Nobleza e iglesias propias en la Cantabria alto-medieval

María Isabel LORING GARCÍA

Resumen


La documentación altomedieval cántabra, o mejor de Liébana, Asturias de Santillana y Trasmiera, ofrece innumerables ejemplos de donaciones totales o parciales de iglesias a los monasterios de la región, de lo que se desprende que los donantes, en su mayoría laicos, eran propietarios de las mismas. Nos hallamos, por tanto, ante un fenómeno que con mayor o menor acierto se viene designando con la expresión de «iglesias propias», institución típicamente medieval que se caracteriza por el hecho de que la iglesia junto con sus bienes forma una unidad indisoluble dentro del patrimonio del fundador o del de sus descendientes. Estos pueden enajenarlas mediante cualquier negocio jurídico, designar el clero que la sirva y percibir todos o al menos parte de los ingresos producidos. Esta institución remonta sus orígenes al Bajo Imperio, concretamente es resultado de la cristianización del medio rural, donde por regla general las iglesias eran levantadas por los propietarios territoriales en sus dominios pasando a constituir una dependencia más de los mismos.

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