eISSN 2444-7986
DOI: https://doi.org/10.14201/orl.34886

EDITORIAL

EL EDITOR EN LA REVISIÓN POR PARES: UNA MIRADA CRÍTICA

The editor in peer review: an analytical perspective

José Luis PARDAL-REFOYO
Director de Revista ORL. Hospital Universitario de Salamanca. Servicio de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello. Universidad de Salamanca. Departamento de Cirugía. Área de Otorrinolaringología / IBSAL (Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca) - Salamanca. España
Correspondencia: jlpardal@usal.es

Fecha de publicación: 11 de marzo de 2026
Fecha de publicación del fascículo: 31 de marzo de 2026

Conflicto de intereses: Los autores declaran no tener conflictos de intereses
Imágenes: Los autores declaran haber obtenido las imágenes con el permiso de los pacientes
Política de derechos y autoarchivo: se permite el autoarchivo de la versión post-print (SHERPA/RoMEO)
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INTRODUCCIÓN

La revisión por pares (RP) es el principal mecanismo de control de calidad de las publicaciones biomédicas. Tradicionalmente, el debate se ha centrado los autores y revisores, pero el papel de los editores suele pasar desapercibido.

El proceso editorial (PE) es complejo y en él podemos identificar puntos clave, cada uno con subprocesos que resumimos en la Tabla 1 (Anexo 1) según los marcos normativos compatibles con los Principles of Transparency and Best Practice in Scholarly Publishing [1].

El editor ocupa una posición clave dentro del PE, asumiendo la responsabilidad de tomar decisiones discrecionales en los diversos puntos de control. Estas decisiones abarcan desde el cribado inicial de los manuscritos hasta la selección e instrucción de los revisores, la síntesis de los informes recibidos, la aplicación de políticas editoriales y la determinación del nivel de transparencia que se adopta durante todo el proceso [2-11].

Distinguimos ocho fases en el PE (Tabla 1, Anexo 1), cada una de ellas vinculada a puntos de control específicos donde el editor ejerce su capacidad de decisión. En estos nodos, el editor influye de manera significativa sobre aspectos como el acceso de los manuscritos a la revisión, el contenido y el enfoque de la evaluación, la decisión final sobre la publicación y la corrección del registro científico.

Entre los puntos de control el editor realiza tareas de verificación ética inicial, cribado editorial, selección e instrucciones dirigidas a los revisores, síntesis de los informes de revisión, determinación del umbral de suficiencia durante las distintas rondas de evaluación y gestión posterior a la publicación. Todo este entramado evidencia que la revisión por pares no es únicamente un proceso delegado a los revisores, sino que se trata de un sistema profundamente mediado por las decisiones del editor.

Esta discrecionalidad editorial, reconocida por las principales organizaciones internacionales dedicadas a la integridad en la edición científica, debe ejercerse bajo los principios de transparencia, coherencia, rendición de cuentas y corrección activa del registro científico. Sin embargo, la aplicación de estos principios todavía muestra variabilidad significativa entre las revistas, lo que pone de manifiesto la necesidad de avanzar hacia una mayor homogeneidad en los estándares editoriales.

Este editorial sintetiza críticamente esa evidencia con un foco en cuatro ejes interrelacionados: aseguramiento de la calidad, ética e integridad, transparencia y dinámicas de poder.

1. PROFESIONALIZACIÓN Y COMPETENCIAS EDITORIALES

Una revisión exploratoria de alcance identificó 1.566 enunciados de competencias para editores científicos de revistas biomédicas, agrupados en dominios que incluyen la evaluación metodológica y estadística, la aplicación de guías de publicación, la gestión del proceso de revisión, el manejo de conflictos de interés y de sospechas de mala conducta, y la comunicación con autores y revisores [2]. Otros trabajos refuerzan la idea de que las funciones del editor exigen un conjunto sofisticado de conocimientos en metodología, ética, gestión editorial y comunicación que rara vez se adquiere mediante formación estructurada y que la mayoría de editores han aprendido con el ejercicio diario en el puesto [6, 11-13].

Editores de distintas disciplinas reconocen retrospectivamente que han debido elevar criterios de calidad, sistematizar el rechazo editorial y reforzar la formalización de la revisión externa debido al aumento del volumen de manuscritos y a las exigencias de transparencia y ciencia abierta [6, 11, 14-17].

