La cuestión de Flandes (siglos XVI y XVII)

Manuel FERNÁNDEZ ÁLVAREZ

Resumen


La política exterior española bajo los Austrias está presidida por el signo de haber alcanzado la supremacía en la Europa Occidental. Esto es, la preocupación máxima será, hasta bien entrado el reinado de Felipe IV —hasta 1640 o hasta 1648— mantener dicha supremacía. Es como una cota que una vez alcanzada, no se quiere perder. Una situación de privilegio que se justifica con ciertas obligaciones religiosas (la vinculación a Roma) o europeístas (la defensa frente al Turco). Durante cerca de siglo y medio la fórmula, bien servida por un cuerpo diplomático hábil y por una máquina militar de primer orden, dará resultados bastante satisfactorios, con algún que otro grave traspiés (1541: desastre de Argel; 1588: la Armada Invencible). Lo notable es que desde el principio hasta el fin, desde 1516 en que Carlos, señor del círculo de Borgoña se convierte en monarca de España, hasta 1714, en que la paz de Utrecht transmite los Países Bajos meridionales a la Corte de Viena, la cuestión de Flandes tendrá siempre una importancia de primer orden, dentro de esa política exterior de la Monarquía Católica.

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