunidad, incluso cuando no se benefician directamente de ello. En los simios pueden verse algunos destellos de reputaci&#x00F3;n. Por ejemplo, si una pelea importante se sale de control, los espectadores van a despertar al macho alfa d&#x00E1;ndole algunos golpecitos. Conocido como el &#x00E1;rbitro m&#x00E1;s eficaz, se le insta a intervenir. Tambi&#x00E9;n prestan atenci&#x00F3;n a c&#x00F3;mo un individuo trata a otro, como sucede en los experimentos en los que prefieren interactuar con un humano que ha mostrado una actitud positiva hacia los dem&#x00E1;s, por ejemplo, el haber compartido comida con otros simios (<xref ref-type="bibr" rid="ref-62-31935">Russell <italic>et al</italic>., 2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-65-31935">Subiaul <italic>et al</italic>., 2008</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="ref-43-31935">Herrmann <italic>et al</italic>., 2013</xref>). En nuestros estudios, descubrimos lo siguiente: cuando dej&#x00E1;bamos a la colonia observar a dos chimpanc&#x00E9;s que utilizaban trucos diferentes pero igualmente simples para obtener recompensas, prefer&#x00ED;an seguir al modelo de estatus superior. Este comportamiento evidenciaba el denominado &#x2018;efecto de prestigio&#x2019;, seg&#x00FA;n el cual los simios imitan preferentemente a los miembros destacados de su comunidad (<xref ref-type="bibr" rid="ref-44-31935">Horner <italic>et al</italic>., 2010</xref>).</p>
<p>Esta evidencia sugiere que los chimpanc&#x00E9;s realizan acciones que benefician a la comunidad en su conjunto y, a su vez, que poseen reputaciones individuales relacionadas con c&#x00F3;mo ciertos individuos tratan a los dem&#x00E1;s o cu&#x00E1;n dignos de imitaci&#x00F3;n son. No obstante, dichos comportamientos est&#x00E1;n todav&#x00ED;a muy lejos del inter&#x00E9;s humano por los est&#x00E1;ndares de la comunidad y por el bienestar del conjunto. Es especialmente en el nivel del inter&#x00E9;s comunitario y de la construcci&#x00F3;n de la reputaci&#x00F3;n que los sistemas morales humanos se desv&#x00ED;an de la normatividad hallada en otros primates.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-8-31935">
<label><bold>5.</bold></label>
<title><bold>C<sc>onclusi&#x00F3;n</sc></bold></title>
<p>A la luz de lo desarrollado y en relaci&#x00F3;n con la divisi&#x00F3;n entre el &#x2018;es&#x2019; y el &#x2018;debe&#x2019;, la postura que supone que la biolog&#x00ED;a, incluido el comportamiento animal, reside completamente en el lado del &#x2018;es&#x2019;, resulta dif&#x00ED;cil de mantener. Obviamente, podemos describir el comportamiento animal dejando de lado todas y cada una de las referencias a objetivos, intenciones y valores (del mismo modo que podemos describir el comportamiento humano de esta manera), pero tales descripciones pasan por alto un aspecto b&#x00E1;sico: los primates no humanos, as&#x00ED; como tambi&#x00E9;n muchos otros animales, persiguen resultados espec&#x00ED;ficos, tanto en relaci&#x00F3;n con la construcci&#x00F3;n de ciertas estructuras f&#x00ED;sicas, por ejemplo nidos y redes, como en relaci&#x00F3;n con los v&#x00ED;nculos sociales. Intentan activamente preservar la armon&#x00ED;a dentro de su comunidad social y con frecuencia corrigen las desviaciones de este ideal, por ejemplo, reconcili&#x00E1;ndose despu&#x00E9;s de un conflicto, protestando contra divisiones desiguales o deteniendo peleas. Al corregir o tratar de corregir las desviaciones de un estado ideal, se comportan normativamente. A su vez, con el fin de prevenir dichas desviaciones, muestran autocontrol emocional y resoluci&#x00F3;n anticipada de conflictos. Esto conlleva que el paso del comportamiento de los primates a las normas morales humanas sea un salto menor de lo que com&#x00FA;nmente se supuso.</p>