2. LOS EDITORES COMO DECISORES ÚLTIMOS

La decisión sobre la publicación de un artículo es del editor con el asesoramiento de los revisores, en esto el consenso es claro [4]. Las decisiones incorporan no solo los informes recibidos de los revisores, sino también el juicio del editor, las respuestas de los autores, la carga de trabajo de la revista, los objetivos estratégicos, el perfil de lectores y las consideraciones del editor jefe o la editorial [4, 9, 11].

Los editores realizan otras funciones, además de las administrativas. Deben valorar la competencia y posibles sesgos de los revisores, resolver discrepancias, solicitar opiniones adicionales y traducir los informes a una carta de decisión que suele seleccionar y jerarquizar los comentarios que se trasladan a los autores [3, 4, 9].

3. PUNTOS DE CONTROL EDITORIAL EN LA REVISIÓN POR PARES

En el PE se identifican varios nodos de control editorial con efectos directos sobre la decisión de publicar un artículo o informe de investigación (Tabla 1, Anexo 1). En estos puntos con frecuencia se cometen errores.

• Cribado inicial y rechazo editorial: los manuscritos pueden ser rechazados en la primera evaluación por el editor sin revisión externa, basándose en juicios sobre novedad, interés para los lectores, adecuación al ámbito de la revista o calidad metodológica percibida [5, 8, 11, 17]. Este proceso suele ser poco transparente y se realiza con pleno conocimiento de la identidad, afiliación y trayectoria de los autores.

• Selección de revisores: los editores determinan quienes juzgarán el manuscrito. Estudios de caso sobre sistemas de gestión editorial (Editorial Management Systems, EMS) muestran que, aunque las plataformas sugieren revisores y monitorizan tiempos, los editores frecuentemente se apartan de las recomendaciones algorítmicas para preservar su propio criterio en la elección de expertos [5, 18].

• Instrucciones a los revisores: un estudio que comparó prioridades de revisores de ensayos clínicos con las tareas que los editores les solicitaban documentó una discordancia notable ya que los revisores consideraron prioritarios la evaluación del riesgo de sesgo, la estadística y la interpretación de resultados, pero solo una minoría de revistas pedía explícitamente valorar el riesgo de sesgo, en cambio, la tarea más enfatizada por las revistas era recomendar la aceptación o rechazo [19]. Entrevistas con editores revelan que, en muchos casos, la orientación a revisores es mínima o muy genérica, bajo la presunción de que ya saben revisar [3, 4].

Estos hallazgos sugieren que lo que los editores piden a los revisores moldea profundamente el contenido de la RP y, por extensión, la calidad metodológica y ética de lo publicado.

4. INTEGRIDAD, CONFLICTOS DE INTERÉS Y AUTOCONTROL INSUFICIENTE

Numerosos artículos normativos sitúan al PE como centinela de integridad, que debería detectar problemas de autoría, plagio, fabricación o falsificación de datos, conflictos de interés no declarados, falta de aprobación ética o de registro de ensayos [20-27]. Se esperaría, por tanto, que los editores contaran con marcos fuertes y fiables para gestionar sus propias fuentes de conflicto.

Sin embargo, un análisis de las políticas de conflictos de interés en 63 revistas de bioética mostró que solo el 19_% disponía de políticas explícitas para editores; la mayoría se centraba en autores, algunas en revisores, y confiaban casi exclusivamente en la declaración voluntaria sin mecanismos claros de gestión o sanción [28].

Un análisis sistemático sobre la autopublicación de editores reveló una gran heterogeneidad en esta conducta, destacando la existencia de revistas con elevados niveles de autopublicación. Aunque la evidencia sobre la falta de rigor en la revisión es escasa, se recomienda que los editores con mayor autoridad se abstengan de publicar en sus propias revistas o cumplan rigurosamente protocolos de transparencia y recusación total al gestionar sus propios trabajos [29].

Diversos ensayos críticos señalan que los editores constituyen un grupo reducido con vínculos personales y profesionales estrechos, lo que podría favorecer prácticas como el amiguismo, el nepotismo o la denominada corrupción editorial en ausencia de declaraciones públicas y detalladas de conflictos de interés editoriales [30-34].

