Cuatro aspectos de la historiografía renacentista

Baltasar CUART MONER

Resumen


Nada fue tan caro a humanistas y otro tipo de escritores de la época renacentista como el cultivo de la historia, si exceptuamos su afán, convertido en auténtica obsesión, por escribir múltiples tratados de dignitate hominis, que se desgranan desde fines del s. XIV hasta bien entrado el s. XVI, cuando el Renacimiento y el Humanismo ya estaban poniendo en cuestión muchos de sus presupuestos de partida. Nada es, por otra parte, más lógico. En una época en la que la individualidad equivalía al individualismo y la fuerza motriz de éste era el egoísmo de la creatividad, el triunfo de la obra del individuo más que el de su propia particularidad, como señaló en su día Agnes Heller1, la puesta en escena ante el espectador, o ante el lector, de las excelencias de la dignitas hominum en el pasado, continuadas ahora por sus más eximios descendientes, constituía una manera excelente, de gran sentido didáctico y de total eficacia propagandística de los nuevos valores que enmarcaban al nuevo arquetipo humano. También constituía, sin embargo, un pretexto inexcusable para otros fines más inmediatos.

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