Conflicto de intereses: Los autores declaran no tener conflictos de intereses
Imágenes: Los autores declaran haber obtenido las imágenes con el permiso de los pacientes
Política de derechos y autoarchivo: se permite el autoarchivo de la versión post-print (SHERPA/RoMEO)
Si hay calificativos que definan la situación actual del modelo de la información sobrevenida con los sistemas masivos de comunicación son la volatilidad y la obsolescencia, no solamente porque los contenidos desaparecen de la mente de los lectores con la misma rapidez con la que nacen sino porque los contenidos y las formas quedan anticuadas tan pronto se hacen públicos.
Luchar contra ambos es uno de los objetivos de la publicidad: mantener el producto vivo en la mente de los clientes.
Estos principios son aplicables al artículo científico. Durante años el objetivo final del científico era publicar su artículo y el propio soporte de la publicación (la revista) y sus redes de distribución eran garantía de permanencia. Esto hoy, en parte, ya no es así. El aumento de la producción científica y de los canales de difusión hacen que fácilmente un artículo pase al olvido tan pronto nace en la revista, incluso en publicaciones con mayor índice de impacto –tema sobre el que se debate mucho y hay mucho que aclarar–. Las revistas tienen sus cauces para conseguir la visibilidad de sus contenidos a través de bases de datos y redes informativas.
Los lectores e investigadores buscan y localizan la información que desean a través de esas base de datos, sin embargo, el artículo adquiere valor añadido si está presente en la mente del grupo diana (investigadores, publicistas, lectores) independientemente del soporte o título de la publicación en la que nace. Dicho de otra forma, los autores tienen una gran responsabilidad en la difusión de sus productos a través de las redes de comunicación e información.
Hace años la difusión de la información se realizaba a través de la revista que en papel llegaba a los lectores bien físicamente o a las bibliotecas y a través de los autores en congresos o conferencias. Así la información se transmitía preferentemente a grupos de investigadores con similares intereses. Posteriormente las listas de difusión por correo electrónico revolucionaron la forma en que los investigadores transmitían sus artículos.
Actualmente a estos medios de difusión, que podemos considerar clásicos, se unen las redes sociales. Por una parte, las redes sociales generales (horizontales como Facebook, Twitter, Instagram, Google+, etc.) o las verticales según el grupo de interés, como las redes profesionales (ResearchGate, Linkedin, Mendeley, Academia.edu, ScienceBook, Scholabrate, etc.). Además de los registros de los perfiles de investigadores que se comportan como una red social (ORCID, ResearchID, ScopusID, Currículum Vitae Normalizado CVN).
Parece que en este mundo de información volátil y obsolescente es importante la actividad del autor como difusor de su actividad científica que conducirá a una mayor visibilidad y, ocasionalmente, puede que a mayor número de citaciones. Aludiendo a uno de nuestros mejores divulgadores científicos:
Por tanto, recomendamos a los autores a promocionar sus artículos, que nacen en una revista científica, a través de las redes sociales generales y científicas para una mayor visibilidad de su producción científica.