El acoso editorial hace referencia a los comportamientos inapropiados de los editores, como decisiones arbitrarias o la censura de trabajos disidentes, lo que impacta negativamente la integridad y la percepción de justicia en el PE [35].

Se ha argumentado que tanto editoriales como revistas legítimas podrían beneficiarse en términos de prestigio y rentabilidad económica a partir de la publicación de artículos erróneos o incluso fraudulentos, debido al impacto en citaciones, suscripciones y tarifas por procesamiento de artículos (APCs). Esta situación puede generar incentivos insuficientes para la retractación de trabajos problemáticos [36].

5. TRANSPARENCIA, MODELOS DE REVISIÓN Y CIENCIA ABIERTA

El modelo de la RP (simple ciega -los revisores conocen la identidad de los autores-, doble ciega -los revisores desconocen la identidad de los autores-, abierta -revisores y autores conocen mutuamente sus identidades-) y el grado de apertura (publicación de informes, firmas de revisores, disponibilidad de datos y protocolos) dependen en gran medida de decisiones editoriales y de sus editoriales comerciales o sociedades científicas [7, 26, 27, 37].

Editores de diferentes áreas valoran la RP doble ciega como estándar ético ideal, pero con reservas sobre su viabilidad práctica. Otros prefieren la RP simple ciega por motivos de eficiencia y de selección de revisores, pese al riesgo de sesgos por prestigio institucional o geográfico [3, 4, 37]. La adopción de modelos de revisión abierta y de publicación de informes es desigual y a menudo condicionada por consideraciones de reputación, costes y demanda percibida de autores y lectores [7, 26, 27].

Los principios de transparencia y mejores prácticas en la publicación académica (Principles of Transparency and Best Practice in Scholarly Publishing) diseñados por organizaciones como COPE (publicationethics.org), DOAJ (doaj.org), OASPA (oaspa.org) y WAME (wame.org) [1] y otros marcos recomiendan que las revistas detallen quién toma las decisiones finales, qué se revisa y bajo qué modelo, qué tiempos se manejan y qué excepciones existen [27]. Al mismo tiempo, análisis críticos advierten contra la excepcionalidad ética, referido a la proliferación de normas y sellos de buenas prácticas que generan apariencia de integridad sin garantías de cumplimiento efectivo [34, 36].

6. DINÁMICAS DE PODER, SESGO Y EQUIDAD

La literatura revisada nos orienta a que estamos asistiendo a un giro importante de considerar a los editores como árbitros más o menos neutrales a analizarlos como agentes con intereses, capaces tanto de mitigar como de amplificar desigualdades y sesgos [8, 10, 30, 31, 34-36, 38, 39].

A partir de lo expuesto concluimos que la optimización del proceso de RP requiere no solo fortalecer las competencias de los revisores, sino también incluir mejoras en el ejercicio de los editores. Los hallazgos presentados no desacreditan el sistema de RP y sí ponen en tela de juicio la noción de que la solución radica únicamente en disponer de mejores revisores. La evidencia sugiere que la estructura editorial —definida por quién toma las decisiones, los incentivos que existen y los mecanismos de control establecidos— resulta tan relevante como la calidad de los informes externos.

DISCUSIÓN Y PERSPECTIVAS

IMPLICACIONES PARA LA PRÁCTICA EDITORIAL Y LA CONFIANZA PÚBLICA

Cada decisión editorial —rechazo inicial, elegir determinados revisores, modular el tono de una carta de decisión, demorar o evitar una retractación— tiene consecuencias potenciales sobre qué evidencia se incorpora a guías clínicas, metaanálisis o políticas sanitarias. Escándalos como la publicación y posterior retractación de estudios influyentes con fallos metodológicos graves o datos dudosos han mostrado que los errores editoriales no son meramente procedimentales y que erosionan la confianza social en la ciencia y en las instituciones biomédicas [22, 26, 36, 40].

Si los editores aspiran a mantener su papel como custodios de la credibilidad científica, resulta ineludible reforzar tanto su capacidad técnica como su responsabilidad ética y social.

