La difusión del cristianismo en los medios rurales de la Península Ibérica a fines del Imperio Romano

María Isabel LORING GARCÍA

Resumen


El edicto de Milán abre un período de la historia del Imperio Romano que se caracteriza por la progresiva identificación entre el Estado y la iglesia cristiana. Esta de perseguida se convierte primero en tolerada, con una situación similar a la de las restantes religiones, y muy pronto en una iglesia protegida por los emperadores que,no fardará en llegar a ser la religión oficial del Imperio y que terminará excluyendo a todas las demás. Esta transformación afectará a toda la sociedad y acelerará el proceso cristianizador. A continuación estudiaremos algunos aspectos del mismo en la Península, poniendo especial atención a la cristianización del mundo rural y algunos rasgos significativos de su organización eclesiástica. La desigual implantación que presentaba la religión cristiana en la Península a comienzos del siglo iv quedará, en parte, superada a fines de esa misma centuria y comienzos de la siguiente. Fundamentalmente, porque regiones de la Hispania romana que presentaban un menor índice de urbanización y que habían quedado marginadas del proceso de cristianización en un primer momento comenzarán, por entonces, a incorporarse al mismo. Dos son los principales exponentes del alcance logrado por el cristianismo en este nuevo período, por una parte, la difusión de un movimiento religioso calificado de herético, el priscilianismo, que alcanzó su máxima repercusión en las regiones noroccidentales de la Península, y, por otra, la aparición de las primeras iglesias rurales.

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