<p>Sin embargo, es probable que siga habiendo diferencias. Los otros primates parecen no extender las normas m&#x00E1;s all&#x00E1; de su entorno social inmediato y parecen no preocuparse por las relaciones sociales o situaciones en las que no participan de manera directa. A diferencia de los humanos, es posible que no sientan ninguna obligaci&#x00F3;n de ser buenos ni que experimenten culpa y verg&#x00FC;enza cuando se equivocan. No sabemos si otros animales experimentan tales sentimientos vinculados con el &#x2018;debe&#x2019;. Es posible argumentar que, si bien su comportamiento podr&#x00ED;a entenderse como normativo en el sentido de que busca ciertos resultados, lograr&#x00ED;an llevarlos a cabo sin la necesidad de realizar un juicio normativo. Es decir, podr&#x00ED;an evaluar el comportamiento social como exitoso o no en relaci&#x00F3;n con la consecuci&#x00F3;n de sus objetivos, pero no en t&#x00E9;rminos de lo correcto y lo incorrecto. Por otro lado, su comportamiento a veces sugiere una suerte de evaluaci&#x00F3;n de acciones pasadas, como cuando un bonobo muerde a otro y poco despu&#x00E9;s se le acerca, recordando el lugar exacto de la mordedura, s&#x00F3;lo para pasar media hora lami&#x00E9;ndole la herida infligida (<xref ref-type="bibr" rid="ref-21-31935">de Waal, 1989</xref>). Sin embargo, dada la inaccesibilidad de la experiencia animal, la existencia de una normatividad internalizada sigue siendo altamente especulativa. Por el momento, este art&#x00ED;culo hace una afirmaci&#x00F3;n m&#x00E1;s d&#x00E9;bil: en la medida en que el &#x2018;debe&#x2019; de la moral humana refleja una preferencia por ciertos resultados sociales sobre otros, existen preferencias similares que parecen guiar a otros animales sin que ello implique necesariamente que a ellas subyazca el mismo sentido de obligaci&#x00F3;n que gu&#x00ED;a a los seres humanos.</p>
</sec>
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<fn-group>
<fn id="fn-1-31935"><label>1.</label> <p>Traducci&#x00F3;n: E. Joaqu&#x00ED;n Su&#x00E1;rez-Ru&#x00ED;z y Laura Dan&#x00F3;n. Esta traducci&#x00F3;n fue autorizada tanto por su autor, Frans de Waal, como por su editorial original, <italic>Behaviour</italic> (Brill).</p></fn>
<fn id="fn-2-31935"><label>2.</label> <p>N. de los T.: Se utiliz&#x00F3; la traducci&#x00F3;n de F&#x00E9;lix Duque. Hume, D. 1992 (<xref ref-type="bibr" rid="ref-46-31935">1739</xref>). <italic>Tratado De La Naturaleza Humana</italic>. Tecnos.</p></fn>
<fn id="fn-3-31935"><label>3.</label> <p>N. de los T.: de Waal se refiere al siguiente texto: <xref ref-type="bibr" rid="ref-51-31935">Kitcher, P. (2014)</xref>. Is a naturalized ethics possible? <italic>Behaviour</italic>, <italic>151</italic>(2-3), 245-260.</p></fn>
</fn-group>
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<title><bold>R<sc>eferencias bibliogr&#x00E1;ficas</sc></bold></title>
<ref id="ref-1-31935"><mixed-citation publication-type="journal"><person-group person-group-type="author"><string-name><surname>Amici</surname>, <given-names>F.</given-names></string-name>, <string-name><surname>Aureli</surname>, <given-names>F.</given-names></string-name> y <string-name><surname>Call</surname>, <given-names>J.</given-names></string-name></person-group> (<year>2008</year>). <article-title>Fission-fusion dynamics, behavioral flexibility, and inhibitory control in primates</article-title>. <source><italic>Curr. Biol.</italic></source>, <volume>18</volume>, <fpage>1415</fpage>-<lpage>1419</lpage>. <pub-id pub-id-type="doi">10.1016/j.cub.2008.08.020</pub-id></mixed-citation></ref>
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