HACIA UNA FUNCIÓN EDITORIAL BASADA EN DATOS

El análisis de datos generados por los propios sistemas de gestión editorial (tiempos de decisión, patrones de invitación a revisores, tasas de rechazo por tipo de estudio, distribución geográfica de autores) abre la puerta a una verdadera ciencia editorial, en la que las prácticas editoriales se estudien con el mismo rigor que se exige a los autores [5, 7, 41].

Estos datos podrían emplearse para:

• Detectar patrones de sesgo (por país, institución, género, temática).

• Evaluar el impacto de intervenciones (p. ej., formación en riesgo de sesgo, cambios en las instrucciones a revisores, adopción de revisión abierta).

• Monitorizar coherencia y equidad entre editores dentro de una misma revista o grupo editorial.

No obstante, el uso de herramientas algorítmicas para apoyar decisiones (por ejemplo, en la selección de revisores o el cribado inicial) debe ir acompañado de salvaguardas que eviten codificar y amplificar sesgos existentes, manteniendo siempre la responsabilidad última bajo supervisión humana [5, 18, 41].

PROFESIONALIZACIÓN Y CERTIFICACIÓN DE EDITORES

Sobre la base de marcos de competencias ya existentes [2, 11-13], las sociedades científicas y asociaciones de editores podrían desarrollar programas de formación acreditados y certificación que incluyan, además de contenidos metodológicos y de ética contenidos sobre:

• Reconocimiento y mitigación de sesgos cognitivos y estructurales.

• Gestión de conflictos de interés propios y ajenos.

• Comunicación transparente y constructiva con autores y revisores.

• Manejo de conflictos de mala conducta y quejas sobre el comportamiento editorial [20, 30, 31, 34, 35].

Tal profesionalización no eliminará completamente las tensiones inherentes, pero puede reducir la variabilidad entre revistas y dotar a los editores de herramientas para ejercer sus funciones de forma más objetiva y responsable.

GESTIÓN DE LOS CONFLICTOS DE INTERÉS (COI) EDITORIALES

Los datos disponibles justifican adoptar medidas más objetivas y uniformes en materia de COI editoriales que faciliten una infraestructura de confianza, como pueden ser:

• Declaraciones públicas, detalladas y actualizadas de COI por parte de todos los miembros del equipo editorial, accesibles desde la web de la revista [28, 30-33].

• Protocolos transparentes y auditables para el manejo de manuscritos enviados por editores o miembros del consejo, que incluyan recusación total del autor editor, designación de un editor externo independiente y, preferiblemente, publicación de una nota sobre el proceso seguido [28, 30-33].

• Mecanismos externos de supervisión, ya sea mediante órganos entre revistas o instancias independientes, capaces de recibir y evaluar quejas sobre comportamientos editoriales abusivos o sistemáticamente sesgados [30, 34, 36].

INTEGRACIÓN DE COMPROMISOS DE DIVERSIDAD, EQUIDAD E INCLUSIÓN Y REVISIÓN CRÍTICA DE LOS CRITERIOS DE IMPACTO

Los compromisos recientes en materia de diversidad, equidad e inclusión ofrecen un marco concreto para revisar criterios tradicionales de interés para los lectores o impacto científico, que en la práctica han funcionado a menudo como filtros de exclusión para trabajos de regiones, instituciones o enfoques menos hegemónicos [10, 38, 39]. La equidad debe asumirse como dimensión constitutiva de la calidad y la integridad del corpus biomédico.

Acciones específicas bajo control editorial incluyen:

• Diversificar consejos editoriales y paneles de revisores en términos geográficos, de género, etapa de carrera y orientación metodológica.

• Monitorizar y publicar indicadores de diversidad en autores, revisores y editores.

• Revisar políticas de adecuación temática que puedan estar excluyendo sistemáticamente problemas relevantes en contextos de renta baja o media.

CONCLUSIONES

Los editores de revistas biomédicas tienen un papel clave en la revisión por pares, aunque han sido poco valorados.

Sus decisiones impactan significativamente, y suelen operar sin criterios estandarizados ni mecanismos homogéneos de responsabilidad explícita.

Para mantener la legitimidad de la revisión por pares, es necesario exigir a los editores los mismos estándares de transparencia y rigor que se aplican a los estudios publicados.

La rendición de cuentas es la obligación de cada participante en el proceso científico y editorial de asumir la responsabilidad por sus acciones, decisiones y contribuciones, garantizando transparencia, justificación y trazabilidad, y aceptando las consecuencias derivadas de posibles errores éticos, metodológicos o procedimentales.

Es necesario definir y requerir una formación y certificación profesional específica para los editores, así como desarrollar sistemas para gestionar conflictos de interés y las autopublicaciones.

Además, es necesario promover una ciencia editorial fundamentada tanto en datos cuantitativos como cualitativos, e integrar la transparencia, la integridad y la diversidad como pilares de la calidad editorial.

En síntesis, quienes supervisan la revisión por pares también deben ser evaluados bajo criterios basados en evidencia y gobernanza estructurada, para asegurar procesos editoriales justos, transparentes y responsables.

Con estas intenciones iniciamos el nuevo año editorial y como siempre agradecemos a los autores, revisores, editores y maquetadores su trabajo orientado a facilitar la difusión de conocimiento en el ámbito de Revista ORL e invitamos a quienes quieran colaborar a participar activamente en este proyecto.

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ANEXO 1

Tabla 1. Fases del proceso editorial (PE) y puntos de control editoriales [3-5,11,12,17,18,20-25,28,30,31,38,42].

Fase del PE

Definición operativa

Punto de control editorial

Decisiones editoriales críticas

Riesgos y fallos documentados

1. Fase de entrada

Comprobaciones para cumplir requisitos formales, administrativos y éticos: COI, aprobación ética, registro y control antiplagio.

Cumplimiento formal y ético

Determinar qué faltas pueden corregirse o requieren rechazo inmediato, así como el grado de exigencia en la revisión ética.

Aplicación desigual de requisitos; confianza excesiva en declaraciones voluntarias; detección tardía de problemas éticos.

2. Cribado editorial

Decidir si enviar el manuscrito a revisión externa o rechazarlo, según su relevancia, originalidad y calidad metodológica.

Acceso al sistema de revisión

Interpretación de novedad e interés; balance entre calidad científica y estrategia editorial.

Opacidad del proceso; sesgos por prestigio, afiliación o procedencia; rechazo no auditado.

3. Selección y encargo de revisores

Identificación, invitación e instrucción de revisores considerando experiencia, conflictos de interés y criterios editoriales.

Quién evalúa el manuscrito

Selección de comunidades epistémicas, recomendaciones algorítmicas y variedad de revisores.

Endogamia disciplinar; redes cerradas; exclusión de perspectivas críticas.

4. Revisión por pares

Revisión externa del manuscrito por expertos según criterios de metodología, resultados, relevancia y ética.

Qué se evalúa (control indirecto)

Especifica las dimensiones a evaluar y destaca la relevancia de la metodología, la estadística y la recomendación final.

Discordancia entre prioridades de revisores y solicitudes editoriales; foco excesivo en aceptación/rechazo.

5. Síntesis editorial y primera decisión

Integración, jerarquización e interetación de los informes de revisión para emitir la primera decisión editorial.

Traducción del juicio experto

Selección y valoración de comentarios; resolución de discrepancias; importancia del criterio editorial.

Arbitrariedad en la síntesis; falta de trazabilidad entre informes y decisión final.

6. Rondas de revisión y reenvío

Ciclos iterativos de respuesta de autores y reevaluación editorial, con o sin nueva consulta a revisores.

Umbral de suficiencia y persistencia

Determinar si las respuestas bastan, pedir más o enviar a revisión externa.

Inconsistencia intraeditorial; negociación implícita del estándar de calidad; fatiga de autores y revisores.

7. Aceptación y producción

Tras la aceptación, se corrige el estilo, se maqueta, se revisa con pruebas de autor y se publica formalmente con DOI.

Cierre editorial del proceso

Priorización de publicación; gestión de alertas tardías; validación final del registro científico.

Presión por plazos o métricas; problemas al final ignorados.

8. Fase postpublicación

Después de publicar, se realiza la difusión, la revisión posterior y la gestión de correcciones, advertencias o retractaciones.

Corrección del registro científico

Intervenir oportunamente, ser transparente y manejar conflictos de reputación.

Incentivos insuficientes para retractar; retrasos; impacto negativo en la confianza pública.